En el cine norteamericano detona periódicamente una supernova que ilumina el cielo de las estrellas hollywoodense durante un momento. Ese es exactamente el caso de "Manchester frente al mar", escrita y dirigida por Kenneth Lonergan.
Como antecedentes se puede citar "Margaret", película que aún no he visto, pero que tiene excelentes críticas.
No es que aporte nuevas ideas al mundo del cine, es más, su estilo es ultra conservador, pero hereda de Clint Eastwood el ritmo que le permite explorar en todas sus posibilidades las escenas dramáticas y a su vez transforma en drama a todo el continente de la película..
Es realmente asombroso como consigue que Casey Affleck, quien lleva sobre sus hombros todo el peso de la historia, sea convincente en su personaje de Lee Chandler, un arquetipo del norteamericano de clase baja, que está huyendo de sus emociones y por lo tanto de su vida. Es más, utiliza recursos que yo creo que ni Casey Affleck sabía que los tenía, dosificados con tanto arte y contención que resultan asfixiantes para el espectador. Y no es que los aborde con inexpresividad como Ryan Gosling en "La la land" (aún no entiendo como esta buena película pudo haber sido elegida para competir por el título de mejor película en el show de los Oscar), sino que se adivina realmente la contención en su mirada, en sus gestos. Cuando la represión hace que estalle en llanto en una de las mejores escenas dramáticas, hasta el llanto es contenido y para el espectador, absurdamente real.
Todos los personajes de la historia, especialmente Patrick (Lucas Hedges), la ex-mujer de Lee, Randi (la estupenda Michelle Williams), el hermano de Lee, Joe Chandler (Kyle Chandler), su amigo George (C.J. Wilson) y la madre de Patrick, Elise Chandler (Gretchen Mol), brindan actuaciones memorables, justamente por convertirse en seres muy alejados de la humanidad emotiva y viviente. Cargan con sus vidas como si de objetos se trataran y siguen su curso adelante sin detenerse a meditar ni un segundo en los hechos que están viviendo.
La escena entre Randi (Michelle Williams) y Lee (Casey Affleck) cuando se encuentran por casualidad en una calle de Manchester, es donde la incomunicación se lleva todas las palmas a la mejor represión. Quieren decirse que se quieren, pero no pueden, están absurdamente bloqueados por el estilo de vida que llevan.
Hay otra escena memorable en la película, donde se revelan los recuerdos más dolorosos de Lee. Toda esa escena no tiene ni una sola palabra. Está iluminada por el "Adagio" de Albinoni, en una de las mejores utilizaciones que haya visto en la historia del cine de este dramático tema.
Excelente la banda de sonido de Lesley Barber. Interpreta notablemente las ideas del escritor y director Kenneth Lonergan.
El espectador sensible va a sentirse despojado de sus sentimientos y de sus emociones, porque toda la película colabora eficazmente en ese sentido y va a permanecer en silencio. Pero es una experiencia que no va a olvidar fácilmente.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para una excepcional página del cine contemporáneo.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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domingo, 5 de marzo de 2017
viernes, 26 de diciembre de 2014
Un mundo conectado (The Zero Theorem) (Terry Gilliam, 2013) 🌟🌟🌟🌟🌟
Lo que está en juego es el alma de Qohen Leth (Christoph Waltz). El espera una llamada telefónica que le revelará el sentido de su vida. Mientras tanto su alma vegeta perdida en el terror que siente hacia la sociedad que lo rodea.
Que la acción de "Zero Theorem" suceda en el futuro es simplemente un avatar que le permite a Terry Gilliam poner en acción toda su parafernalia cibernética. No quiero ni imaginar lo que debe deambular por sus pensamientos más profundos.
Qohen prefiere trabajar desde su casa, así no pierde posibilidades de contestar la llamada reveladora y ademas porque tiene un infinito terror a enfrentarse con el caos que lo rodea.
Un mundo alucinado de publicidad y marketing donde todo puede suceder si uno compra determinada marca o llama a determinado número publicitario (cualquier semejanza con la realidad es deliberada).
También a través de la computadora, Qohen tiene sesiones con una psiquiatra de endemoniados labios fruncidos, la Dra. Shrink-Rom (Tilda Swinton), quien pretende revelar a Qohen el sentido de sus pánicos y temores.
Qohen es "programador" de un universo cibernético también caótico. Y realmente sufre cuando debe ir a trabajar en su oficina, un cubículo de reducidas dimensiones donde solo interactúa con el computador. Su supervisor, Joby (David Thewlis) le promete conseguirle una entrevista con el director si va a su fiesta para persuadirlo que le permita trabajar desde su casa.
La fiesta de Joby es otra oportunidad para Gilliam de desarrollar sus infinitas alucinaciones en un mundo del futuro, que entiendo que aunque vestidas de futuro, para Gilliam, como para Qohen, son tan presentes como la Navidad.
