Bienvenido a mi mundo

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gracias por la imagen a Germán Banchio
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martes, 9 de septiembre de 2014

La reconstrucción (Juan Taratuto, 2013)

Hay quienes acusan al cine argentino de ser lento. Y es verdad. Esta excelente película de Juan Taratuto es lenta. Es todo lo lenta que es necesario para que el espectador y los personajes puedan aprehender sobre su reacción frente a la muerte.
Desde el comienzo vemos a un exasperado Eduardo en la magnífica composición que nos brinda Diego Peretti, pelear con la gente, vivir en el desorden más absoluto, romper la ventanilla de su camioneta.
Claro que todavía no sabemos cuáles son los sentimientos que lo movilizan de esa manera.
En unas vacaciones forzadas emprende un viaje por la magia de Tierra del Fuego, hacia la ciudad de las maravillas, Ushuaia.
No sabemos porqué, va a visitar a un amigo que vive con su familia, a devolverle una caja con útiles para la pesca.
El amigo, un correcto Alfredo Casero, le pide un favor, tiene que internarse por unos días y quiere que le atienda el negocio.
Eduardo, que casi no habla, vive como ausente, asiente al pedido del amigo.
De buenas a primeras debe hacerse cargo no solo del negocio, sino de la familia del amigo. Su mujer, en la dúctil interpretación de Claudia Fontán, solo útil para las tareas de la casa y sus hijas, perdidas en la adolescencia.
Y es de a poco, como se inicia la reconstrucción.
No puedo contar más sin develar la trama de la película.
La fotografía, de Nico Hardy, es realmente excelente. Claro que los paisajes de Ushuaia se prestan para la belleza, pero también los interiores y hasta los primeros planos en la clínica son raras avis de la belleza fotográfica.
También la música, de Iván Wyszogrod, está absolutamente integrada con el ritmo de la película.
Y Juan Taratuto, que sabe hacia donde quiere conducir al espectador y a sus personajes, los hace remar en el mar tempestuoso de los sentimientos más peligrosos, los que se guardan.
Es una película indicada para espectadores sensibles y no ansiosos. Para disfrutar como un chocolate amargo.
"Cuando me vaya" de Iván Wyszogrod
Ocho puntos para esta excelente película argentina.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Wakolda (Lucía Puenzo, 2013)

No es un secreto, en los primeros minutos de la película ya se sabe que Josef Mengele, uno de los criminales de guerra nazis más violentos, es el alemán que sigue a esta familia por los caminos de la Patagonia con rumbo a Bariloche.
El argumento de la película gira en torno a Lilith (extraordinario debut en el cine de Florencia Bado) y sus padres, Eva (una magnífica Natalia Oreiro) y Enzo (un correctísimo Diego Peretti), pero el fantasma que ronda en toda la película es el de Josef Mengele, una estupenda actuación de Alex Brendemühl.
Los dibujos que cubren las hojas de su cuaderno son notas amenazantes desde el mismo comienzo de la película.
Lilith ingresa a un colegio alemán de la ciudad de Bariloche, donde algunos de sus profesores y alumnos forman parte de una sociedad de protección a los criminales nazis refugiados en Argentina.
Este submundo de partidarios nazis es mucho más amenazante para el espectador que la presencia de Josef Mengele.
Elena Roger, personifica a Nora Edloc, una caza nazis que infiltrada en el mismo colegio, reúne información acerca de los criminales en Argentina.
Como Lilith sufre un retraso en su crecimiento, Mengele promete a la madre hacerla desarrollar y a su vez la utiliza como objeto de sus experimentos.
Hay que felicitar el excelente trabajo de dirección de Lucía Puenzo, porque con todos estos datos, la película podría convertirse en un thriller demoníaco. Pero no. La tensión dramática está más bien contenida, como los paisajes montañosos con lagos de ensueños y va desarrollándose con naturalidad y falta de enjuiciamiento moral.
Es una película de la cual no hay ni un minuto que esté de más y donde el ritmo cinematográfico es lo suficientemente tranquilo como para poder absorver los datos reales sin caer en la exasperación.
Ocho puntos para esta excelente obra cinematográfica.