Ken Russell es uno de los más brillantes directores cinematográficos ingleses. Con él el cine inglés conoce el destape y empieza a hablar de sexo y de otros tabúes que tenían amordazada la creatividad fílmica inglesa.
Ya en 1970, en "La otra cara del amor" se había atrevido a abordar el tema de la homosexualidad de Tchaikovsky con todas las letras teniendo como intérpretes a Richard Chamberlain y Glenda Jackson.
En 1971 pone en pantalla una de las obras maestras del arte político. "Los demonios", basada en la novela histórica de Aldous Huxley, "Los demonios de Loudun", donde la hipocresía de la religión al servicio de la política queda al desnudo. Como puede la opinión pública desbordarse en una crisis histérica cuando es llevada por los líderes religiosos y políticos. Con dos intérpretes excepcionales: Vanessa Redgrave y Oliver Reed.
Pero en 1972, llega "El mesías salvaje". Una película que pasó desapercibida. Sin embargo la carga de anarquismo que transmite es tan grande que hasta hoy en día, habiendo transcurrido más de 50 años de su filmación, resulta explosiva.
Basada en los datos biográficos del escultor francés Henri Gaudier (Scott Antony) (1891-1915), nos hace conocer de su relación con la escritora polaca Sophie Brzeska (Dorothy Tutin) y de su revolucionaria actitud hacia la burguesía en general.
Burlándose del arte concebido como algo estético, Henri Gaudier tropieza en todas las relaciones y trabajos que establece.
Sophie Brzeska tiene una idea un poco personal del amor en una pareja. Nada de sexo, nada, absolutamente nada. Henri se acomoda a la situación teniendo sexo con prostitutas, pero llega un momento que aunque ame tanto a Sophie y la ama por su personalidad sobre todas las cosas, no pueden continuar viviendo juntos.
Sophie se va a vivir a otro pueblo ejerciendo su antigua profesión de institutriz y ese mismo día, Henri tropieza con Gosh Boyle (Helen Mirren) una sufragista y anarquista que no tiene el más mínimo pudor y disfruta estando desnuda.
Parada en el polo opuesto a Sophie, Gosh conquista a Henri nada más haberla visto.
Todas estas escenas están filmadas en el estilo abrupto y de comedia satírica en el que Ken Russell se movía tan a gusto. Estilo que transmitió luego a toda una generación de realizadores ingleses.
El final es una bofetada en la cara del espectador que quedará atolondrado mientras la película hace un repaso de la obra escultórica de Henri Gaudier.
Una película excelente para una época decadente, el fin de la Belle Epoque y la Primera Guerra Mundial. Un estilo irreverente y anarquista con un mensaje directo y poético, sin letras chiquitas. Todo esto en esta pequeña obra maestra de Ken Russell.
Trailer
Nueve (9) puntos sobre diez para "El Mesías Salvaje".
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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jueves, 18 de diciembre de 2014
miércoles, 27 de agosto de 2014
Gosford Park (Robert Altman, 2001)
Volver a ver "Gosford Park" es para mí, cinéfilo empedernido, equivalente a visitar nuevamente la ciudad de París.
Si bien todo el cine que creó Robert Altman es por igual de fascinante, hay en "Gosford Park" una mezcla inusitada de la emoción con la inteligencia, que cautiva al espectador.
No es solamente la ácida visión de las diferencias sociales entre "los de arriba" y "los de abajo", o del pernicioso humor sobre los americanos, hay mucho más. Está la denuncia social sobre la aristocracia del dinero que sojuzgó a tanta gente en las fábricas durante la época victoriana. La burla feroz sobre las invenciones del cine.
Hay la increíble visión de lo que un actor americano puede llegar a imitar puesto en la piel de un valet de falso origen escocés. Y como ese actor que simula ser un valet (parte de los de abajo) para luego revelarse como un actor aprendiendo un papel (parte de los de arriba), queda definitivamente descastado y no es reconocido como tal ni por los de arriba ni por los de abajo.
