Jim Jarmusch es uno, por no decir el mayor, de los directores innovadores en Estados Unidos. Lo descubrí hace algunos años cuando ví "Una noche en la tierra", donde los diferentes episodios de la película se desarrollan en diversos sitios culturales. El episodio italiano es para llorar de la risa.
Sus películas pueden ser más o menos inquietantes, pero seguro que son inovadoras.
Y esta última película de Jim Jarmusch no es la excepción. Estamos hablando de Poesía, sí, con letras mayúsculas. Todo en "Paterson" es poesía.
Los personajes principales son Paterson (Adam Driver, qué tipo tan raro), su mujer Laura (Golshifteh Farahani, una dulzura iraní que debutara a los 14 años en el extraordinario film de Dariush Mehrjui, "El peral") y su perro Marvin (Nellie, a quien se recuerda en los títulos finales).
Paterson es un conductor de autobuses en la ciudad de Paterson, en el estado de New Jersey. Que su nombre coincida con el nombre de la ciudad donde nació y vive es otro de los guiños poéticos de Jim Jarmusch. Los tiempos en la película transcurren durante el curso de una semana, comenzando con el despertar de Paterson el día lunes.
Todo se desarrolla pacíficamente en la vida de este matrimonio. Laura tiene sus sueños de vender pasteles y hacerse millonaria con esa actividad, aunque luego también integra ser cantante country.
Y Paterson, escribe poemas. En un cuadernito con páginas sin rayar.
Los imagina mientras está desayunando y los comienza a escribir mientras espera el horario de salida sentado en su autobus y los sigue escribiendo durante el tiempo de su almuerzo.
Laura le pide que se los recite, pero él bastante tímidamente, rehusa hacerlo y en lugar de eso le recita poemas de William Carlos Williams, otro poeta nacido en Paterson, nada más que en este caso Jim Jarmusch se permite otra licencia poética, William Carlos Williams es real.
En las escenas en que conduce el autobus por la ciudad, el espectador ansioso está esperando que suceda algo dramático, que corte la liviandad de los días de Paterson. Pero no, Paterson observa todos los detalles a su alrededor y se divierte escuchando las conversaciones de los pasajeros.
A la noche, cuando regresa a su casa, siempre tiene que enderezar la casita del correo que aparece ladeada. Luego nos vamos a enterar el porqué en una de las escenas más cómicas de la película.
Después de cenar, Laura le pide que saque a pasear a Marvin y el camino que hace es siempre el mismo y termina con Marvin atado afuera de un bar, donde Paterson entra a tomarse una cerveza y se encuentra con una serie de personajes fantásticos.
Otro guiño de Jim Jarmush es hacia Peter Greenaway. Las líneas de los poemas que imagina Paterson aparecen escritas sobre la pantalla.
El espectador sensible que sabe apreciar la poesía de lo cotidiano va a adorar a Jim Jarmusch y esta película en particular.
Trailer
Nueve puntos sobre diez es mi calificación para esta sensible y sencilla reación de Jim Jarmusch.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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viernes, 15 de septiembre de 2017
sábado, 21 de junio de 2014
La noche americana (François Truffaut, 1973)
Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una película como de "La noche americana".
El cine de Truffaut tiene una peculiaridad. Entre los directores de la nouvelle vague, hay algunos de estilo bien definido y claro. Jean-Luc Godard, Alain Resnais, Agnes Varda, Eric Rohmer. En cambio Truffaut es un realizador que hace películas sin espíritu de autor. Sus films no llevan su sello, podrían ser de cualquier otro realizador. Y tampoco se identifican con el cine francés. Son films internacionales. Probablemente el más internacional de sus films sea este, "La noche americana".
En el cine francés se denomina filmar en "noche americana", a filmar de día con filtros para simular que es de noche.
Entonces, lo que Truffaut nos quiere contar es una historia sobre todos los trucos y vueltas de tuerca que hay que dar durante la realización de una película.
Tomada como tal, "La noche americana" es el mejor film que jamás se haya hecho sobre la filmación de una película. Cine dentro del cine, pero cine con todos los matices humanos que nos llevan a entender mejor a estos trabajadores que dedican sus mejores esfuerzos para la concepción y realización de una película.
Los actores son a su vez actores que actúan que están actuando en la realización de una película, pero que también son seres humanos con todos sus deseos y falencias.
Los increíbles Jean-Pierre Aumont y Valentina Cortese nos convencen de que realmente esos son sus problemas y como los manejan para sacar de sí mismos una actuación profesional. Jacqueline Bisset está tan linda que su actuación pasa a segundo plano. Solo queremos ver su hermoso y maravilloso rostro. Jean Pierre Leaud, aquel chico de "Los 400 golpes" y el cineasta de "El último tango en París", crea un personaje a la perfección, dejándonos totalmente convencidos que Alphonse es Jean Pierre Leaud en la realidad.
