Este es un nuevo impecable film de Almodóvar. Un film adulto donde olvida un poco esos momentos locos de sus otras películas, pero que está lleno de humanidad. Rebalsa humanidad por los cinco costados. Como en "Todo sobre mi madre", donde las mujeres protagonistas del film no importaba si eran madres, lesbianas, travestis o monjas, por sobre todas esas características fáciles, eran seres humanos. Creo que con Almodóvar el feminismo alcanzó su mayoría de edad en el cine.
En "Dolor y gloria" repasa la historia de un director de cine envejecido y encerrado en sus achaques, Salvador Mallo (magistral interpretación de Antonio Banderas que le valiera la gran palma de oro al mejor actor en el festival de Cannes) y con él, en primerísimo primer plano a su madre (interpretada por Penélope Cruz de joven y genialmente por Julieta Serrano en su vejez).
Con la maestría de siempre para la evolución de sus guiones, la historia se va armando entre recuerdos y memorias del director. Entre ellos el reestreno de la versión remasterizada de un viejo film suyo, "Sabor", que hace que se reencuentre con el intérprete de aquel film, Alberto Crespo (Axier Etcheandía) con quien no se hablaban desde la realización del film. Pero Alberto va a significar una erosión en el claustrofóbico mundo del director. El descubrimiento de un escrito suyo, "La adicción", hace que Alberto lo lleve al teatro, aunque él no quiera colocar su nombre como autor, adónde Federico (Leonardo Sbaraglia), un amor de su juventud, lo va a redescubrir en una visita fugaz a España.
Impecable la actuación del pequeño Asier Flores como Salvador niño y de muchos más actores como es el caso de la intervención de Cecilia Roth, o por ejemplo como Nora Navas en Mercedes, asistente técnica y espiritual del director, al punto de acompañarlo al médico, a quien Salvador rehuye.
Durante las dos horas de proyección, el espectador se verá envuelto por la magia de Almodóvar, con escenas que van desde el dolor hasta la gloria.
Inolvidable del descubrimiento de la casa-gruta en Paterna (Valencia). Muchos se sentirán tentados de vivir allí.
La música de Alberto Iglesias, compositor que siempre pinta las películas de Almodóvar con su música intensa pero no fuera de cauces. Los excelentes directores de fotografía, José Luis Alcaine y dirección de arte de María Clara Notari. El departamento de Salvador es un despliegue inolvidable de belleza y arte.
Trailer
Los actores hablan de Almodóvar
Mi calificación es de 10 puntos para una película que se volverá inolvidable como aquella otra que viera 4 o 5 veces estando lejos de Buenos Aires "Volver".
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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domingo, 9 de junio de 2019
jueves, 16 de junio de 2016
Sin retorno (Miguel Cohan, 2010) 🌟🌟🌟🌟
"La Justicia que es ciega y es muda, recién sentirás". Así dice la letra de un tango y así se mueve la Justicia, sin retorno, en la historia que nos cuenta esta película.
Pablo Marchetti (Agustín Vázquez) está volviendo de noche a su casa en bicicleta, un mal movimiento hace que se desparramen los documentos que lleva en una carpeta. Se para para juntarlos, pasa Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia) en su auto y por evitar un corte por obras en medio de la calle, se lleva puesta la bicicleta. Federico baja del auto a ver si el muchacho está bien, pero Pablo lo insulta porque le arruinó la bicicleta, así que Federico sube al auto y se va.
En otro auto vienen Matías Fustiniano (Martín Slipak) y Chaucha (Felipe Villanueva), van a buscar una licuadora a casa de Chaucha porque quemó la que tenían en la reunión por ponerle demasiado hielo, también esquivan la obra, pero esta vez se llevan puesto al muchacho. Pablo queda sin conocimiento.
Chaucha decide llamar a una ambulancia en el teléfono público más cercano y luego se dan a la fuga.
Esconden el auto (de la madre de Matías) y deciden darlo por robado.
Así se lo cuenta Matías al padre (Luis Machín) cuando lo ve salir medio desnudo del baño. El padre lo lleva a la comisaría a hacer la denuncia y ahí empieza a rodar la bola de nieve de la mentira.
Cuando Matías se quiebra frente al padre y le confiesa la verdad, ya no hay marcha atrás posible. Tanto el padre como la madre (la magnífica Ana Celentano) van a sostener que Martincito no puede ir a la cárcel y se van a plegar a la mentira.
Mientras tanto, en padre de Pablo, don Víctor Marchetti (Federico Luppi) inicia una cruzada por Pablito para que encuentren al criminal.