-¿Sabes lo del criado de Weissman?
-¿Qué le pasa?
-¿Es falso?
-No es escocés.
-Eso ya lo sabía yo.
-Entonces, ¿quién es?
-¿Será el asesino?
-No, peor aún. Es actor.
El productor americano que va de visita a la mansión de Gosford Park porque piensa hacer una película de Charlie Chan en Londres, está personificado por Bob Balaban. Y, ¿adivinan?, Bob Balaban es el productor de Gosford Park.
Para esta producción realizada en Inglaterra, Robert Altman reunió a la flor y nata de los actores ingleses.
Allí están Alan Bates, Helen Mirren, Derek Jacobi, Kristin Scott-Thomas, Maggie Smith, Emily Watson, Clive Owen, Kelly McDonald, Michael Gambon, James Wilby, Eileen Atkins y tantos más.
No es necesario que Robert Altman los dirija, porque la cámara está moviéndose entre los grupos de actores por los distintos escenarios, a una velocidad que abruma. Y que a veces, con toda intención, confunde al espectador y le hace perder el hilo de lo poco que había develado de la historia.
Y, que al final, cuando las cartas están ya sobre la mesa, aunque puede que el espectador no las vea, crea un fondo de tristeza y emoción.
Si todavía usted no vio "Gosford Park", no deje de hacerlo. Es una película inteligente y cautivante. Con miles de actuaciones dignas de saborear y con el toque Altman que garantiza la imaginación al poder.
Solo falta el gato de Cheshire.
El país del hubiera podido ser.
Está de más decir que diez puntos son pocos para evaluar el genio de Robert Altman.
Si bien todo el cine que creó Robert Altman es por igual de fascinante, hay en "Gosford Park" una mezcla inusitada de la emoción con la inteligencia, que cautiva al espectador.
No es solamente la ácida visión de las diferencias sociales entre "los de arriba" y "los de abajo", o del pernicioso humor sobre los americanos, hay mucho más. Está la denuncia social sobre la aristocracia del dinero que sojuzgó a tanta gente en las fábricas durante la época victoriana. La burla feroz sobre las invenciones del cine.
Hay la increíble visión de lo que un actor americano puede llegar a imitar puesto en la piel de un valet de falso origen escocés. Y como ese actor que simula ser un valet (parte de los de abajo) para luego revelarse como un actor aprendiendo un papel (parte de los de arriba), queda definitivamente descastado y no es reconocido como tal ni por los de arriba ni por los de abajo.
-¿Sabes lo del criado de Weissman?
-¿Qué le pasa?
-¿Es falso?
-No es escocés.
-Eso ya lo sabía yo.
-Entonces, ¿quién es?
-¿Será el asesino?
-No, peor aún. Es actor.
El productor americano que va de visita a la mansión de Gosford Park porque piensa hacer una película de Charlie Chan en Londres, está personificado por Bob Balaban. Y, ¿adivinan?, Bob Balaban es el productor de Gosford Park.
Para esta producción realizada en Inglaterra, Robert Altman reunió a la flor y nata de los actores ingleses.
Allí están Alan Bates, Helen Mirren, Derek Jacobi, Kristin Scott-Thomas, Maggie Smith, Emily Watson, Clive Owen, Kelly McDonald, Michael Gambon, James Wilby, Eileen Atkins y tantos más.
No es necesario que Robert Altman los dirija, porque la cámara está moviéndose entre los grupos de actores por los distintos escenarios, a una velocidad que abruma. Y que a veces, con toda intención, confunde al espectador y le hace perder el hilo de lo poco que había develado de la historia.
Y, que al final, cuando las cartas están ya sobre la mesa, aunque puede que el espectador no las vea, crea un fondo de tristeza y emoción.
Si todavía usted no vio "Gosford Park", no deje de hacerlo. Es una película inteligente y cautivante. Con miles de actuaciones dignas de saborear y con el toque Altman que garantiza la imaginación al poder.
