La noche de San Lorenzo es la noche de las estrellas fugaces. Para los italianos, la noche en que por cada estrella caída un deseo se hará realidad.
La historia se la cuenta una madre a su hijo, le dice que todo sucedió allá lejos, en 1944, cuando solo tenía 6 o 7 años.
La historia que cuenta comienza en un sótano donde están refugiados los habitantes de San Martino para escapar a los bombardeos. Se dice que los americanos han desembarcado muy cerca y que pronto entrarán en el pueblo. Mientras tanto llega el obispo con la noticia de que los alemanes han ordenado que todos se congreguen en un sitio y él propuso en la iglesia. A los que no estén en la iglesia los van a matar.
Pero Galvano (Omero Antonutti), que no confía en los alemanes y tampoco en el obispo dice que va a ir a buscar a los americanos y que quien quiera puede ir con él. La gente se divide en dos grupos, los que se quedan a salvo en la iglesia y los que parten a buscar a los americanos.
Comienza así la peregrinación de este grupo de seres que ante todo quiere sobrevivir. Van vestidos con ropas oscuras para que no los puedan ver en la oscuridad. Los perros quedan abandonados en el sótano, abandonados a su propia suerte, ya que los alemanes prometieron volar todas las casas.
En la caminata Belindia, que está embarazada, se descompone y la colocan en una carreta para llevarla de regreso a San Martino. Su marido la llevará a la iglesia y luego volverá.
Lo que no sabe es que va a ser testigo de como los fascistas italianos, no los alemanes, sino los mismos italianos, van a hacer volar a la gente que está refugiada en la iglesia. Uno de los fascistas, un pibe de quince años, celebra la explosión contándosela a su "papo".
La historia se va desenvolviendo a medida que avanzan por los caminos y los bosques. Los sucesos más atroces se van desarrollando ante nuestra vista, pero contados como si de un cuento de hadas se tratara, los directores han sido muy hábiles en escamotear la tragedia a la vista del espectador, solo aquellos con los ojos bien abiertos podrán entender las atrocidades de la guerra.
Las atrocidades que los fascistas, los de camisas negras, cometen contra la gente del pueblo. Concetta (Margarita Lozano) una mujer mayor que pensaba quedarse en la finca donde nació, ve que ha sido incendiada por los fascistas.
El guión está elaborado de manera coral y las historias de los protagonistas se cruzan unas con otras. Los mismos directores, con la colaboración de Giuliani G. de Negri y Tonino Guerra son los autores del estremecedor guión.
Tampoco hay primeros planos, con lo que se pierde el protagonismo individual. No se sabe si realmente han herido a alguno salvo por verlo caer. Y las historias se disfrazan de surrealismo, como la de la siciliana que como le han dicho que hay un regimiento de sicilianos americanos, corre por el bosque en su busca hasta que la matan de un disparo en la cabeza tres soldados alemanes camuflados en la espesura, la siciliana ve a sus sicilianos americanos y les dice que le han tirado una pedrada. Los americanos le prometen que la van a llevar a Brooklyn y luego la cámara nos muestra a los verdaderos alemanes.
Así como la tragedia está escamoteada, también lo están los sentimientos y el espectador siente, en su propio cuerpo cada balazo, cada herida que se le propina a los protagonistas.
Cuando la película termina, solo siente ganas de llorar, por esa pobre gente, que como tanta otra gente sufrió los horrores de la guerra.
Cuando uno de los protagonistas decide balear al fascista de quince años escondido en un árbol, el espectador lo celebra contra todos sus principios humanitarios, aunque el padre grita "solo tiene quince años",
Impresionantemente bien realizada, la historia nos seduce y nos hace cómplices de esa gente huyendo de los alemanes en busca de sus salvadores americanos.
Y el desenlace es después de la noche de San Lorenzo, cuando cosechando el trigo en un campo, son descubiertos por un grupo fascista.
La batalla en el campo de trigo
Pocas películas cuentan con mi eterno homenaje a los grandes del cine, esta es una de éllas. No basta con decir que la califico con diez puntos sobre diez. La parte emotiva pesa mucho a la hora de evaluar los logros cinematográficos. Pero sí se que no va a haber espectador que pueda poner distancia entre la historia contada y sus propios sentimientos.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
Mostrando entradas con la etiqueta Paolo y Vittorio Taviani. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paolo y Vittorio Taviani. Mostrar todas las entradas
lunes, 13 de abril de 2015
domingo, 4 de agosto de 2013
César debe morir (Paolo y Vittorio Taviani, 2012)
Los prestigiosos directores italianos, Paolo y Vittorio Taviani, deciden llevar al cine la representación de la tragedia de Shakespeare, "Julio César", interpretada por los reclusos de la cárcel de Rebibbia en la ciudad de Roma.
