Muchos amantes del cine recordarán a Todd Haynes por su excelente realización "Lejos del paraíso" con Julianne Moore, aquella historia ambientada en los años 50, donde una mujer se siente abandonada en su matrimonio y recurre a una relación con su jardinero negro. Hay que aclarar que el marido es homosexual y se escapa para vivir aventuras.
Carol también está ambientada en los 50. En lugar de Julianne Moore vamos a admirar a una excelente actriz como Cate Blanchett a quien recordamos de su magistral actuación en el film de Woody Allen, "Blue Jasmine" y algunos pocos la habremos visto en "Notas para un escándalo".
Basada en una novela de Patricia Highsmith denominada "El precio de la sal" cuando fue publicada en USA bajo un seudónimo. Luego al publicarse en UK bajo su nombre recibió su verdadero nombre "Carol". Adaptada para el cine por Phyllis Nagy, amiga de Patricia Highsmith, consigue tensar la cuerda de las emociones de una manera bastante sensata.
En los años 50 no estaba bien visto que una mujer casada y con hijos viviera una relación con otra mujer. La otra mujer es Therese Belivet (Rooney Mara) quien confiesa no saber bien lo que quiere y por eso decir que sí a todo lo que se le presenta.
Las distintas vicisitudes de la relación entre Carol y Therese, junto con la reacción del marido de Carol, Harge, (Kyle Chandler), hacen el nudo de la película.
Quien espere ver un alegato en favor de las relaciones lesbianas se va a llevar una sorpresa, porque tanto el guión como la dirección excesivamente mesurada de Todd Haynes, convierten a los personajes en figuras tiesas y contenidas, tan contenidas que no reaccionan jamás.
La única reacción de Carol es en la reunión con el juez y los abogados por el divorcio, donde el marido solicita la custodia exclusiva de su hija.
No la voy a contar para que el espectador curioso tenga una excusa para ver las casi 2 horas de duración de esta película.
Por momentos la excesiva lentitud y falta de emociones se vuelven pesadas. Amo el cine lento cuando se vuelve hipnótico y "Carol" no es una película hipnótica.
Si bien está magistralmente filmada y la recreación de la época tanto en ropa, costumbres y modelos de auto es exquisita, el espectador siente que le deben algo más.
Trailer
Seis puntos sobre diez para "Carol" es mi puntuación, a pesar de las excelentes actuaciones y medida dirección de Todd Haynes.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
lunes, 8 de febrero de 2016
domingo, 7 de febrero de 2016
Un hombre irracional (Woody Allen, 2015) 🌟🌟🌟🌟🌟
Cuando uno elige ver una película de Woody Allen, más o menos sabe lo que va a ver o por lo menos qué intenciones subyacen en sus películas.
En "Un hombre irracional" hay mucho diálogo. Mucho diálogo intelectual, ya que el "irracional" es un profesor de filosofía, Abe Lucas (Joaquin Phoenix) quien llega al Braylin College precedido por su fama de niño terrible.
Casi todas las estudiantes fantasean con tener un asunto con él y las profesoras también.
Entre las estudiantes deseosas de relacionarse con él está Jill (Emma Stone) quien a pesar de tener un novio más o menos formal, Roy (Jamie Blackley), no descarta contactar al profesor inquietante.
También Rita Richards (Parker Posey), fantasea con llevárselo a la cama y con algo más, que este hombre la arrastre con él a una nueva vida en Europa.
Los intentos de Rita tienen un éxito parcial, ya que el sexo con Abe es un fracaso, Abe está impotente desde hace cosa de un año. Impotente sexualmente e intelectualmente. El libro que está escribiendo está detenido desde hace tiempo.
En cambio Jill avanza pisando fuerte en su intención de construir una relación con Abe. Tanto que Roy está molesto de oirla mencionar en todo momento a Abe. Pero Abe mantiene su caracter sombrío y destructivo, desencantado de la vida.
Estando un día en una cafetería, escuchan una conversación del otro lado del asiento (truco usado por Woody Allen con bastante frecuencia). Una mujer solloza que el juez le va a quitar a sus hijos porque está en connivencia con el abogado de su esposo y que élla no puede hacer nada, pero que quisiera que le agarrara un cáncer a este juez corrupto.
