Bienvenido a mi mundo

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gracias por la imagen a Germán Banchio
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jueves, 23 de julio de 2015

Libera, amor mío (Mauro Bolognini, 1975) 🌟🌟🌟

Libera (Claudia Cardinale) es el personaje romántico por antonomasia.
Hija de un anarquista confinado por el regimen fascista en el exilio, Libera hace su propia lucha contra el régimen, causando los mil y un problemas a su marido Matteo (Bruno Cirino), de profesión sastre y a sus hijos Carlo y Anna.
En un salón bailable le canta sus verdades nada menos que al comisario político Testa (Philippe Leroy) y este promete vengarse de por vida.
Visitando a su padre (Adolfo Celi) en el exilio conoce a otro desterrado, Sandro Poggi (Bekim Fehmiu) y cuando este escapa del confinamiento y acude a verla, no duda en esconderlo y ayudarlo a conseguir un pasaporte con el cual pueda escapar de la Italia fascista.
Testa buscando a Poggi, allana la casa de Libera y Matteo y la policía revisa todos los ambientes, incluso la bohardilla donde está escondido Poggi, pero no lo encuentran. Finalmente por el contacto que confeccionó el pasaporte la detienen a Libera, es juzgada y condenada a cinco años de exilio. Y allí marcha Libera, feliz al exilio en la isla que compartirá con su padre.
Cuando faltan pocos meses para su liberación, cae el gobierno de Mussolini y como la isla está en la zona de guerra, los presos son enviados a sus ciudades con arresto domiciliario. Testa le advierte a Libera que va a estar detrás de sus pasos. No hace falta mucho, porque en un cine, viendo las noticias tendenciosas, a Libera se le escapan las críticas en voz más que alta y es nuevamente detenida. Esta vez Testa va más allá, clausura la sastrería de Matteo y los pone a ambos bajo arresto domiciliario.
Finalmente los alemanes toman los territorios ocupados aún por los fascistas y comienzan los asesinatos en masa. Libera debe huir porque su vida corre peligro. Matteo va con Anna a la casa de su hermana y Carlo se escapa con los partisanos.
Libera trabaja para los partisanos, les consigue armas y todo lo que necesitan. Finalmente los alemanes la arrestan y después de una sesión de torturas, la dejan encarcelada.
Cuando los americanos liberan Bolonia, los partisanos liberan a los prisioneros y allí vuelve Libera con su familia.
Un día decide reclamar al comisariato porque aún no le han asignado vivienda a su familia y cuando va a ver al comisario, con quién se encuentra detrás del escritorio, con Testa. Indignada va al comité a quejarse con las autoridades, quienes le dicen que Testa en los últimos tiempos colaboró con éllos y que no pueden juzgar al 50% de los italianos por sus actividades fascistas. Libera dice, entonces he hecho el papel de estúpida durante los últimos 20 años.
Fuerte alegato político, donde se muestran los vejamientos que cometieron los fascistas contra sus compatriotas y la crueldad con que los alemanes mataron a civiles a diestra y siniestra durante los últimos tiempos antes de la rendición.
Mauro Bolognini describe 20 años de historia italiana con la mayor moderación. "Libera" dista mucho de ser un panfleto político, pero deja bien a las claras la pobreza del género humano para defender a sus semejantes.
Libera es una idealista fanática, pura e inocente, que aún cree en la justicia de las instituciones humanas.
Mauro Bolognini escribe el guión de la historia de Luciano Vincenzoni, en colaboración con Nicola Badalucco y le extrae toda la riqueza que la narración puede dar. Claudia Cardinale es una Libera más que creíble y transmite con su fuerte personalidad toda la fortaleza e idealismo que el personaje requiere.
El resto del elenco es también excelente y la música de Ennio Morricone pinta a la perfección el dramatismo de las escenas.
Escena (títulos en inglés)
El espectador comprometido con la realidad va a sufrir un poco y va a quedar un tanto vapuleado por esta romántica historia. Pero vale la pena verla.
Ocho puntos sobre diez para la obra de Mauro Bolognini.

jueves, 13 de marzo de 2014

El artista y la modelo (Fernando Trueba, 2012)

