"Los teníamos olvidados más allá de las montañas. Desde la noche de los tiempos... los judíos etíopes
fueron llamados falashas y debían volver a su lugar de origen, a Tierra Santa, a Jerusalén."
"La repatriación comenzó a partir de 1984 y duró hasta 1985, cuando se reconoció que descendían
del rey Salomón y de la reina de Saba."
"La operación fue organizada por el Mossad, el servicio secreto israelí. Los falashas dejaron Etiopía a escondidas del régimen prosoviético de Mengistu, que les prohibía emigrar y cruzaron las montañas a pie hasta los campamentos de Sudán. En el camino, miles de ellos murieron por enfermedades, de hambre o por las armas."
"En los años 80, también miles de africanos se desplazaron hasta los campamentos en Sudán. Eran cristianos, musulmanes y judíos clandestinos. Esta operación secreta se llamó “Operación Moisés”. Ocho mil judíos etíopes fueron salvados. Cuatro mil encontraron la muerte entre Etiopía y Sudán."
"Asesinados, torturados, muertos de hambre, de sed o de agotamiento. Muchos niños quedaron solos o huérfanos."
Esta es la introducción a la epopeya fílmica de Radu Mihaileanu sobre una madre etíope cristiana, refugiada en el campamento, que para salvar a su hijo sobreviviente, lo hace pasar por el hijo judío muerto esa misma noche, para así ser expatriado a Israel, sabiendo que probablemente, nunca más lo vuelva a ver.
Las dificultades que va a tener que afrontar el niño en una sociedad judía blanca, por ser segregado y menospreciado por su condición de negro. Hasta que finalmente es adoptado por una pareja de judíos de origen francés, Yael (Yael Abecassis) y Yoram (Roschdy Zem) con ideas de izquierda, que ya tienen otros dos hijos, pero quieren firmemente adoptar a un etíope.
Los conflictos se van a desatar para los padres y el niño, ahora llamado Sholom (Salomón), por el odio racial de las familias de la escuela a la que concurre.
Pero Sholom (Moshe Agazai, de niño y Moshe Abebe de adolescente) es un niño muy inteligente, sus maestros así lo reconocen y, poco a poco, va haciéndose un lugar en su familia adoptiva y en la sociedad que lo rodea.
Un día ve por televisión a un rabino etíope, Qes Amara (Yitzhak Edgar), diciendo un inflamado discurso en defensa de los judíos etíopes que en todas partes de Israel son marginados y decide ir a pedirle que escriba una carta en amhárico a su nombre para su madre, que ha quedado en el campamento de Sudán.
Entre el adolescente y el anciano se establece una amistad muy entrañable.
También inicia una relación amorosa, no declarada, con Sara (Roni Hadar), cuyo padre le ha prohibido que se acerque siquiera a su hija.
Ya de adulto, ante la negativa de Sholom (Sirak M. Sabahat) a entrar en el ejército israelí, sus padres adoptivos lo envían a Francia a estudiar medicina.
Desde la guerra de Kuwait, la situación política se ha puesto al rojo vivo en Israel y es conveniente sacar a Sholom del medio.
La única idea que mueve a Sholom es regresar a ver a su madre al campamento de Sudán, aunque élla se lo prohibió explícitamente. De vuelta de Francia con su título de médico, entra en el ejército y es herido. En el hospital, Yael le dice que tiene que aceptar que ama a Sara.
Sholom y Sara se casan, con la prohibición y ausencia de los padres de élla. Qes Amara le advierte que debe contarle toda la verdad esa noche, pero Sholom no se atreve.
Como verán es una historia llena de sentimientos y emociones encontradas. No voy a seguir contando el argumento así pueden disfrutar cuando la vean. No se van a arrepentir y hasta puede ser que una lágrima dejen caer con la trágica historia de Sholom.
Trailer
Una de las tantas historias de nuestra desolada humanidad para la que solo cuentan el dinero, los placeres, el sexo y las drogas, olvidándose de cuánto dolor verdaderamente humano hay en el mundo.
