"La douleur" está basada en una novela autobiográfica de Marguerite Duras adaptada al cine por el director Emmanuel Finkiel.
En su relato, Marguerite Duras (Melanie Thierry), describe los terribles últimos años de la ocupación alemana de París, después que a su marido Robert lo han detenido los policías de la Gestapo francesa.
Un policía, Pierre Rabier (Benoit Magimel) la contacta declarándose un ferviente admirador de su obra, para ofrecerle ayuda con su marido.
Su amigo Dionys (Benjamin Biolay) le advierte que es una situación muy riesgosa, porque probablemente lo que busque sea sacarle información.
Más allá de las idas y vueltas con el policía, Marguerite oscila entre pensar que a su marido lo han matado ya o cuál será su actitud cuando regrese.
Luego la liberación y la vuelta de los presos en campos de concentración. Caminando descalzos por caminos abandonados. Escuálidos y enfermos. Y todavía, como piensa Marguerite, todavía nadie piensa en los judíos.
De Gaulle y los gaullistas determinan que hay que dejar atrás todo. El sufrimiento, el hambre, el dolor de los seres queridos desaparecidos. Todo hay que dejarlo atrás.
En las memorias de Marguerite, el temible espectro de la guerra se va perfilando cada vez con mayor nitidez, a punto de no saber si está esperando a su marido o si hay otro pavor detrás.
Alemania está en llamas, describe. Como podrá regresar su marido desde un país en llamas.
En un film excelentemente bien realizado, la prosa de Marguerite Duras se hace llagas en la piel de los seres humanos. Como Madame Katz (Shulamit Adar) que espera el regreso de su hija minusválida que se llevaron los alemanes.
Como Francis Morland (alias para Miterrand) (Gregoire LePrince-Ringuet) que sacude a Marguerite con su discurso positivista.
Como su vecina, Mme. Bordes (Anne-Louise Heimburger) que desespera que su marido vuelva y ya no sale de la cama.
Impecablemente delineado, el Dolor del título, estalla en las mentes de los espectadores,
Excepcional el trabajo de Melanie Thierry. Su rostro describe todo el proceso emocional que las frases leídas en off, sacuden sobre Marguerite.
Muy bueno el trabajo de fotografía de Alexis Kavyrchine.
Trailer subtitulado en castellano
Nueve puntos sobre diez para este extraordinario trabajo de recreación de las memorias de Marguerite Duras y por extensión del ser humano.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
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sábado, 29 de junio de 2019
domingo, 3 de enero de 2016
La leyenda del pianista en el océano ( Giuseppe Tornatore, 1998) 🌟🌟🌟🌟
Utilizando el monólogo teatral "Novecento" de Alessandro Baricco, Giuseppe Tornatore escribe un guión, un poco estirado, que da a lugar a una película de 2 horas y 50 minutos de duración.
Es la historia de Danny Boodman T.D. Lemon Mil Novecientos, quien fuera encontrado abandonado sobre el piano de la primera clase del trasatlántico Virginia en un moisés improvisado con un cajón de T.D.Lemon. El que lo encontró fue el marinero negro Danny Boodman (Bill Nunn), quien lo crió y protegió hasta que un accidente cobró su vida en el barco.
Falta explicar porqué lo de Mil Novecientos en el nombre. Es porque Danny lo encontró el primer mes del primer año del siglo XX y da cierto prestigio tener un número en el nombre.
Novecientos crece y vive en el barco, sin bajar nunca a tierra. Al principio porque las autoridades portuarias pudieran reclamar los documentos del chico y hasta podría haber una denuncia de un bebé perdido. Y luego porque él no quiere desprenderse del barco.
Una noche todo el barco se despierta estupefacto. Una música suena en el comedor de la primera clase. Van los pasajeros y tripulación en peregrinación y se encuentran a Novecientos brindando un espectáculo de interpretación al piano. Nadie sabrá nunca cuándo fue que el niño aprendió a tocar el instrumento ni de donde encontró tanta belleza en su música.
Novecientos va a formar parte desde entonces del espectáculo musical del crucero.
