Los distribuidores de películas son muy poco creativos a la hora de elegir el título con que un film será presentado. Así es como "Dancing arabs" (Árabes bailando) se ha transformado en "Mis hijos". Dejemos de lado el no-sentido del cambio de título y sigamos adelante.
Dirigido por Eran Riklis, quien nos descubrió un aspecto desconocido de la mentalidad rascista de los israelíes con su película "Los limoneros", reincide con el tema, esta vez a través de la novela "Dancing arabs" de Sayed Kashua, quien también es el autor del guión. Escritor y periodista árabe israelí que escribe y publica en hebreo. Estudió sociología y filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén y trabaja como columnista para el Haaretz.
En el argumento se describe la historia de Eyad (Razi Gabareen de chico y Tawfeek Barhorn de adulto), un muchacho palestino de la ciudad de Tira, en Israel. Por su gran capacidad intelectual, Eyad es aceptado en un prestigioso instituto israelí en Jerusalén, así que debe dejar a su familia, su padre Salah (Ali Suliman), quien a pesar de haber estudiado en la universidad es recolector de fruta como consecuencia por haber actuado en manifestaciones políticas, su madre Fahima (Laetitia Eido) quien lo quiere con locura, sus hermanos y su querida abuela Aisha (Marlene Bajali) quien le hace prometer que el día que muera sea envuelta con una mortaja traída de La Meca.
Así es. Como los árabes son ciudadanos de segunda clase en Israel. Un ejemplo, buscando trabajo en restaurantes de Jerusalén no lo aceptan como mozo por ser árabe, solo como lavaplatos.
Naturalmente, aunque su desempeño en el colegio es bueno, es foco de agresiones y burlas de parte de sus compañeros israelíes. Sin embargo, por participar de un trabajo comunitario, conoce a Yonatan (Michael Moshonov) y a su madre Edna (Yael Abecassis). Yonatan sufre de una distrofia muscular progresiva que le va impidiendo moverse. A pesar de ser árabe, Eyad es bien aceptado por Yonatan, con quien comparte gustos musicales y al que introduce en el mundo de la música rock árabe. Y se hacen grandes amigos.
También conoce a Naomi (Daniel Kitsis), una inteligente compañera del instituto, de quien se enamora perdidamente. También Naomi está enamorada de Eyad, pero una vez le cuenta que le preguntó a su madre qué pensaría si le dijera que está enamorada de un árabe. La madre le contestó que "preferiría que me dijeras que eres lesbiana, drogadicta o incluso que tienes cáncer, pero nunca me digas que sales con un árabe".
El argumento se mueve en direcciones inesperadas y casi siempre mostrando la terrible segregación que hay en el pueblo israelí hacia los palestinos. Esto no convierte a la película en un panfleto de derechos humanos ni tampoco en un caos emocional, pero inevitablemente el espectador sensible va a ir acumulando la carga de cada uno de estos sinsentidos.
Es más, el conflicto representado en la película es válido para cualquier minoría segregada en sociedades con inclinaciones abiertamente rascistas, como lamentablemente cada vez más hay en nuestro pobre mundo.
Todos los aspectos técnicos, la música, la fotografía y las actuaciones son excelentes. El espectador no va a quedar defraudado por esta película.
Trailer
Indudablemente "Dancing arabs" merece los 10 puntos de mi calificación y espero que también a los espectadores les guste tanto como a mí.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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lunes, 1 de febrero de 2016
Mis hijos (Dancing arabs) (Eran Riklis, 2014) 🌟🌟🌟🌟🌟
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martes, 2 de diciembre de 2014
Ser digno de ser (Vas, vis et deviens) (Radu Mihaileanu, 2005) 🌟🌟🌟🌟🌟
"Los teníamos olvidados más allá de las montañas. Desde la noche de los tiempos... los judíos etíopes
fueron llamados falashas y debían volver a su lugar de origen, a Tierra Santa, a Jerusalén."