En la fiesta tiene, aparentemente por casualidad, la dichosa entrevista con el director (Matt Damon) quien, interesado en Qohen le promete incorporarlo al team que está en busca de la resolución del dichoso teorema Zero que da nombre a la película.
En la fiesta Qohen conoce a Bainsley (Melanie Thierry) quien pasará a ser parte del mundo virtual de Qohen y le dará los datos para ingresar a su página, desde donde viajarán a paraísos perdidos.
Siguiendo el fantasmagórico guión de Pat Rushin, Gilliam hace que el desventurado Qohen se embarque en la aventura ansiosa y angustiante de descifrar el dichoso teorema Zero.
Para ayudar a Qohen, el director le envía a su hijo Bob (Lucas Hedges) quien es un genio de la cibernética. Bob es un muchacho altamente especializado en juegos de computadora y con habilidad e ingenio para resolver los entuertos que se presentan en el desarrollo de las actividades de Qohen.
La casa donde vive y trabaja Qohen, fue en una época un convento y gracias a esa justificación, Gilliam la envuelve en un ambiente gótico donde moran los vitrales y las imágenes católicas.
Pero, como dije desde un principio, lo que está realmente en juego es el alma perdida de Qohen.
Perdida en un universo caótico donde nada tiene justificación (salvo quizás el ratón que se roba los restos).
La imaginación desbordante de Terry Gilliam crea un nuevo universo fantasmagórico, un poco menos angustiante que los de sus últimas películas, pero lleno de delirios y humoradas técnicas.
Trailer subtitulado
Nada más puedo agregar. El genio de Terry Gilliam lo hace todo y deja al espectador confuso y sumido en su interior para buscar su propia respuesta al teorema Zero.
Diez puntos para "Un mundo conectado", falso título en castellano para "The Zero Theorem".
Que la acción de "Zero Theorem" suceda en el futuro es simplemente un avatar que le permite a Terry Gilliam poner en acción toda su parafernalia cibernética. No quiero ni imaginar lo que debe deambular por sus pensamientos más profundos.
Qohen prefiere trabajar desde su casa, así no pierde posibilidades de contestar la llamada reveladora y ademas porque tiene un infinito terror a enfrentarse con el caos que lo rodea.
Un mundo alucinado de publicidad y marketing donde todo puede suceder si uno compra determinada marca o llama a determinado número publicitario (cualquier semejanza con la realidad es deliberada).
También a través de la computadora, Qohen tiene sesiones con una psiquiatra de endemoniados labios fruncidos, la Dra. Shrink-Rom (Tilda Swinton), quien pretende revelar a Qohen el sentido de sus pánicos y temores.
Qohen es "programador" de un universo cibernético también caótico. Y realmente sufre cuando debe ir a trabajar en su oficina, un cubículo de reducidas dimensiones donde solo interactúa con el computador. Su supervisor, Joby (David Thewlis) le promete conseguirle una entrevista con el director si va a su fiesta para persuadirlo que le permita trabajar desde su casa.
La fiesta de Joby es otra oportunidad para Gilliam de desarrollar sus infinitas alucinaciones en un mundo del futuro, que entiendo que aunque vestidas de futuro, para Gilliam, como para Qohen, son tan presentes como la Navidad.
En la fiesta tiene, aparentemente por casualidad, la dichosa entrevista con el director (Matt Damon) quien, interesado en Qohen le promete incorporarlo al team que está en busca de la resolución del dichoso teorema Zero que da nombre a la película.
En la fiesta Qohen conoce a Bainsley (Melanie Thierry) quien pasará a ser parte del mundo virtual de Qohen y le dará los datos para ingresar a su página, desde donde viajarán a paraísos perdidos.
Siguiendo el fantasmagórico guión de Pat Rushin, Gilliam hace que el desventurado Qohen se embarque en la aventura ansiosa y angustiante de descifrar el dichoso teorema Zero.
Para ayudar a Qohen, el director le envía a su hijo Bob (Lucas Hedges) quien es un genio de la cibernética. Bob es un muchacho altamente especializado en juegos de computadora y con habilidad e ingenio para resolver los entuertos que se presentan en el desarrollo de las actividades de Qohen.
La casa donde vive y trabaja Qohen, fue en una época un convento y gracias a esa justificación, Gilliam la envuelve en un ambiente gótico donde moran los vitrales y las imágenes católicas.
Pero, como dije desde un principio, lo que está realmente en juego es el alma perdida de Qohen.
Perdida en un universo caótico donde nada tiene justificación (salvo quizás el ratón que se roba los restos).
La imaginación desbordante de Terry Gilliam crea un nuevo universo fantasmagórico, un poco menos angustiante que los de sus últimas películas, pero lleno de delirios y humoradas técnicas.
Trailer subtitulado
Nada más puedo agregar. El genio de Terry Gilliam lo hace todo y deja al espectador confuso y sumido en su interior para buscar su propia respuesta al teorema Zero.
Diez puntos para "Un mundo conectado", falso título en castellano para "The Zero Theorem".
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