Todo esto se lo cuenta Max Tooney (Pruitt Taylor Vince) a un comerciante del puerto (Peter Vaughan) al que le ha vendido su trompeta.
Y así, entre anécdotas y recuerdos se va desarrollando esta melancólica historia de Novecientos (Tim Roth), un visionario sabio y profundo a la vez que un músico de primera calidad.
Tanto que envidiando su fama, Jelly Roll Morton (Clarence Williams) va a retar a Novecientos a un duelo de pianistas. Novecientos que no entiende de competencia, no desconfía del desafío y se presta ingenuamente a hacer su parte.
Con una magnífica fotografía de Lajos Koltai y la banda sonora compuesta por el gran Ennio Morricone, esta película de Tornatore se constituye en la apoteosis de la poesía con que realizó Cinema Paradiso. Es extraño que no haya tenido muchísima más difusión.
La actuación de Tim Roth es espectacular. Su rostro aniñado demuestra toda la paz y la serenidad con que Novecientos vive su vida de pequeño alcance.
Una vez se enamora de una chica pasajera, (Melanie Thierry) y por una oración que élla dice de su padre, se da cuenta que se trata de la hija de un pasajero (Gabriele Lavia) que años atrás lo acompañó en una de sus interpretaciones solitarias usando un pequeño acordeón. Pero aún así, Novecientos no va a dejar el barco que ha sido su moisés y su cuna durante toda su vida.
De una belleza inusual y con un lenguaje poético donde asoma el alma de Tornatore, la película se convierte en un vehículo para la reflexión y la introspección del espectador, ya que sus sentimientos van a ser removidos, no conmovidos, pero sí desordenados.
Tema de amor
Otra cosa que el espectador va a notar es que la molestia por la lentitud con que se desarrollan los hechos va a cambiar en una dulce sensación de bienestar cuando sus sentidos se impregnen de las imágenes, los sonidos y la historia tan melancólica de este ser inexistente para la historia que se vuelve en tema principal de nuestras ideas y emociones.
Nueve puntos sin dudar para "La leyenda del pianista en el océano" (dicho Novecento).
Es la historia de Danny Boodman T.D. Lemon Mil Novecientos, quien fuera encontrado abandonado sobre el piano de la primera clase del trasatlántico Virginia en un moisés improvisado con un cajón de T.D.Lemon. El que lo encontró fue el marinero negro Danny Boodman (Bill Nunn), quien lo crió y protegió hasta que un accidente cobró su vida en el barco.
Falta explicar porqué lo de Mil Novecientos en el nombre. Es porque Danny lo encontró el primer mes del primer año del siglo XX y da cierto prestigio tener un número en el nombre.
Novecientos crece y vive en el barco, sin bajar nunca a tierra. Al principio porque las autoridades portuarias pudieran reclamar los documentos del chico y hasta podría haber una denuncia de un bebé perdido. Y luego porque él no quiere desprenderse del barco.
Una noche todo el barco se despierta estupefacto. Una música suena en el comedor de la primera clase. Van los pasajeros y tripulación en peregrinación y se encuentran a Novecientos brindando un espectáculo de interpretación al piano. Nadie sabrá nunca cuándo fue que el niño aprendió a tocar el instrumento ni de donde encontró tanta belleza en su música.
Novecientos va a formar parte desde entonces del espectáculo musical del crucero.
Todo esto se lo cuenta Max Tooney (Pruitt Taylor Vince) a un comerciante del puerto (Peter Vaughan) al que le ha vendido su trompeta.
Y así, entre anécdotas y recuerdos se va desarrollando esta melancólica historia de Novecientos (Tim Roth), un visionario sabio y profundo a la vez que un músico de primera calidad.
Tanto que envidiando su fama, Jelly Roll Morton (Clarence Williams) va a retar a Novecientos a un duelo de pianistas. Novecientos que no entiende de competencia, no desconfía del desafío y se presta ingenuamente a hacer su parte.
Con una magnífica fotografía de Lajos Koltai y la banda sonora compuesta por el gran Ennio Morricone, esta película de Tornatore se constituye en la apoteosis de la poesía con que realizó Cinema Paradiso. Es extraño que no haya tenido muchísima más difusión.