Por esta cárcel pasó Mehmet Ali Agca, el turco que disparó cuatro veces al papa Juan Pablo II, y muchos otros famosos convictos pertenecientes a la mafia. Actualmente Rebibbia es prácticamente una ciudad que tiene alrededor de 5,000 presos.
¿Qué es lo que uno imagina?, que los actores van a jugar los roles de los presos de la cárcel poniendo en escena los caracteres de la obra de teatro.
Pues no. No es así. En realidad, el taller de teatro de la prisión de máxima seguridad de Roma, a cargo de Fabio Cavalli, decidió un año montar la representación de "Julio César" a cargo de los reclusos. Y los hermanos Taviani decidieron filmar todas las instancias de este montaje. El anuncio inicial, el casting, los primeros ensayos, la lenta pero irreversible transformación de los reclusos en sus personajes. El resultado final, el documento de la representación se llevó el primer premio en el Festival de Berlín.
Por esta razón, para acentuar el caracter documental de la obra, también al principio del film se muestran los crímenes y sentencias que están purgando los intérpretes. Pero claro, estamos acostumbrados a que el cine nos mienta, mentiras piadosas digamos, para que nos creamos todo el resto de la creación.
No sé si la intención de los hermanos Taviani fue ir más allá de filmar la representación, pero queda dando vueltas la intuición que todos los seres humanos montamos personajes en los que nos convertimos, seamos actores, presos culpables de grandes crímenes o gente común. No incluyo a los políticos porque ya todos sabemos que éllos, como los médicos, sacerdotes y abogados, son los primeros actores de este mundo de apariencias.
Esta es la impresión que rescato de esta película. Magníficamente bien realizada, en blanco y negro casi todo el tiempo para que no se nos escapen los ojos del lugar donde estamos, realza con los claroscuros de la fotografía, los de las almas de los personajes, caídas en una tragedia provocada por los anhelos de poder, las manchas de los valores morales usados como herramientas de manipulación y la veleidad de la muchedumbre. Aspectos humanos tan bien plasmados en las tragedias de Guillermo Shakespeare.
No hay mucho más que pueda agregar. Hay que verla para entender cómo se puede realizar buen cine cuando se sabe a dónde se quiere llegar y se tiene algo concreto para decir.
Cosimo Rega, que interpreta a Casio en la representación, cuando vuelve a su celda dice: "desde que me familiaricé con el arte, esta celda se ha vuelto una prisión".
Nueve puntos sobre 10 para "César debe morir".
Por esta cárcel pasó Mehmet Ali Agca, el turco que disparó cuatro veces al papa Juan Pablo II, y muchos otros famosos convictos pertenecientes a la mafia. Actualmente Rebibbia es prácticamente una ciudad que tiene alrededor de 5,000 presos.
¿Qué es lo que uno imagina?, que los actores van a jugar los roles de los presos de la cárcel poniendo en escena los caracteres de la obra de teatro.
Pues no. No es así. En realidad, el taller de teatro de la prisión de máxima seguridad de Roma, a cargo de Fabio Cavalli, decidió un año montar la representación de "Julio César" a cargo de los reclusos. Y los hermanos Taviani decidieron filmar todas las instancias de este montaje. El anuncio inicial, el casting, los primeros ensayos, la lenta pero irreversible transformación de los reclusos en sus personajes. El resultado final, el documento de la representación se llevó el primer premio en el Festival de Berlín.
Por esta razón, para acentuar el caracter documental de la obra, también al principio del film se muestran los crímenes y sentencias que están purgando los intérpretes. Pero claro, estamos acostumbrados a que el cine nos mienta, mentiras piadosas digamos, para que nos creamos todo el resto de la creación.
No sé si la intención de los hermanos Taviani fue ir más allá de filmar la representación, pero queda dando vueltas la intuición que todos los seres humanos montamos personajes en los que nos convertimos, seamos actores, presos culpables de grandes crímenes o gente común. No incluyo a los políticos porque ya todos sabemos que éllos, como los médicos, sacerdotes y abogados, son los primeros actores de este mundo de apariencias.
Esta es la impresión que rescato de esta película. Magníficamente bien realizada, en blanco y negro casi todo el tiempo para que no se nos escapen los ojos del lugar donde estamos, realza con los claroscuros de la fotografía, los de las almas de los personajes, caídas en una tragedia provocada por los anhelos de poder, las manchas de los valores morales usados como herramientas de manipulación y la veleidad de la muchedumbre. Aspectos humanos tan bien plasmados en las tragedias de Guillermo Shakespeare.
No hay mucho más que pueda agregar. Hay que verla para entender cómo se puede realizar buen cine cuando se sabe a dónde se quiere llegar y se tiene algo concreto para decir.
Cosimo Rega, que interpreta a Casio en la representación, cuando vuelve a su celda dice: "desde que me familiaricé con el arte, esta celda se ha vuelto una prisión".
Nueve puntos sobre 10 para "César debe morir".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