Fernando Trueba abandona los guiones costumbristas sobre la España franquista y, con la colaboración de nada menos que Jean-Claude Carriere, escribe un guión sobre la dificultad de un artista para acercarse a su ideal de belleza.
Con una excelente fotografía en blanco y negro de Daniel Vilar, compone una película que será difícil de olvidar para el espectador.
El artista es Jean Rochefort, la modelo es Aída Folch y Claudia Cardinale la mujer del artista.
Los tres están excelentes en sus personificaciones, sobre todo Jean Rochefort quien carga con la dura tarea de personificar a un artista en el final de su carrera a sus 82 años.
Pero la esencia del film podría pasar de largo opacada por la historia de una joven española que huye de la guerra civil y se refugia en una aldea al sur de Francia, donde vive el artista del título.
La mujer del artista que la ve lavarse en una fuente la lleva a comer a su casa y ambos le ofrecen el rol de modelo. Luego vienen las vicisitudes del artista en la creación de su obra.
Y justamente en esas vicisitudes es donde reside el hechizo del film. Los gestos del director para guiar al espectador hacia donde quiere están en el encanto de la fotografía. De árboles, de pájaros, de la naturaleza exuberante de esta región de Francia, de la belleza del cuerpo desnudo de Aída Folch y de los interiores de la cabaña donde el artista tiene su atelier iluminados extraordinariamente.
Mientras tanto la historia se desenvuelve con unas pocas variantes. Los niños que espían a la modelo desnuda. La llegada de un oficial nazi, profesor de arte alemán que está escribiendo la biografía del artista.
La aparición de un camarada de la modelo que está herido y necesita un lugar donde quedarse hasta recuperarse. No hay mucho más, salvo las intervenciones de Chus Lampreave como María, la criada del artista.
Pero el espectador se ve recompensado por una película agri-dulce acerca de la aproximación del artista a su ideal y de como un momento triste de la historia, el fin de la segunda guerra mundial, puede contener también una historia de belleza y afectos. No tiene desperdicio.
Una aproximación a la película.
Mi calificación es de nueve puntos para una magnífica realización de Fernando Trueba.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Gebo y la sombra (Manoel de Oliveira, 2012)

Siempre una nueva película de Manoel de Oliveira es un milagro de belleza, misterio y de supervivencia.
"O Gebo e a Sombra" lo confirma. Extraída de la obra teatral de Raul Brandao, la puesta en escena parece sacada del libro de los muertos. Tragedia sin límites, la sombra avanza para comérselo todo, para matar o para robar. Los diálogos son menudos, sin frases importantes, pero con contenidos emotivos que recurren a las grandes tragedias griegas.
La iluminación y fotografía es de una acogedora calidez en este submundo tan sórdido de Gebo y su familia.
Un párrafo aparte merecen los actores. No ha sido la especialidad del director portugués la dirección de actores, sin embargo, siempre en todas sus películas, están todos correctos.
En este caso es sobre éllos que descansa el peso de la película. Hablada en francés para encontrar un espacio en común para actores de tan diferentes nacionalidades.
Michael Lonsdale, es quien encarna a Gebo y su tono de voz, que es casi un susurro pidiendo perdón es importantísimo para la trama.
Claudia Cardinale, en el rol de la madre y mujer de Gebo, es la Madre por antonomasia, sumiendo a su familia en la desdicha.
Leonor Silveira, como la nuera silenciosa y callada que cuida de sus padres adoptivos, resume en esta película toda su experiencia encarnando un personaje de muy diferente psicología a todo lo que había hecho hasta ahora.
Jeanne Moreau, es la vecina de las historias de pueblo, que sufre de palpitaciones a cambio de unas galletas. Luis Miguel Cintra acertadísimo en el personaje de Chamiço, quien viene a la casa por un café.
Y, por último, el núcleo de la historia, Ricardo Trepa, el nieto de Manoel de Oliveira, como el hijo pródigo que regresa sólo a traer más males a su familia.
De una cadencia lenta y sinuosa, como las últimas páginas de la muerte, es esta hermosa película.
A pocos días de su cumpleaños 105 (11 de diciembre), celebro haber visto esta su última (al menos por ahora) película.
No es necesario que mencione calificación ya que toda medición de mi parte está de más para una obra de arte.
Tributo a Manoel de Oliveira