Diez puntos sobre diez para "Ser digno de ser", una película digna de ser sin lugar a dudas.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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martes, 2 de diciembre de 2014
martes, 4 de febrero de 2014
El tren de la vida (Radu Mihaileanu, 1998)
Cuando la película termina, uno queda azorado. Y esto es lo más que una película puede llegar a transmitir. El asombro, el desconcierto, el no saber si reir o llorar.
En el año 1941, a un pueblito judío de europa central, el loco del pueblo trae la noticia que los nazis están deportando a todos los judíos de Europa. El consejo reunido no sabe cómo afrontar la situación, pero es el loco quien plantea la solución. Armar un tren propio de deportación, con soldados alemanes propios portando una orden de deportación falsa y llevar a todo el pueblo a Palestina, a Tierra Santa.
Un chico pregunta: porqué la tierra es santa en un sólo lugar.
Esta es una de las preguntas con las que el director nos va a bombardear durante el desarrollo de la película.
Tiene momentos muy emotivos y apela a la comedia sobre la variabilidad del género humano, donde cada uno busca salvar su cabeza aunque deba dejar de lado a los demás.
Sin embargo hay algo en el planteo de la película que conmueve. El esfuerzo de todo ese pueblo para irse, para seguir adelante, para dejar la vieja europa encallecida y opresiva.
Son numerosas las vicisitudes por las que este "Tren de la vida" va a pasar en su camino hacia la esperada libertad y para cada una de éllas el director plantea imaginativamente una salida plausible.
De como los que se visten de soldados nazis se vuelven nazis y otros en comunistas. Como todos están listos para sabotear el proyecto a pesar de éllos mismos.
En su camino el tren va a esquivar a las tropas nazis atravesando las praderas centro-europeas y en esa huída está la clave de la emoción que nos invade. Es posible escapar de la iniquidad, del sometimiento a la maldad del género humano. Todas estas preguntas no están planteadas abiertamente en la película. Surgen como consecuencia de los hechos que acontecen.
Un gran director rumano, Radu Mihaileanu, lleva con su mano cariñosamente esta película adelante y la deja ante nuestra vista para que cada uno de nosotros evalúe su propio "Tren de la vida".
La música de Goran Bregovic
Nueve puntos sobre diez es mi calificación.
En el año 1941, a un pueblito judío de europa central, el loco del pueblo trae la noticia que los nazis están deportando a todos los judíos de Europa. El consejo reunido no sabe cómo afrontar la situación, pero es el loco quien plantea la solución. Armar un tren propio de deportación, con soldados alemanes propios portando una orden de deportación falsa y llevar a todo el pueblo a Palestina, a Tierra Santa.
Un chico pregunta: porqué la tierra es santa en un sólo lugar.
Esta es una de las preguntas con las que el director nos va a bombardear durante el desarrollo de la película.
Tiene momentos muy emotivos y apela a la comedia sobre la variabilidad del género humano, donde cada uno busca salvar su cabeza aunque deba dejar de lado a los demás.
Sin embargo hay algo en el planteo de la película que conmueve. El esfuerzo de todo ese pueblo para irse, para seguir adelante, para dejar la vieja europa encallecida y opresiva.
Son numerosas las vicisitudes por las que este "Tren de la vida" va a pasar en su camino hacia la esperada libertad y para cada una de éllas el director plantea imaginativamente una salida plausible.
De como los que se visten de soldados nazis se vuelven nazis y otros en comunistas. Como todos están listos para sabotear el proyecto a pesar de éllos mismos.
En su camino el tren va a esquivar a las tropas nazis atravesando las praderas centro-europeas y en esa huída está la clave de la emoción que nos invade. Es posible escapar de la iniquidad, del sometimiento a la maldad del género humano. Todas estas preguntas no están planteadas abiertamente en la película. Surgen como consecuencia de los hechos que acontecen.
Un gran director rumano, Radu Mihaileanu, lleva con su mano cariñosamente esta película adelante y la deja ante nuestra vista para que cada uno de nosotros evalúe su propio "Tren de la vida".
La música de Goran Bregovic
Nueve puntos sobre diez es mi calificación.
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