"La repatriación comenzó a partir de 1984 y duró hasta 1985, cuando se reconoció que descendían
del rey Salomón y de la reina de Saba."
"La operación fue organizada por el Mossad, el servicio secreto israelí. Los falashas dejaron Etiopía a escondidas del régimen prosoviético de Mengistu, que les prohibía emigrar y cruzaron las montañas a pie hasta los campamentos de Sudán. En el camino, miles de ellos murieron por enfermedades, de hambre o por las armas."
"En los años 80, también miles de africanos se desplazaron hasta los campamentos en Sudán. Eran cristianos, musulmanes y judíos clandestinos. Esta operación secreta se llamó “Operación Moisés”. Ocho mil judíos etíopes fueron salvados. Cuatro mil encontraron la muerte entre Etiopía y Sudán."
"Asesinados, torturados, muertos de hambre, de sed o de agotamiento. Muchos niños quedaron solos o huérfanos."
Esta es la introducción a la epopeya fílmica de Radu Mihaileanu sobre una madre etíope cristiana, refugiada en el campamento, que para salvar a su hijo sobreviviente, lo hace pasar por el hijo judío muerto esa misma noche, para así ser expatriado a Israel, sabiendo que probablemente, nunca más lo vuelva a ver.
Las dificultades que va a tener que afrontar el niño en una sociedad judía blanca, por ser segregado y menospreciado por su condición de negro. Hasta que finalmente es adoptado por una pareja de judíos de origen francés, Yael (Yael Abecassis) y Yoram (Roschdy Zem) con ideas de izquierda, que ya tienen otros dos hijos, pero quieren firmemente adoptar a un etíope.
Los conflictos se van a desatar para los padres y el niño, ahora llamado Sholom (Salomón), por el odio racial de las familias de la escuela a la que concurre.
Pero Sholom (Moshe Agazai, de niño y Moshe Abebe de adolescente) es un niño muy inteligente, sus maestros así lo reconocen y, poco a poco, va haciéndose un lugar en su familia adoptiva y en la sociedad que lo rodea.
Un día ve por televisión a un rabino etíope, Qes Amara (Yitzhak Edgar), diciendo un inflamado discurso en defensa de los judíos etíopes que en todas partes de Israel son marginados y decide ir a pedirle que escriba una carta en amhárico a su nombre para su madre, que ha quedado en el campamento de Sudán.
Entre el adolescente y el anciano se establece una amistad muy entrañable.
También inicia una relación amorosa, no declarada, con Sara (Roni Hadar), cuyo padre le ha prohibido que se acerque siquiera a su hija.
Ya de adulto, ante la negativa de Sholom (Sirak M. Sabahat) a entrar en el ejército israelí, sus padres adoptivos lo envían a Francia a estudiar medicina.
Desde la guerra de Kuwait, la situación política se ha puesto al rojo vivo en Israel y es conveniente sacar a Sholom del medio.
La única idea que mueve a Sholom es regresar a ver a su madre al campamento de Sudán, aunque élla se lo prohibió explícitamente. De vuelta de Francia con su título de médico, entra en el ejército y es herido. En el hospital, Yael le dice que tiene que aceptar que ama a Sara.
Sholom y Sara se casan, con la prohibición y ausencia de los padres de élla. Qes Amara le advierte que debe contarle toda la verdad esa noche, pero Sholom no se atreve.
Como verán es una historia llena de sentimientos y emociones encontradas. No voy a seguir contando el argumento así pueden disfrutar cuando la vean. No se van a arrepentir y hasta puede ser que una lágrima dejen caer con la trágica historia de Sholom.
Trailer
Una de las tantas historias de nuestra desolada humanidad para la que solo cuentan el dinero, los placeres, el sexo y las drogas, olvidándose de cuánto dolor verdaderamente humano hay en el mundo.
Diez puntos sobre diez para "Ser digno de ser", una película digna de ser sin lugar a dudas.
fueron llamados falashas y debían volver a su lugar de origen, a Tierra Santa, a Jerusalén."