Una mujer atestigua que vio el auto de Samaniego en el lugar del crimen, la policía le sigue el rastro y descubre que lo ha dejado en un taller de chapa y pintura para arreglat el bollo de la bicicleta. Esto para la policía es suficiente, no hay que investigar más.
También para la opinión pública que enardecida por Marchetti pide castigo para el culpable.
Dicen que la mentira tiene patas cortas, pero la historia contada en esta película descubre que también la verdad es absolutamente relativa.
Un guión excelente el elaborado por Miguel Cohan en conjunto con Ana Cohan. De una precisión sin igual, casi un mecanismo de relojería. No hay detalle que sobre ni falta una explicación para cada uno de los hechos que se narran en la película.
Todos los actores son excepcionales y también los elementos técnicos.
Si bien a la mitad de la película el espectador se va a sentir agobiado por tanta injusticia enfermiza, vale la pena terminar de verla, porque el final es aún más contundente.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para este thriller de excelente factura.
Pablo Marchetti (Agustín Vázquez) está volviendo de noche a su casa en bicicleta, un mal movimiento hace que se desparramen los documentos que lleva en una carpeta. Se para para juntarlos, pasa Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia) en su auto y por evitar un corte por obras en medio de la calle, se lleva puesta la bicicleta. Federico baja del auto a ver si el muchacho está bien, pero Pablo lo insulta porque le arruinó la bicicleta, así que Federico sube al auto y se va.
En otro auto vienen Matías Fustiniano (Martín Slipak) y Chaucha (Felipe Villanueva), van a buscar una licuadora a casa de Chaucha porque quemó la que tenían en la reunión por ponerle demasiado hielo, también esquivan la obra, pero esta vez se llevan puesto al muchacho. Pablo queda sin conocimiento.
Chaucha decide llamar a una ambulancia en el teléfono público más cercano y luego se dan a la fuga.
Esconden el auto (de la madre de Matías) y deciden darlo por robado.
Así se lo cuenta Matías al padre (Luis Machín) cuando lo ve salir medio desnudo del baño. El padre lo lleva a la comisaría a hacer la denuncia y ahí empieza a rodar la bola de nieve de la mentira.
Cuando Matías se quiebra frente al padre y le confiesa la verdad, ya no hay marcha atrás posible. Tanto el padre como la madre (la magnífica Ana Celentano) van a sostener que Martincito no puede ir a la cárcel y se van a plegar a la mentira.
Mientras tanto, en padre de Pablo, don Víctor Marchetti (Federico Luppi) inicia una cruzada por Pablito para que encuentren al criminal.
Una mujer atestigua que vio el auto de Samaniego en el lugar del crimen, la policía le sigue el rastro y descubre que lo ha dejado en un taller de chapa y pintura para arreglat el bollo de la bicicleta. Esto para la policía es suficiente, no hay que investigar más.
También para la opinión pública que enardecida por Marchetti pide castigo para el culpable.
Dicen que la mentira tiene patas cortas, pero la historia contada en esta película descubre que también la verdad es absolutamente relativa.
Un guión excelente el elaborado por Miguel Cohan en conjunto con Ana Cohan. De una precisión sin igual, casi un mecanismo de relojería. No hay detalle que sobre ni falta una explicación para cada uno de los hechos que se narran en la película.
Todos los actores son excepcionales y también los elementos técnicos.
Si bien a la mitad de la película el espectador se va a sentir agobiado por tanta injusticia enfermiza, vale la pena terminar de verla, porque el final es aún más contundente.
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Nueve puntos sobre diez para este thriller de excelente factura.
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domingo, 4 de enero de 2015
Relatos salvajes (Damián Szifrón, 2014) 🌟🌟🌟🌟🌟
Son seis los relatos "salvajes" que constituyen esta película. El gran éxito del director y escritor Damián Szifrón es mantener la unidad a través de los relatos. Y es que el mensaje clave de los relatos es el mismo, ser "salvajes". Pero qué quiere decir Damián Szifrón con el calificativo de salvajes.
Nuestra civilización ha ido ajustando y poniendo en práctica ciertas claves que hacen a la posibilidad de vivir en sociedad y a mantener los límites de la urbanidad y las buenas costumbres entre todos los ciudadanos.
Pero algo se ha tergiversado en los últimos veinte a treinta años. Las reglas se han vuelto burocráticas e injustas y protegen sobre todas las cosas al poder en perjuicio de los individuos.
Lo que plantea en sus seis relatos "salvajes" el director, es qué sucede cuando algunos individuos se cansan del avasallamiento de las reglas sobre su persona y rompen "salvajemente" las reglas.
