Este es un film basado en una historia real. Y como todas las historias humanas, reales o fantásticas, guarda siempre algo inusual que está ahí, desvaneciéndose como arena entre las manos, cuando termina la película.
Pero aún subsiste en el recuerdo, en las sensaciones que se movilizan por nuestro cuerpo aún a nuestro pesar. En las reminiscencias de lo que fue y lo que no fue y lo que pudo llegar a ser.
La historia de Marguerite Dumont (la increíble y extraordinariamente sensible Catherine Frot) se basa en la vida real de Florence Foster Jenkins, pero trasvestida en Francia. Marguerite, una mujer de una fortuna incalculable, está casada con el barón de Dumont (Andre Marcon), en un matrimonio en el que según el mismo declara, ella puso sus millones y él su título.
Marguerite vive para la música, ama el bell canto y lo practica con una especialidad muy singular. No se escucha a sí misma. Prepara recitales en su palacio para los integrantes de una sociedad de beneficencia, para los que contrata a cantantes y músicos de primera calidad y cierra el espectáculo presentándose a sí misma.
Marguerite desafina a grito pelado, para decirlo sin más vueltas.
Pero los invitados, de la sociedad de beneficencia, los criados y hasta algunos particulares, fingen no saberlo y aplauden a rabiar su actuación.
Una de las cantantes contratadas, Hazel (Christa Theret) afirma que es imposible que no se escuche. Que todos escuchamos de alguna manera más nuestros errores que nuestros aciertos.
A todo esto, el barón de Dumont se ausenta durante sus presentaciones y finge algún desperfecto de su automóvil para justificar el no estar presente.
Hay un criado, Madelbos (Denis Mpunga), que ama con locura a su señora y no se cansa de fotografiarla vestida como para las grandes actuaciones operísticas.
En fin que todos saben de los alaridos de Marguerite, pero algunos por cariño y otros por adulación o conveniencia, lo niegan.
Y aquí es donde Marguerite cree llegado el momento de hacer una presentación en un gran teatro. Para prepararse como es debido contrata a un tenor venido a menos, Atos Pezzini (Michel Fau) que le es presentado por Lucien Beaumont (Sylvain Dieuaide), periodista que le dedicó un artículo especialmente elogioso, por pura conveniencia.
Atos Pezzini, apenas la oye cantar, decide huir de la situación, pero Madelbos lo extorsiona y con una buena cantidad de dinero lo hace entrar en razones.
Entre los asistentes de Pezzini, está Felicité, la barbuda (Sophia Leboutte), adivina y tiradora de cartas, quien le dice a Marguerite, "hay solamente dos maneras de lidiar con la vida, soñarla o vivirla".
Y aquí llegamos a lo que aludí en el primer párrafo. Esta estrafalaria historia, esconde de la forma más brutal, un cuestionamiento sobre la vida de todos los seres humanos. ¿Somos como creemos que somos o como nos ven desde afuera?. ¿Vivimos o soñamos nuestros días?. ¿Hay algún contacto real con los otros?.
Para Marguerite el contacto real es su marido. Cuando descubre que él la engaña con la bondadosa Françoise Bellaire (Astrid Whettnall), le ofrece dejar de cantar, su máximo sacrificio, para que se quede con ella.
La película termina de un modo extraño, a Marguerite la enfrentan con un registro de su canto y cae herida de muerte. No se aclara si realmente muere o si muere su personaje, el negador.
Excelente realización de Xavier Giannoli quien consigue extraer de una historia absurda un ensayo sobre la naturaleza humana.
Trailer
Ocho puntos sobre diez para esta magnífica realización.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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sábado, 17 de diciembre de 2016
lunes, 28 de octubre de 2013
Los últimos días del mundo (Arnaud y Jean-Marie Larrieu, 2009)
Basada en una novela de Dominique Noguez, "Los últimos días del mundo" narra el viaje en busca de su destino que emprende Robinson (Mathieu Amalric) en los que aparentan ser los últimos días del mundo tal como lo conocemos.
Una guerra nuclear ha estallado en el mundo y los síntomas de la decadencia final están diezmando la sociedad europea.
Pero Robinson va en busca de su amada Lae (Omahyra Mota), a quien ha perdido un tiempo atrás.
A través de diferentes raccontos nos enteramos de como Robinson abandonó a su mujer y a su hija para ir detrás de Lae. Y como a su vez Lae se deshizo de él.