Solo falta el gato de Cheshire.
El país del hubiera podido ser.
Está de más decir que diez puntos son pocos para evaluar el genio de Robert Altman.
sábado, 23 de agosto de 2014
Tras la puerta (Az ajtó) (Istvan Szabó, 2012)
Magda (Martina Gedeck) se muda con su marido a una casa más grande que élla sóla no puede mantener porque además tiene intenciones de dedicarse a escribir una novela.
Decide contratar a una mujer que vive enfrente de su casa, Emerenc (Helen Mirren) y que es muy particular.
Vive sola y no deja que nadie traspase el umbral de su puerta.
Emerenc le pide referencias y finalmente es contratada por Magda y por su marido Tibor (Karoly Eperjes) a quien Emerenc sumisamente llama "amo".
La película construída con un oficio de larga data por Istvan Szabó, está basada en la novela de algún modo autobiográfica de Magda Szabó, quien ignoro si tiene relación alguna con el director. Lo que sí he podido averiguar es que falleció en el año 2007, unos años antes que Istvan Szabó hiciera su película y que es considerada la más importante novelista en lengua húngara.
La trama gira alrededor de lo que Magda va consiguiendo saber acerca de la vida de Emerenc. Emerenc le teme a las tormentas y huye despavorida a refugiarse en su casa cuando una se desata. Tiempo después le relata a Magda que siendo muy chica huyó de su hogar en compañía de sus hermanitas mellizas. Como se desató una tormenta dejó a las niñitas bajo un árbol y corrió a buscar ayuda, cuando vio que un rayo se descargaba sobre el árbol y al pié quedaban dos bultos carbonizados. La madre que venía buscnándolas, al encontrar a Emerenc la zamarreó, pero cuando élla le señaló los bultos carbonizados, la madre corrió desesperada y se arrojó a un pozo. Así fue que Emerenc quedó sola en la vida y un tío la colocó en una casa de la ciudad para hacer la limpieza.
Historia tras historia, anécdota tras anécdota, Magda va conociendo la triste vida de Emerenc.
La película se desarrolla tranquila, con ritmo calmo, pero con emociones que sacuden el alma y la dejan despavorida.
La actuación de ambas actrices es memorable, especialmente la de Helen Mirren quien con toda naturalidad se mete en la piel de una campesina húngara, supersticiosa y cabeza dura.
No voy a contar el final, pero solo voy a decir que tras una tormenta eléctrica con viento huracanado, el sol aparece nuevamente.
Que el espectador no espere grandes sucesos ni movimientos de masas, solo son estos tres personajes y el mundo que rodea sus casas. Ah, y hay un perro, de nombre Viola y siete gatos, que son huéspedes de Emerenc.
Si la historia le llega al espectador, el contrapunto entre el concepto de vida de la escritora de clase media alta y la campesina que sirve en las casas, es porque su espíritu está pronto para comenzar a entender algo de la vida.
"Hay gente que barre y hay gente que paga para que barran" sentencia Emerenc en su juicio sobre la sociedad.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para una sensitiva película húngara.
Decide contratar a una mujer que vive enfrente de su casa, Emerenc (Helen Mirren) y que es muy particular.
Vive sola y no deja que nadie traspase el umbral de su puerta.
Emerenc le pide referencias y finalmente es contratada por Magda y por su marido Tibor (Karoly Eperjes) a quien Emerenc sumisamente llama "amo".
La película construída con un oficio de larga data por Istvan Szabó, está basada en la novela de algún modo autobiográfica de Magda Szabó, quien ignoro si tiene relación alguna con el director. Lo que sí he podido averiguar es que falleció en el año 2007, unos años antes que Istvan Szabó hiciera su película y que es considerada la más importante novelista en lengua húngara.