La actuación de Tim Roth es espectacular. Su rostro aniñado demuestra toda la paz y la serenidad con que Novecientos vive su vida de pequeño alcance.
Una vez se enamora de una chica pasajera, (Melanie Thierry) y por una oración que élla dice de su padre, se da cuenta que se trata de la hija de un pasajero (Gabriele Lavia) que años atrás lo acompañó en una de sus interpretaciones solitarias usando un pequeño acordeón. Pero aún así, Novecientos no va a dejar el barco que ha sido su moisés y su cuna durante toda su vida.
De una belleza inusual y con un lenguaje poético donde asoma el alma de Tornatore, la película se convierte en un vehículo para la reflexión y la introspección del espectador, ya que sus sentimientos van a ser removidos, no conmovidos, pero sí desordenados.
Tema de amor
Otra cosa que el espectador va a notar es que la molestia por la lentitud con que se desarrollan los hechos va a cambiar en una dulce sensación de bienestar cuando sus sentidos se impregnen de las imágenes, los sonidos y la historia tan melancólica de este ser inexistente para la historia que se vuelve en tema principal de nuestras ideas y emociones.
Nueve puntos sin dudar para "La leyenda del pianista en el océano" (dicho Novecento).
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viernes, 26 de diciembre de 2014
Un mundo conectado (The Zero Theorem) (Terry Gilliam, 2013) 🌟🌟🌟🌟🌟
Lo que está en juego es el alma de Qohen Leth (Christoph Waltz). El espera una llamada telefónica que le revelará el sentido de su vida. Mientras tanto su alma vegeta perdida en el terror que siente hacia la sociedad que lo rodea.
Que la acción de "Zero Theorem" suceda en el futuro es simplemente un avatar que le permite a Terry Gilliam poner en acción toda su parafernalia cibernética. No quiero ni imaginar lo que debe deambular por sus pensamientos más profundos.
Qohen prefiere trabajar desde su casa, así no pierde posibilidades de contestar la llamada reveladora y ademas porque tiene un infinito terror a enfrentarse con el caos que lo rodea.
Un mundo alucinado de publicidad y marketing donde todo puede suceder si uno compra determinada marca o llama a determinado número publicitario (cualquier semejanza con la realidad es deliberada).
También a través de la computadora, Qohen tiene sesiones con una psiquiatra de endemoniados labios fruncidos, la Dra. Shrink-Rom (Tilda Swinton), quien pretende revelar a Qohen el sentido de sus pánicos y temores.
Qohen es "programador" de un universo cibernético también caótico. Y realmente sufre cuando debe ir a trabajar en su oficina, un cubículo de reducidas dimensiones donde solo interactúa con el computador. Su supervisor, Joby (David Thewlis) le promete conseguirle una entrevista con el director si va a su fiesta para persuadirlo que le permita trabajar desde su casa.
La fiesta de Joby es otra oportunidad para Gilliam de desarrollar sus infinitas alucinaciones en un mundo del futuro, que entiendo que aunque vestidas de futuro, para Gilliam, como para Qohen, son tan presentes como la Navidad.
En la fiesta tiene, aparentemente por casualidad, la dichosa entrevista con el director (Matt Damon) quien, interesado en Qohen le promete incorporarlo al team que está en busca de la resolución del dichoso teorema Zero que da nombre a la película.
En la fiesta Qohen conoce a Bainsley (Melanie Thierry) quien pasará a ser parte del mundo virtual de Qohen y le dará los datos para ingresar a su página, desde donde viajarán a paraísos perdidos.
Siguiendo el fantasmagórico guión de Pat Rushin, Gilliam hace que el desventurado Qohen se embarque en la aventura ansiosa y angustiante de descifrar el dichoso teorema Zero.
Para ayudar a Qohen, el director le envía a su hijo Bob (Lucas Hedges) quien es un genio de la cibernética. Bob es un muchacho altamente especializado en juegos de computadora y con habilidad e ingenio para resolver los entuertos que se presentan en el desarrollo de las actividades de Qohen.
