Bienvenido a mi mundo

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gracias por la imagen a Germán Banchio
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jueves, 16 de junio de 2016

Sin retorno (Miguel Cohan, 2010) 🌟🌟🌟🌟

"La Justicia que es ciega y es muda, recién sentirás". Así dice la letra de un tango y así se mueve la Justicia, sin retorno, en la historia que nos cuenta esta película.
Pablo Marchetti (Agustín Vázquez) está volviendo de noche a su casa en bicicleta, un mal movimiento hace que se desparramen los documentos que lleva en una carpeta. Se para para juntarlos, pasa Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia) en su auto y por evitar un corte por obras en medio de la calle, se lleva puesta la bicicleta. Federico baja del auto a ver si el muchacho está bien, pero Pablo lo insulta porque le arruinó la bicicleta, así que Federico sube al auto y se va.
En otro auto vienen Matías Fustiniano (Martín Slipak) y Chaucha (Felipe Villanueva), van a buscar una licuadora a casa de Chaucha porque quemó la que tenían en la reunión por ponerle demasiado hielo, también esquivan la obra, pero esta vez se llevan puesto al muchacho. Pablo queda sin conocimiento.
Chaucha decide llamar a una ambulancia en el teléfono público más cercano y luego se dan a la fuga.
Esconden el auto (de la madre de Matías) y deciden darlo por robado.
Así se lo cuenta Matías al padre (Luis Machín) cuando lo ve salir medio desnudo del baño. El padre lo lleva a la comisaría a hacer la denuncia y ahí empieza a rodar la bola de nieve de la mentira.
Cuando Matías se quiebra frente al padre y le confiesa la verdad, ya no hay marcha atrás posible. Tanto el padre como la madre (la magnífica Ana Celentano) van a sostener que Martincito no puede ir a la cárcel y se van a plegar a la mentira.
Mientras tanto, en padre de Pablo, don Víctor Marchetti (Federico Luppi) inicia una cruzada por Pablito para que encuentren al criminal.
Una mujer atestigua que vio el auto de Samaniego en el lugar del crimen, la policía le sigue el rastro y descubre que lo ha dejado en un taller de chapa y pintura para arreglat el bollo de la bicicleta. Esto para la policía es suficiente, no hay que investigar más.
También para la opinión pública que enardecida por Marchetti pide castigo para el culpable.
Dicen que la mentira tiene patas cortas, pero la historia contada en esta película descubre que también la verdad es absolutamente relativa.
Un guión excelente el elaborado por Miguel Cohan en conjunto con Ana Cohan. De una precisión sin igual, casi un mecanismo de relojería. No hay detalle que sobre ni falta una explicación para cada uno de los hechos que se narran en la película.
Todos los actores son excepcionales y también los elementos técnicos.
Si bien a la mitad de la película el espectador se va a sentir agobiado por tanta injusticia enfermiza, vale la pena terminar de verla, porque el final es aún más contundente.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para este thriller de excelente factura.

martes, 12 de abril de 2016

Betibú (Miguel Cohan, 2014) 🌟🌟🌟

"Betibú" es una novela de misterio, crimen y suspenso escrita por Claudia Piñeiro. No es la primera vez que historias de esta galardonada novelista se llevan a la pantalla. Ya en el año 2009, Marcelo Piñeyro había filmado "Las viudas de los jueves" con mucho éxito.
La novela fue traducida para la pantalla por Ana y Miguel Cohan, quienes realizaron una magnífica tarea. El guión es la base estructural de este film y Miguel Cohan lo lleva adelante con una excepcional maestría.
Nurit Iscar (Mercedes Morán), alias "Betibú", es una escritora de novelas de misterio a quien las deudas obligan a volver a trabajar para la redacción del diario El Tribuno, dirigido por Lorenzo Rinaldi (José Coronado). Rinaldi tuvo tiempo atrás una relación amorosa con Betibú, que ella prefiere dejar de lado, aunque él insista en retomarla.
El caso que le encarga a Betibú, es redactar notas sobre la muerte del empresario Pedro Chazarreta, quien ha sido descubierto degollado en su casa de un club de campo. También "Las viudas de los jueves" tenía como escenario un club de campo. Son lugares cerrados para el público en general y custodiados por guardias de seguridad que hacen a la forma de vivir de las clases media y alta en los alrededores de Buenos Aires.
Rinaldi alquila una casa en el club de campo para Betibú y allí se traslada ella ese mismo día. Con élla van otros dos periodistas. Mariano Saravia (Alberto Amman) recientemente nombrado a cargo de la sección policiales y Jaime Brena (Daniel Fanego), el destituido ex responsable de policiales a quien Rinaldi prefiere tener por la inexperiencia de Saravia.
La historia se va desarrollando a un buen ritmo y entre las pistas aparece una foto desaparecida de su marco y los escasos contactos de Pedro Chazarreta.
De a poco va tomando consistencia al investigar las misteriosas muertes de otros compañeros del Liceo Militar de Pedro Chazarreta.
Magnífica historia de misterio y suspenso que cautiva desde el principio al final (que queda abierto, o no tanto), en una especie de apocalipsis sideral.
Hay que recalcar la excelencia de la dirección y de la banda de sonido de Federico Jusid. También es muy importante la dirección de fotografía de Rodrigo Pulpeiro.
En fin, una película para disfrutar en una tarde de lluvia sin detener ni un minuto la reproducción.
Trailer
Ocho puntos sobre diez es mi calificación para esta excelente producción argentina.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Roma (Adolfo Aristarain, 2004)