Todas las lecturas de "cine dentro del cine" se aplican a los demás personajes. François Truffaut es, como no cabía otra posibilidad, Ferrand, el director del film "Je vous presente Pamela" que se está realizando.
Todos los personajes, de una manera u otra, deben lidiar con las crisis personales de los actores y del resto del equipo. Hasta Joelle (Nathalie Baye) asistente del director, carga sobre sus hombros todas las tareas pesadas que aparecen a cada momento. Liliane (Dani) que fue incorporada al equipo por Alphonse, ya que quiere casarse con élla y termina fugándose con el doble de riesgos inglés.
De la cantidad de personajes que pululan por la película, cada uno con su pequeña historia, vamos rescatando el verdadero espíritu de comunidad que conforma un equipo de gente. Y así aparece la magia, de la nada, o de la música del gran Georges Delerue.
Y lo que no es una historia apasionada, donde no hay dramas ni asesinatos, sino solo los esfuerzos de este equipo de gente por llevar adelante una película, se vuelve una historia épica sobre el cine, como nadie antes jamás filmó.
Los cuatro minutos iniciales.
Diez puntos sobre diez para esta gran película de François Truffaut.
El cine de Truffaut tiene una peculiaridad. Entre los directores de la nouvelle vague, hay algunos de estilo bien definido y claro. Jean-Luc Godard, Alain Resnais, Agnes Varda, Eric Rohmer. En cambio Truffaut es un realizador que hace películas sin espíritu de autor. Sus films no llevan su sello, podrían ser de cualquier otro realizador. Y tampoco se identifican con el cine francés. Son films internacionales. Probablemente el más internacional de sus films sea este, "La noche americana".
En el cine francés se denomina filmar en "noche americana", a filmar de día con filtros para simular que es de noche.
Entonces, lo que Truffaut nos quiere contar es una historia sobre todos los trucos y vueltas de tuerca que hay que dar durante la realización de una película.
Tomada como tal, "La noche americana" es el mejor film que jamás se haya hecho sobre la filmación de una película. Cine dentro del cine, pero cine con todos los matices humanos que nos llevan a entender mejor a estos trabajadores que dedican sus mejores esfuerzos para la concepción y realización de una película.
Los actores son a su vez actores que actúan que están actuando en la realización de una película, pero que también son seres humanos con todos sus deseos y falencias.
Los increíbles Jean-Pierre Aumont y Valentina Cortese nos convencen de que realmente esos son sus problemas y como los manejan para sacar de sí mismos una actuación profesional. Jacqueline Bisset está tan linda que su actuación pasa a segundo plano. Solo queremos ver su hermoso y maravilloso rostro. Jean Pierre Leaud, aquel chico de "Los 400 golpes" y el cineasta de "El último tango en París", crea un personaje a la perfección, dejándonos totalmente convencidos que Alphonse es Jean Pierre Leaud en la realidad.
Todas las lecturas de "cine dentro del cine" se aplican a los demás personajes. François Truffaut es, como no cabía otra posibilidad, Ferrand, el director del film "Je vous presente Pamela" que se está realizando.
Todos los personajes, de una manera u otra, deben lidiar con las crisis personales de los actores y del resto del equipo. Hasta Joelle (Nathalie Baye) asistente del director, carga sobre sus hombros todas las tareas pesadas que aparecen a cada momento. Liliane (Dani) que fue incorporada al equipo por Alphonse, ya que quiere casarse con élla y termina fugándose con el doble de riesgos inglés.
De la cantidad de personajes que pululan por la película, cada uno con su pequeña historia, vamos rescatando el verdadero espíritu de comunidad que conforma un equipo de gente. Y así aparece la magia, de la nada, o de la música del gran Georges Delerue.
Y lo que no es una historia apasionada, donde no hay dramas ni asesinatos, sino solo los esfuerzos de este equipo de gente por llevar adelante una película, se vuelve una historia épica sobre el cine, como nadie antes jamás filmó.
Los cuatro minutos iniciales.
Diez puntos sobre diez para esta gran película de François Truffaut.
lunes, 21 de abril de 2014
La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)
Un absoluto lujo para cinéfilos. "La gran belleza" tiene ese sabor a espectáculo, reflexiones y humanidad que no se veía hace mucho tiempo en el cine y aún menos en el gran cine italiano.
Heredero directo del gran Federico Fellini, Paolo Sorrentino vuelve a poner en escena la decadencia de la sociedad romana y la belleza inherente a la deslumbrante ciudad de Roma y a sus marionetas.