Da lo mismo si se trata del estacionamiento urbano como de las trampas judiciales para evadir una condena. De las estrictas reglas que se deben seguir en una fiesta de casamiento o de la conducta de individuos sin escrúpulos que se han quedado con los bienes de los habitantes a traves de préstamos usurarios.
Y hete aquí que estas violaciones de las reglas de urbanidad demostradas en la película no parecen molestar a los espectadores. Esto quiere decir que la injusticia implementada a través de estas reglas en nuestra sociedad occidental es absolutamente condenada por la mayor parte de la población.
Quizás estemos ante la clave de lo que será la próxima revolución que dará por terminado el imperio de los norteamericanos y cambiará la estructura de la historia humana una vez más.
Por supuesto que Szifrón no intenta organizar una revuelta, pero la película es absolutamente anarquista y ese es su éxito popular.
Las actuaciones son perfectas, desde Darío Grandinetti a Erica Rivas y Diego Gentile, de la tímida Julieta Zylberberg a la brutal cocinera de Rita Cortese. La genial caracterización de Oscar Martínez y el desparpajo del abogado de Osmar Núñez. Desde la violencia de Leonardo Sbaraglia y Walter Donado hasta el descontrol de Ricardo Darín. Todo el elenco es excelente y no hay pequeñas actuaciones.
La banda de sonido, compuesta por el gran Gustavo Santaolalla, ayuda a crear climas y apocalipsis visuales. La fotografía de Javier Julia es excelente y el montaje de Damián Szifrón y Pablo Barbieri Carrera construye el hilo conductor del éxito de la película.
Lleva 6 meses en cartel ya en cines de Buenos Aires y por lo que se puede ver serán al menos otros 6 meses más. Ya es la película argentina más vista en la historia del cine argentino.
No hay espectador indiferente frente a los relatos "salvajes". Puede que a alguien lo desborden o bien que crea que están demasiado cerca de la realidad cotidiana, pero jamás indiferencia.
¿Teaser?, no sé qué significa.
Diez puntos sobre diez es mi calificación para "Relatos salvajes".
Nuestra civilización ha ido ajustando y poniendo en práctica ciertas claves que hacen a la posibilidad de vivir en sociedad y a mantener los límites de la urbanidad y las buenas costumbres entre todos los ciudadanos.
Pero algo se ha tergiversado en los últimos veinte a treinta años. Las reglas se han vuelto burocráticas e injustas y protegen sobre todas las cosas al poder en perjuicio de los individuos.
Lo que plantea en sus seis relatos "salvajes" el director, es qué sucede cuando algunos individuos se cansan del avasallamiento de las reglas sobre su persona y rompen "salvajemente" las reglas.
Da lo mismo si se trata del estacionamiento urbano como de las trampas judiciales para evadir una condena. De las estrictas reglas que se deben seguir en una fiesta de casamiento o de la conducta de individuos sin escrúpulos que se han quedado con los bienes de los habitantes a traves de préstamos usurarios.
Y hete aquí que estas violaciones de las reglas de urbanidad demostradas en la película no parecen molestar a los espectadores. Esto quiere decir que la injusticia implementada a través de estas reglas en nuestra sociedad occidental es absolutamente condenada por la mayor parte de la población.
Quizás estemos ante la clave de lo que será la próxima revolución que dará por terminado el imperio de los norteamericanos y cambiará la estructura de la historia humana una vez más.
Por supuesto que Szifrón no intenta organizar una revuelta, pero la película es absolutamente anarquista y ese es su éxito popular.
Las actuaciones son perfectas, desde Darío Grandinetti a Erica Rivas y Diego Gentile, de la tímida Julieta Zylberberg a la brutal cocinera de Rita Cortese. La genial caracterización de Oscar Martínez y el desparpajo del abogado de Osmar Núñez. Desde la violencia de Leonardo Sbaraglia y Walter Donado hasta el descontrol de Ricardo Darín. Todo el elenco es excelente y no hay pequeñas actuaciones.
La banda de sonido, compuesta por el gran Gustavo Santaolalla, ayuda a crear climas y apocalipsis visuales. La fotografía de Javier Julia es excelente y el montaje de Damián Szifrón y Pablo Barbieri Carrera construye el hilo conductor del éxito de la película.
Lleva 6 meses en cartel ya en cines de Buenos Aires y por lo que se puede ver serán al menos otros 6 meses más. Ya es la película argentina más vista en la historia del cine argentino.
No hay espectador indiferente frente a los relatos "salvajes". Puede que a alguien lo desborden o bien que crea que están demasiado cerca de la realidad cotidiana, pero jamás indiferencia.
¿Teaser?, no sé qué significa.
Diez puntos sobre diez es mi calificación para "Relatos salvajes".
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