La trama gira alrededor de lo que Magda va consiguiendo saber acerca de la vida de Emerenc. Emerenc le teme a las tormentas y huye despavorida a refugiarse en su casa cuando una se desata. Tiempo después le relata a Magda que siendo muy chica huyó de su hogar en compañía de sus hermanitas mellizas. Como se desató una tormenta dejó a las niñitas bajo un árbol y corrió a buscar ayuda, cuando vio que un rayo se descargaba sobre el árbol y al pié quedaban dos bultos carbonizados. La madre que venía buscnándolas, al encontrar a Emerenc la zamarreó, pero cuando élla le señaló los bultos carbonizados, la madre corrió desesperada y se arrojó a un pozo. Así fue que Emerenc quedó sola en la vida y un tío la colocó en una casa de la ciudad para hacer la limpieza.
Historia tras historia, anécdota tras anécdota, Magda va conociendo la triste vida de Emerenc.
La película se desarrolla tranquila, con ritmo calmo, pero con emociones que sacuden el alma y la dejan despavorida.
La actuación de ambas actrices es memorable, especialmente la de Helen Mirren quien con toda naturalidad se mete en la piel de una campesina húngara, supersticiosa y cabeza dura.
No voy a contar el final, pero solo voy a decir que tras una tormenta eléctrica con viento huracanado, el sol aparece nuevamente.
Que el espectador no espere grandes sucesos ni movimientos de masas, solo son estos tres personajes y el mundo que rodea sus casas. Ah, y hay un perro, de nombre Viola y siete gatos, que son huéspedes de Emerenc.
Si la historia le llega al espectador, el contrapunto entre el concepto de vida de la escritora de clase media alta y la campesina que sirve en las casas, es porque su espíritu está pronto para comenzar a entender algo de la vida.
"Hay gente que barre y hay gente que paga para que barran" sentencia Emerenc en su juicio sobre la sociedad.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para una sensitiva película húngara.
viernes, 18 de octubre de 2013
Un hombre de suerte (Lindsay Anderson, 1973)
Basada en una idea original de Malcolm McDowell, "O Lucky Man", es la Odisea de un joven héroe de la sociedad británica de los años 70.
Idealista y ambicioso, obtiene su primer trabajo gracias a su sonrisa y allí va a ejercer sus dotes de vendedor. A los pocos días de asentado en su zona le comunican que debe extender su zona al norte también. En busca de la entrada a una base militar, lo detienen por espía y lo llevan encapuchado a interrogar. Bajo los efectos de la picana eléctrica confiesa lo que quieran sus captores. Firma una confesión, pero en ese momento suena la alarma de evacuación y sus interrogadores huyen, solo queda la mujer de la cafetería que dice, "siempre dejan todo sucio".
Allí comienza la pesadilla donde un poco arriba a los tumbos, siempre en función de su idealismo y su ambición, vuelve a caer un poco más abajo.
Al final de su recorrido, de vuelta en Londres, tras haber pasado unos años en la cárcel, sale otra vez lleno de ideales y ambiciones y esta vez la caída es completa.
Vagando sin rumbo por la ciudad encuentra un hombre que distribuye volantes de una búsqueda de actores y se presenta. Al director de la selección, casualmente el mismo director Lindsay Anderson, le gusta su mirada y lo hace llamar, le sacan fotos con libros bajo el brazo y con una metralleta (un deja vu de su anterior película juntos "If..."). Le piden que sonría y él dice con qué motivo, no importa el motivo, que sonría, dice que no tiene razón de sonreir, el director entonces le pega un carpetazo en la cabeza y, lentamente, mientras la cámara se acerca, empieza a esbozar una sonrisa.
Esto es sólo un extracto muy reducido de lo que esta inmensa película alberga. Es tan actual hoy como en 1973 y las costumbres y errores de nuestra sociedad no han cambiado mucho. Es más diría que se han intensificado.