La casa donde vive y trabaja Qohen, fue en una época un convento y gracias a esa justificación, Gilliam la envuelve en un ambiente gótico donde moran los vitrales y las imágenes católicas.
Pero, como dije desde un principio, lo que está realmente en juego es el alma perdida de Qohen.
Perdida en un universo caótico donde nada tiene justificación (salvo quizás el ratón que se roba los restos).
La imaginación desbordante de Terry Gilliam crea un nuevo universo fantasmagórico, un poco menos angustiante que los de sus últimas películas, pero lleno de delirios y humoradas técnicas.
Trailer subtitulado
Nada más puedo agregar. El genio de Terry Gilliam lo hace todo y deja al espectador confuso y sumido en su interior para buscar su propia respuesta al teorema Zero.
Diez puntos para "Un mundo conectado", falso título en castellano para "The Zero Theorem".
Que la acción de "Zero Theorem" suceda en el futuro es simplemente un avatar que le permite a Terry Gilliam poner en acción toda su parafernalia cibernética. No quiero ni imaginar lo que debe deambular por sus pensamientos más profundos.
Qohen prefiere trabajar desde su casa, así no pierde posibilidades de contestar la llamada reveladora y ademas porque tiene un infinito terror a enfrentarse con el caos que lo rodea.
Un mundo alucinado de publicidad y marketing donde todo puede suceder si uno compra determinada marca o llama a determinado número publicitario (cualquier semejanza con la realidad es deliberada).
También a través de la computadora, Qohen tiene sesiones con una psiquiatra de endemoniados labios fruncidos, la Dra. Shrink-Rom (Tilda Swinton), quien pretende revelar a Qohen el sentido de sus pánicos y temores.
Qohen es "programador" de un universo cibernético también caótico. Y realmente sufre cuando debe ir a trabajar en su oficina, un cubículo de reducidas dimensiones donde solo interactúa con el computador. Su supervisor, Joby (David Thewlis) le promete conseguirle una entrevista con el director si va a su fiesta para persuadirlo que le permita trabajar desde su casa.
La fiesta de Joby es otra oportunidad para Gilliam de desarrollar sus infinitas alucinaciones en un mundo del futuro, que entiendo que aunque vestidas de futuro, para Gilliam, como para Qohen, son tan presentes como la Navidad.
En la fiesta tiene, aparentemente por casualidad, la dichosa entrevista con el director (Matt Damon) quien, interesado en Qohen le promete incorporarlo al team que está en busca de la resolución del dichoso teorema Zero que da nombre a la película.
En la fiesta Qohen conoce a Bainsley (Melanie Thierry) quien pasará a ser parte del mundo virtual de Qohen y le dará los datos para ingresar a su página, desde donde viajarán a paraísos perdidos.
Siguiendo el fantasmagórico guión de Pat Rushin, Gilliam hace que el desventurado Qohen se embarque en la aventura ansiosa y angustiante de descifrar el dichoso teorema Zero.
Para ayudar a Qohen, el director le envía a su hijo Bob (Lucas Hedges) quien es un genio de la cibernética. Bob es un muchacho altamente especializado en juegos de computadora y con habilidad e ingenio para resolver los entuertos que se presentan en el desarrollo de las actividades de Qohen.
La casa donde vive y trabaja Qohen, fue en una época un convento y gracias a esa justificación, Gilliam la envuelve en un ambiente gótico donde moran los vitrales y las imágenes católicas.
Pero, como dije desde un principio, lo que está realmente en juego es el alma perdida de Qohen.
Perdida en un universo caótico donde nada tiene justificación (salvo quizás el ratón que se roba los restos).
La imaginación desbordante de Terry Gilliam crea un nuevo universo fantasmagórico, un poco menos angustiante que los de sus últimas películas, pero lleno de delirios y humoradas técnicas.
Trailer subtitulado
Nada más puedo agregar. El genio de Terry Gilliam lo hace todo y deja al espectador confuso y sumido en su interior para buscar su propia respuesta al teorema Zero.
Diez puntos para "Un mundo conectado", falso título en castellano para "The Zero Theorem".
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