Rememorando a cincuenta años de la filmación de "La dolce vita", Paolo Sorrentino nos brinda con una mirada actualizada y con una excelente fotografía de Luca Bigazzi, la visión de Jep Gambardella (la mejor actuación de Toni Servillo desde "Bella addormentata") sobre los personajes que deambulan por el jet set de Roma. Jep Gambardella ha escrito una sola novela en su juventud por la que ha sido ampliamente reconocido y a sus 65 años medita en que debiera escribir otro.
Los guiños al cine de Fellini son innumerables y es evidente que Paolo Sorrentino quiso hacerle un homenaje.
El cruce del personaje con Fanny Ardant con un diálogo escueto -Madame Ardant- dice Jep, -Bonne nuit- contesta Fanny Ardant, remite a Fellini-Roma cuando la cámara sorprende a Anna Magnani regresando a su casa.
De "Julieta de los espíritus" hay escenas muy parecidad, las damas de la sociedad todas éllas con importantes capelinas rodeando al cardenal en una escena campestre. La visita a la vidente se transforma por acto de magia contemporáneo en el consultorio de un aplicador de botox. Hay innumerables guiños a Fellini, una de las que acude por bótox es una monja que luego acudirá con igual fervor a visitar a la santa.
La editora de Jep, que es una enana nos hace acordar de la monja enana de "Amarcord".
La pregunta de Jep al cardenal sobre sus dudas existenciales quedan sin respuesta porque el cardenal huye presuroso y cuando no puede, porque está en su auto, procede a bendecirlo.
Otro personaje inolvidable es el de Ramona (Sabrina Ferili), la stripper que se gasta todo su dinero en no se sabe qué, hasta que devela que es en su enfermedad.
Y como broche de oro la visita de la santa, una monja que vive atendiendo a sus pobrecitos en el Chad y que en su estadía en Roma insiste en conocer a Jep porque es una admiradora de su novela y quiere que estén también los condes de Colonna porque los conoció de pequeña (la monja tiene 104 años) que ya han muerto, pero el organizador contrata a dos nobles que por una tarifa razonable acuden a fiestas y comidas.
El ritmo es excelente y si bien al principio de la película nos abruma un poco con las fiestas y los bailes, esto es necesario para introducirnos en el clima que la película promueve.
Hay cientos y cientos de llamados al asombro y esto es otro guiño al cine de Fellini. Pero no es una película de Fellini, aunque comparte su amor por los personajes. Es definitivamente una película y una gran película de Paolo Sorrentino al estilo de Fellini.
La gran belleza (incluye cruce con Fanny Ardant)
Títulos finales
Los diez puntos de mi modesta calificación se quedan cortos para apreciar una obra maestra del cine como esta.
Heredero directo del gran Federico Fellini, Paolo Sorrentino vuelve a poner en escena la decadencia de la sociedad romana y la belleza inherente a la deslumbrante ciudad de Roma y a sus marionetas.
Rememorando a cincuenta años de la filmación de "La dolce vita", Paolo Sorrentino nos brinda con una mirada actualizada y con una excelente fotografía de Luca Bigazzi, la visión de Jep Gambardella (la mejor actuación de Toni Servillo desde "Bella addormentata") sobre los personajes que deambulan por el jet set de Roma. Jep Gambardella ha escrito una sola novela en su juventud por la que ha sido ampliamente reconocido y a sus 65 años medita en que debiera escribir otro.
Los guiños al cine de Fellini son innumerables y es evidente que Paolo Sorrentino quiso hacerle un homenaje.
El cruce del personaje con Fanny Ardant con un diálogo escueto -Madame Ardant- dice Jep, -Bonne nuit- contesta Fanny Ardant, remite a Fellini-Roma cuando la cámara sorprende a Anna Magnani regresando a su casa.
De "Julieta de los espíritus" hay escenas muy parecidad, las damas de la sociedad todas éllas con importantes capelinas rodeando al cardenal en una escena campestre. La visita a la vidente se transforma por acto de magia contemporáneo en el consultorio de un aplicador de botox. Hay innumerables guiños a Fellini, una de las que acude por bótox es una monja que luego acudirá con igual fervor a visitar a la santa.
La editora de Jep, que es una enana nos hace acordar de la monja enana de "Amarcord".
La pregunta de Jep al cardenal sobre sus dudas existenciales quedan sin respuesta porque el cardenal huye presuroso y cuando no puede, porque está en su auto, procede a bendecirlo.
Otro personaje inolvidable es el de Ramona (Sabrina Ferili), la stripper que se gasta todo su dinero en no se sabe qué, hasta que devela que es en su enfermedad.
Y como broche de oro la visita de la santa, una monja que vive atendiendo a sus pobrecitos en el Chad y que en su estadía en Roma insiste en conocer a Jep porque es una admiradora de su novela y quiere que estén también los condes de Colonna porque los conoció de pequeña (la monja tiene 104 años) que ya han muerto, pero el organizador contrata a dos nobles que por una tarifa razonable acuden a fiestas y comidas.