En el transcurso vamos descubriendo cómo ha llegado a su inactividad en las playas de Biarritz, donde una librera le ofrece un libro de cocina con espacio para tomar notas en reemplazo de los cuadernos que ya no existen y donde Robinson escribirá su historia.
La librera (Catherine Frot) volverá a cruzarse una y otra vez con Robinson y juntos se encontrarán en su huída a España, en Pamplona, para las fiestas de San Fermín. Allí también se suceden los atentados y deberán huir una vez más.
Robinson quiere llegar a Zaragoza, donde vive la madre de Lae, para preguntar por élla. Ombeline, la librera, deja atrás a su marido que se ha fugado con Iris (Clotilde Hesme), la hija de un tenor español, amigo de Robinson, Theo (Sergi Lopez).
En Toulouse se va a encontrar con una ciudad desierta luego de que el presidente francés anunciara que deja el gobierno porque ya es un sinsentido. Se va a encontrar con su ex-mujer Chloe (Karin Viard) quien trabaja para el ejército francés. Ella le ofrece huir de la ciudad pero él no quiere irse, por lo que élla decide acompañarlo, pero un misil va a frustrar su posible reencuentro.
Como verán la historia es apocalíptica y muy compleja y tiene miles de vericuetos y está tan bien realizada que ninguno de éllos hace agua o naufraga en las arenas movedizas de la insensatez, probablemente porque el guión escrito sobre la novela de Dominique Noguez le aporte verosimilitud al desarrollo de la historia.
Hasta último momento estaremos siguiendo el periplo de Robinson, quien luego de una pesadilla en el castillo de la Marquise d'Arcangues (Sabine Azema en una aparición triunfal), decide retornar a Paris.
Y no sigo contando la historia para que la vean por ustedes mismos.
Muy interesante película, sin huecos, perfectamente realizada y con equipos en Francia y en España muy bien coordinados.
El ritmo es constante en las dos horas de duración y la atención no decae un instante.
Ocho puntos para la película de los hermanos Larrieu.
Una guerra nuclear ha estallado en el mundo y los síntomas de la decadencia final están diezmando la sociedad europea.
Pero Robinson va en busca de su amada Lae (Omahyra Mota), a quien ha perdido un tiempo atrás.
A través de diferentes raccontos nos enteramos de como Robinson abandonó a su mujer y a su hija para ir detrás de Lae. Y como a su vez Lae se deshizo de él.
En el transcurso vamos descubriendo cómo ha llegado a su inactividad en las playas de Biarritz, donde una librera le ofrece un libro de cocina con espacio para tomar notas en reemplazo de los cuadernos que ya no existen y donde Robinson escribirá su historia.
La librera (Catherine Frot) volverá a cruzarse una y otra vez con Robinson y juntos se encontrarán en su huída a España, en Pamplona, para las fiestas de San Fermín. Allí también se suceden los atentados y deberán huir una vez más.
Robinson quiere llegar a Zaragoza, donde vive la madre de Lae, para preguntar por élla. Ombeline, la librera, deja atrás a su marido que se ha fugado con Iris (Clotilde Hesme), la hija de un tenor español, amigo de Robinson, Theo (Sergi Lopez).
En Toulouse se va a encontrar con una ciudad desierta luego de que el presidente francés anunciara que deja el gobierno porque ya es un sinsentido. Se va a encontrar con su ex-mujer Chloe (Karin Viard) quien trabaja para el ejército francés. Ella le ofrece huir de la ciudad pero él no quiere irse, por lo que élla decide acompañarlo, pero un misil va a frustrar su posible reencuentro.
Como verán la historia es apocalíptica y muy compleja y tiene miles de vericuetos y está tan bien realizada que ninguno de éllos hace agua o naufraga en las arenas movedizas de la insensatez, probablemente porque el guión escrito sobre la novela de Dominique Noguez le aporte verosimilitud al desarrollo de la historia.
Hasta último momento estaremos siguiendo el periplo de Robinson, quien luego de una pesadilla en el castillo de la Marquise d'Arcangues (Sabine Azema en una aparición triunfal), decide retornar a Paris.
Y no sigo contando la historia para que la vean por ustedes mismos.
Muy interesante película, sin huecos, perfectamente realizada y con equipos en Francia y en España muy bien coordinados.
El ritmo es constante en las dos horas de duración y la atención no decae un instante.
Ocho puntos para la película de los hermanos Larrieu.
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