La música es algo especial, ya que los clips musicales de la banda de Alan Price están fundidas con el argumento de la película. Las letras son muy elocuentes. "Si tienes un amigo en quien confiar, eres un hombre de suerte, si tienes una razón para vivir y no morir, eres un hombre de suerte".
Es una maravilla descubrir a una Helen Mirren terriblemente joven y a un elenco que va rotando en los diferentes caracteres que hay en la película. Ralph Richardson por ejemplo hace de vecino del cuarto de hotel y del multi-millonario sin prejuicios.
Es muy difícil no emocionarse con el carpetazo final, ya que todos, de una manera u otra, hemos vivido el purgatorio de los males de este mundo y muchas veces no tenemos un motivo para sonreir.
Alan Price - O Lucky Man!
Diez puntos para esta genial realización de Lindsay Anderson, donde todos los males de nuestro mundo tienen cabida. Experimentos genéticos, explotación del empleado, guerras en países tercermundistas, millonarios inescrupulosos, ejércitos de salvación sin salvación posible. Bandas de vagabundos sucios y violentos. Todo pasa por el lente de Lindsay Anderson en "Un hombre de suerte".
Idealista y ambicioso, obtiene su primer trabajo gracias a su sonrisa y allí va a ejercer sus dotes de vendedor. A los pocos días de asentado en su zona le comunican que debe extender su zona al norte también. En busca de la entrada a una base militar, lo detienen por espía y lo llevan encapuchado a interrogar. Bajo los efectos de la picana eléctrica confiesa lo que quieran sus captores. Firma una confesión, pero en ese momento suena la alarma de evacuación y sus interrogadores huyen, solo queda la mujer de la cafetería que dice, "siempre dejan todo sucio".
Allí comienza la pesadilla donde un poco arriba a los tumbos, siempre en función de su idealismo y su ambición, vuelve a caer un poco más abajo.
Al final de su recorrido, de vuelta en Londres, tras haber pasado unos años en la cárcel, sale otra vez lleno de ideales y ambiciones y esta vez la caída es completa.
Vagando sin rumbo por la ciudad encuentra un hombre que distribuye volantes de una búsqueda de actores y se presenta. Al director de la selección, casualmente el mismo director Lindsay Anderson, le gusta su mirada y lo hace llamar, le sacan fotos con libros bajo el brazo y con una metralleta (un deja vu de su anterior película juntos "If..."). Le piden que sonría y él dice con qué motivo, no importa el motivo, que sonría, dice que no tiene razón de sonreir, el director entonces le pega un carpetazo en la cabeza y, lentamente, mientras la cámara se acerca, empieza a esbozar una sonrisa.
Esto es sólo un extracto muy reducido de lo que esta inmensa película alberga. Es tan actual hoy como en 1973 y las costumbres y errores de nuestra sociedad no han cambiado mucho. Es más diría que se han intensificado.
La música es algo especial, ya que los clips musicales de la banda de Alan Price están fundidas con el argumento de la película. Las letras son muy elocuentes. "Si tienes un amigo en quien confiar, eres un hombre de suerte, si tienes una razón para vivir y no morir, eres un hombre de suerte".
Es una maravilla descubrir a una Helen Mirren terriblemente joven y a un elenco que va rotando en los diferentes caracteres que hay en la película. Ralph Richardson por ejemplo hace de vecino del cuarto de hotel y del multi-millonario sin prejuicios.
Es muy difícil no emocionarse con el carpetazo final, ya que todos, de una manera u otra, hemos vivido el purgatorio de los males de este mundo y muchas veces no tenemos un motivo para sonreir.
Alan Price - O Lucky Man!
Diez puntos para esta genial realización de Lindsay Anderson, donde todos los males de nuestro mundo tienen cabida. Experimentos genéticos, explotación del empleado, guerras en países tercermundistas, millonarios inescrupulosos, ejércitos de salvación sin salvación posible. Bandas de vagabundos sucios y violentos. Todo pasa por el lente de Lindsay Anderson en "Un hombre de suerte".
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