El ritmo es excelente y si bien al principio de la película nos abruma un poco con las fiestas y los bailes, esto es necesario para introducirnos en el clima que la película promueve.
Hay cientos y cientos de llamados al asombro y esto es otro guiño al cine de Fellini. Pero no es una película de Fellini, aunque comparte su amor por los personajes. Es definitivamente una película y una gran película de Paolo Sorrentino al estilo de Fellini.
La gran belleza (incluye cruce con Fanny Ardant)
Títulos finales
Los diez puntos de mi modesta calificación se quedan cortos para apreciar una obra maestra del cine como esta.
jueves, 13 de marzo de 2014
El artista y la modelo (Fernando Trueba, 2012)
Fernando Trueba abandona los guiones costumbristas sobre la España franquista y, con la colaboración de nada menos que Jean-Claude Carriere, escribe un guión sobre la dificultad de un artista para acercarse a su ideal de belleza.
Con una excelente fotografía en blanco y negro de Daniel Vilar, compone una película que será difícil de olvidar para el espectador.
El artista es Jean Rochefort, la modelo es Aída Folch y Claudia Cardinale la mujer del artista.
Los tres están excelentes en sus personificaciones, sobre todo Jean Rochefort quien carga con la dura tarea de personificar a un artista en el final de su carrera a sus 82 años.
Pero la esencia del film podría pasar de largo opacada por la historia de una joven española que huye de la guerra civil y se refugia en una aldea al sur de Francia, donde vive el artista del título.
La mujer del artista que la ve lavarse en una fuente la lleva a comer a su casa y ambos le ofrecen el rol de modelo. Luego vienen las vicisitudes del artista en la creación de su obra.
Y justamente en esas vicisitudes es donde reside el hechizo del film. Los gestos del director para guiar al espectador hacia donde quiere están en el encanto de la fotografía. De árboles, de pájaros, de la naturaleza exuberante de esta región de Francia, de la belleza del cuerpo desnudo de Aída Folch y de los interiores de la cabaña donde el artista tiene su atelier iluminados extraordinariamente.
Mientras tanto la historia se desenvuelve con unas pocas variantes. Los niños que espían a la modelo desnuda. La llegada de un oficial nazi, profesor de arte alemán que está escribiendo la biografía del artista.
La aparición de un camarada de la modelo que está herido y necesita un lugar donde quedarse hasta recuperarse. No hay mucho más, salvo las intervenciones de Chus Lampreave como María, la criada del artista.
Pero el espectador se ve recompensado por una película agri-dulce acerca de la aproximación del artista a su ideal y de como un momento triste de la historia, el fin de la segunda guerra mundial, puede contener también una historia de belleza y afectos. No tiene desperdicio.
Una aproximación a la película.
Mi calificación es de nueve puntos para una magnífica realización de Fernando Trueba.
Con una excelente fotografía en blanco y negro de Daniel Vilar, compone una película que será difícil de olvidar para el espectador.
El artista es Jean Rochefort, la modelo es Aída Folch y Claudia Cardinale la mujer del artista.
Los tres están excelentes en sus personificaciones, sobre todo Jean Rochefort quien carga con la dura tarea de personificar a un artista en el final de su carrera a sus 82 años.
Pero la esencia del film podría pasar de largo opacada por la historia de una joven española que huye de la guerra civil y se refugia en una aldea al sur de Francia, donde vive el artista del título.
La mujer del artista que la ve lavarse en una fuente la lleva a comer a su casa y ambos le ofrecen el rol de modelo. Luego vienen las vicisitudes del artista en la creación de su obra.
Y justamente en esas vicisitudes es donde reside el hechizo del film. Los gestos del director para guiar al espectador hacia donde quiere están en el encanto de la fotografía. De árboles, de pájaros, de la naturaleza exuberante de esta región de Francia, de la belleza del cuerpo desnudo de Aída Folch y de los interiores de la cabaña donde el artista tiene su atelier iluminados extraordinariamente.
Mientras tanto la historia se desenvuelve con unas pocas variantes. Los niños que espían a la modelo desnuda. La llegada de un oficial nazi, profesor de arte alemán que está escribiendo la biografía del artista.
La aparición de un camarada de la modelo que está herido y necesita un lugar donde quedarse hasta recuperarse. No hay mucho más, salvo las intervenciones de Chus Lampreave como María, la criada del artista.
Pero el espectador se ve recompensado por una película agri-dulce acerca de la aproximación del artista a su ideal y de como un momento triste de la historia, el fin de la segunda guerra mundial, puede contener también una historia de belleza y afectos. No tiene desperdicio.
Una aproximación a la película.
Mi calificación es de nueve puntos para una magnífica realización de Fernando Trueba.
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