"La repatriación comenzó a partir de 1984 y duró hasta 1985, cuando se reconoció que descendían
del rey Salomón y de la reina de Saba."
"La operación fue organizada por el Mossad, el servicio secreto israelí. Los falashas dejaron Etiopía a escondidas del régimen prosoviético de Mengistu, que les prohibía emigrar y cruzaron las montañas a pie hasta los campamentos de Sudán. En el camino, miles de ellos murieron por enfermedades, de hambre o por las armas."
"En los años 80, también miles de africanos se desplazaron hasta los campamentos en Sudán. Eran cristianos, musulmanes y judíos clandestinos. Esta operación secreta se llamó “Operación Moisés”. Ocho mil judíos etíopes fueron salvados. Cuatro mil encontraron la muerte entre Etiopía y Sudán."
"Asesinados, torturados, muertos de hambre, de sed o de agotamiento. Muchos niños quedaron solos o huérfanos."
Esta es la introducción a la epopeya fílmica de Radu Mihaileanu sobre una madre etíope cristiana, refugiada en el campamento, que para salvar a su hijo sobreviviente, lo hace pasar por el hijo judío muerto esa misma noche, para así ser expatriado a Israel, sabiendo que probablemente, nunca más lo vuelva a ver.
Las dificultades que va a tener que afrontar el niño en una sociedad judía blanca, por ser segregado y menospreciado por su condición de negro. Hasta que finalmente es adoptado por una pareja de judíos de origen francés, Yael (Yael Abecassis) y Yoram (Roschdy Zem) con ideas de izquierda, que ya tienen otros dos hijos, pero quieren firmemente adoptar a un etíope.
Los conflictos se van a desatar para los padres y el niño, ahora llamado Sholom (Salomón), por el odio racial de las familias de la escuela a la que concurre.
Pero Sholom (Moshe Agazai, de niño y Moshe Abebe de adolescente) es un niño muy inteligente, sus maestros así lo reconocen y, poco a poco, va haciéndose un lugar en su familia adoptiva y en la sociedad que lo rodea.
Un día ve por televisión a un rabino etíope, Qes Amara (Yitzhak Edgar), diciendo un inflamado discurso en defensa de los judíos etíopes que en todas partes de Israel son marginados y decide ir a pedirle que escriba una carta en amhárico a su nombre para su madre, que ha quedado en el campamento de Sudán.
Entre el adolescente y el anciano se establece una amistad muy entrañable.
También inicia una relación amorosa, no declarada, con Sara (Roni Hadar), cuyo padre le ha prohibido que se acerque siquiera a su hija.
Ya de adulto, ante la negativa de Sholom (Sirak M. Sabahat) a entrar en el ejército israelí, sus padres adoptivos lo envían a Francia a estudiar medicina.
Desde la guerra de Kuwait, la situación política se ha puesto al rojo vivo en Israel y es conveniente sacar a Sholom del medio.
La única idea que mueve a Sholom es regresar a ver a su madre al campamento de Sudán, aunque élla se lo prohibió explícitamente. De vuelta de Francia con su título de médico, entra en el ejército y es herido. En el hospital, Yael le dice que tiene que aceptar que ama a Sara.
Sholom y Sara se casan, con la prohibición y ausencia de los padres de élla. Qes Amara le advierte que debe contarle toda la verdad esa noche, pero Sholom no se atreve.
Como verán es una historia llena de sentimientos y emociones encontradas. No voy a seguir contando el argumento así pueden disfrutar cuando la vean. No se van a arrepentir y hasta puede ser que una lágrima dejen caer con la trágica historia de Sholom.
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Una de las tantas historias de nuestra desolada humanidad para la que solo cuentan el dinero, los placeres, el sexo y las drogas, olvidándose de cuánto dolor verdaderamente humano hay en el mundo.
Diez puntos sobre diez para "Ser digno de ser", una película digna de ser sin lugar a dudas.
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2005,
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