Bienvenido a mi mundo

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gracias por la imagen a Germán Banchio
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domingo, 23 de diciembre de 2018

Amor de perdición (Manoel de Oliveira, 1979) 🌟🌟🌟🌟🌟

Manoel de Oliveira ha sido el más prolífico e innovador director del cine europeo en toda la historia del cine. Comenzó su carrera en la época del cine mudo en los años 30 y continuó filmando hasta casi el día de su muerte en el 2015. Su obra fue reconocida en los festivales de Cannes, Berlín y Venecia con más de 50 premios internacionales. Es el maestro del surrealismo en el cine, pero más por sus trucos y estilos de narración que por la veracidad de las historias filmadas.
En esta película, condensa una miniserie de seis episodios de 45 minutos cada uno. Bueno, condensar es una manera de decir, porque la película dura 4 horas y media.
¿Es esto demasiado para la duración de una película?, todo depende del espectador. Cuando el que está viendo se deja hipnotizar por las imágenes, no hay duración promedio que sea recomendable.
La historia es una de las novelas fundamentales de la literatura ibérica. Camilo Castelo Branco, el autor, es el más leído de los autores portugueses y uno de los favoritos de Manoel de Oliveira,
En la novela el autor narra la trágica historia de un tío materno, Simon Botelho (Antonio Sequeira Lopez) cuyo amor por Teresa de Albuquerque (Cristina Hauser) fue truncado por la enemistad entre sus respectivos padres, una especie de Montescos y Capuletos, pero muchísimo más violentos que en la historia de Shakespeare.
Tadeu de Albuquerque (Henrique Viana) decide casar a su hija con su sobrino Baltazar Coutinho (Ricardo Pais) solo para separar a su hija de 18 años del novio indeseado por ser hijo de su enemigo.
Lo que al principio fue una decisión paterna, se volvió una obligación violenta, ya que de no acceder Teresa al matrimonio, sería internada en un convento.
Enterado Simon, viaja desde Coimbra, a donde está estudiando al pueblo de Teresa, pero lo aguardan asesinos sirvientes de Tadeu. Afortunadamente, sale en su defensa Joao da Cruz (Antonio Costa), quien le da refugio en su humilde herrería. La hija de Joao, Mariana (Elsa Wallencamp), será la más solícita enfermera del herido Simon y ya no lo abandonará más. Joao se torna en protector en agradecimiento al padre de Simon, juez del lugar, quien una vez lo salvó de la horca por un asesinato.
Son muchas las vicisitudes de los enamorados que se narran en la película, pero quiero hacer hincapié en el magnífico lenguaje visual utilizado por Oliveira.
La mayoría de las escenas son narradas por un relator en off y muchas veces son narradas antes que sucedan en la pantalla. Muchas veces los actores solo ponen el rostro, en el que se reflejan las emociones del personaje. La imagen es difusa y los colores son intensos  pero de colores mate.
Todo ello contribuye a crear una obra de por sí hipnótica, donde la historia que se cuenta es tan intensa que se ve a contra ritmo de las escenas lentas, con largos diálogos, la mayor parte en interiores con decorados teatrales.
En resumen. Es una obra inconmensurable y de primera calidad que debe ser vista por todo amante del cine artístico.
La muerte de Baltazar Coutinho
Diez puntos sobre diez mi calificación para esta obra maestra del cine.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Gebo y la sombra (Manoel de Oliveira, 2012)

Siempre una nueva película de Manoel de Oliveira es un milagro de belleza, misterio y de supervivencia.
"O Gebo e a Sombra" lo confirma. Extraída de la obra teatral de Raul Brandao, la puesta en escena parece sacada del libro de los muertos. Tragedia sin límites, la sombra avanza para comérselo todo, para matar o para robar. Los diálogos son menudos, sin frases importantes, pero con contenidos emotivos que recurren a las grandes tragedias griegas.
La iluminación y fotografía es de una acogedora calidez en este submundo tan sórdido de Gebo y su familia.
Un párrafo aparte merecen los actores. No ha sido la especialidad del director portugués la dirección de actores, sin embargo, siempre en todas sus películas, están todos correctos.
En este caso es sobre éllos que descansa el peso de la película. Hablada en francés para encontrar un espacio en común para actores de tan diferentes nacionalidades.
Michael Lonsdale, es quien encarna a Gebo y su tono de voz, que es casi un susurro pidiendo perdón es importantísimo para la trama.
Claudia Cardinale, en el rol de la madre y mujer de Gebo, es la Madre por antonomasia, sumiendo a su familia en la desdicha.
Leonor Silveira, como la nuera silenciosa y callada que cuida de sus padres adoptivos, resume en esta película toda su experiencia encarnando un personaje de muy diferente psicología a todo lo que había hecho hasta ahora.
Jeanne Moreau, es la vecina de las historias de pueblo, que sufre de palpitaciones a cambio de unas galletas. Luis Miguel Cintra acertadísimo en el personaje de Chamiço, quien viene a la casa por un café.
Y, por último, el núcleo de la historia, Ricardo Trepa, el nieto de Manoel de Oliveira, como el hijo pródigo que regresa sólo a traer más males a su familia.
De una cadencia lenta y sinuosa, como las últimas páginas de la muerte, es esta hermosa película.
A pocos días de su cumpleaños 105 (11 de diciembre), celebro haber visto esta su última (al menos por ahora) película.
No es necesario que mencione calificación ya que toda medición de mi parte está de más para una obra de arte.
Tributo a Manoel de Oliveira

viernes, 31 de mayo de 2013

El día de desesperación (Manoel de Oliveira, 1992)

Esta película es una especie de semi-documental biográfico novelado pero no demasiado, sobre los últimos tiempos del escritor portugués del siglo XIX Camillo Castelo Branco.
Para lograr contar su historia, el director escribió los diálogos en base a documentos tales como cartas del propio Castelo Branco y de su mujer Ana Placido.
Claro que hablar de documental cuando de Manoel de Oliveira se trata ya se sabe que va a resultar en una investigación creativa sobre las posibilidades del cine con mucha dosis de humor surrealista.
Todo esto mezclado en una salsa exquisita de fotografías de época y de personajes insólitos. La atmósfera que Manoel de Oliveira recrea está tan impregnada de emociones que toda la historia se vuelve un relato romántico de otras épocas.
Los actores se presentan éllos mismos y anticipan cuál va a ser el rol que van a jugar. La película se filma en la casa donde vivió Camillo Castelo Branco, hoy museo y hasta los objetos pasan a ser parte del drama.
Para los amantes del surrealismo hay señales por todas partes. Solo voy a contar una escena en la que aparece la mujer del escritor maquillándose frente a un espejo con una borla de polvos. Una criada la ayuda a empolvar los hombros y la espalda.
Acto seguido Ana Plácido le pide a la criada que le traiga la caja de puros. Elige uno por su aroma y lo corta como se hace con los cigarros. La criada la ayuda con la vela de un candelabro para encenderlo.
De más está decir que entre los polvos y el humo del puro hay una contradicción enorme que el espectador no puede dejar de percibir.
Pero el punto cúlmine llegará cuando Ana Placido se recline fumando en el sillón, se quite la peluca y quede la actriz Teresa Madruga fumando el puro y contándonos más detalles de la historia.
Toda esta suma de historias, guiños y saudades, pronto se convertirá en parte de una deliciosa melancolía de la que no va a ser muy fácil despegarse.
Para quienes amen el cine "cine", les recomiendo verla sin falta. Es una de las mejores creaciones de este centenario y prolífico director de cine portugués.
No voy a tener la desvergüenza de calificarla porque no me alcanzan los puntos de mi escala.