El magnífico guión en el que se basa esta inolvidable película, fue hecho en cooperación entre Adolfo Aristarain y Miguel Camus.
La cooperación hispana-argentina va mucho más allá de la co-producción. Es una historia que comienza (o termina) en España, pero comienza en Argentina.
Joaquín (José Sacristán), un escritor de alrededor de 60 años, contrata a un ayudante, Manuel, (Juan Diego Botto) para pasar en limpio las páginas de la novela que está escribiendo.
La novela es una autobiografía, él dice que no, que está mucho más novelada de lo que fue su vida en realidad, pero entre las páginas de la novela van naciendo las escenas de la película.
Y quien primero aparece, tímidamente, casi como un personaje secundario, es la madre de Joaquín, Roma es el nombre de la madre, una excelente actuación de Susú Pecoraro. Pero es el padre de Joaco (Gustavo Garzón) quien se lleva toda la atención en el comienzo de sus memorias.
Pero el padre muere muy pronto, cuando Joaquín ni siquiera ha terminado la escuela primaria que cursa, como todo chico de clase media, en un colegio inglés, para aprender el idioma que le permitirá manejarse en la vida.
Ese es uno de los primeros guiños del guión de Aristarain, porque sabemos que Joaquín terminará sus días siendo un conocido escritor en lengua castellana.
Roma que es profesora de teoría, solfeo y piano, se arreglará como pueda para terminar de pagar el colegio privado al que va Joaco.
Allí se suspende la acción, porque el escritor no quiere escribir nada de su adolescencia, como terminantemente le dice a Manuel. Le cuenta que abandonó el colegio secundario en cuarto año y no consiguió un sólo trabajo decente. Daba clases de inglés y hacía traducciones, pero nada más.
La historia continúa buceando en los jugosos años 60 de la Argentina, cuando los jóvenes pensaban que podían cambiar el mundo, hasta que el mundo irrumpe violentamente en las universidades y colegios en forma de policías.
Y Roma, convencida de que su hijo va a destacar en algo, le compra un pasaje para que viaje a España y lo deja ir.
La historia prosigue. Pero en toda la película, el personaje de Joaco-Joaquín, Joaquín anciano, es un anti-héroe, que siempre vaciló y nunca llevó adelante gran cosa, salvo sus novelas. El cuenta a Manuel que ha tenido dos matrimonios fracasados y dos hijas a las que ni siquiera conoce.
La realización de esta película muestra a un director consumado, que sabe lo que quiere y cómo lo quiere mostrar. No hay ninguna escena que pueda sobrar, ni material de relleno. Pero por sobre todas las cosas, la película destila humanidad, de veras, sin apelar al drama exacerbado, ni prestar la cámara a la crueldad. La historia argentina de violencia es un trasfondo en la historia de Joaquín, pero que sin embargo no modifica al personaje, ni a su devenir.
El espectador atento, va a disfrutar serenamente de esta película, no porque suceda gran cosa, sino, simplemente, por la vida que se cuela a través de todas las escenas.
¿Para qué sirven los ríos?
Nueve puntos sobre diez para "Roma" de Aristarain.