Abe piensa para sus adentros, con desear algo no vas a conseguir nada. Sería más eficaz que alguien lo matara. Pero como no lo vas a hacer, lo voy a hacer yo.
De allí en más, el caracter de Abe cambia. Como que su vida cobra significado planeando el asesinato y haciendo que este sea el crimen perfecto.
Como el asiduo espectador de Woody Allen ya conoce, "Un hombre irracional" es una nueva versión de "Crimen y castigo", que es mencionada en varias partes de la película.
El final es atropellado y violento, al mejor estilo de Woody Allen, pero yo, como espectador, tuve una sensación interna muy fuerte que no sé cómo explicarla por el contenido de la película.
Todo lo que el film intenta demostrar a través de la moral y la culpabilidad, está de algún modo revertido por Woody Allen, para que el espectador termine defendiendo el crimen y acusando a sus jueces.
No voy a decir nada más porque nada más lejos de mi voluntad que influenciar a los posibles espectadores.
Lo que sí puedo afirmar es que, con o sin intenciones subliminales, es uno de los films más sólidos de los últimos tiempos dentro de su producción cinematográfica.
Trailer
Diez puntos sobre diez posibles para este importante film de Woody Allen. No dejen de verlo.
En "Un hombre irracional" hay mucho diálogo. Mucho diálogo intelectual, ya que el "irracional" es un profesor de filosofía, Abe Lucas (Joaquin Phoenix) quien llega al Braylin College precedido por su fama de niño terrible.
Casi todas las estudiantes fantasean con tener un asunto con él y las profesoras también.
Entre las estudiantes deseosas de relacionarse con él está Jill (Emma Stone) quien a pesar de tener un novio más o menos formal, Roy (Jamie Blackley), no descarta contactar al profesor inquietante.
También Rita Richards (Parker Posey), fantasea con llevárselo a la cama y con algo más, que este hombre la arrastre con él a una nueva vida en Europa.
Los intentos de Rita tienen un éxito parcial, ya que el sexo con Abe es un fracaso, Abe está impotente desde hace cosa de un año. Impotente sexualmente e intelectualmente. El libro que está escribiendo está detenido desde hace tiempo.
En cambio Jill avanza pisando fuerte en su intención de construir una relación con Abe. Tanto que Roy está molesto de oirla mencionar en todo momento a Abe. Pero Abe mantiene su caracter sombrío y destructivo, desencantado de la vida.
Estando un día en una cafetería, escuchan una conversación del otro lado del asiento (truco usado por Woody Allen con bastante frecuencia). Una mujer solloza que el juez le va a quitar a sus hijos porque está en connivencia con el abogado de su esposo y que élla no puede hacer nada, pero que quisiera que le agarrara un cáncer a este juez corrupto.
Abe piensa para sus adentros, con desear algo no vas a conseguir nada. Sería más eficaz que alguien lo matara. Pero como no lo vas a hacer, lo voy a hacer yo.
De allí en más, el caracter de Abe cambia. Como que su vida cobra significado planeando el asesinato y haciendo que este sea el crimen perfecto.
Como el asiduo espectador de Woody Allen ya conoce, "Un hombre irracional" es una nueva versión de "Crimen y castigo", que es mencionada en varias partes de la película.
El final es atropellado y violento, al mejor estilo de Woody Allen, pero yo, como espectador, tuve una sensación interna muy fuerte que no sé cómo explicarla por el contenido de la película.
Todo lo que el film intenta demostrar a través de la moral y la culpabilidad, está de algún modo revertido por Woody Allen, para que el espectador termine defendiendo el crimen y acusando a sus jueces.
No voy a decir nada más porque nada más lejos de mi voluntad que influenciar a los posibles espectadores.
Lo que sí puedo afirmar es que, con o sin intenciones subliminales, es uno de los films más sólidos de los últimos tiempos dentro de su producción cinematográfica.
Trailer
Diez puntos sobre diez posibles para este importante film de Woody Allen. No dejen de verlo.
martes, 2 de febrero de 2016
Mi vieja dama (Israel Horovitz, 2014) 🌟🌟
Israel Horovitz es un dramaturgo estadounidense, autor de más de 50 obras teatrales, muchas de éllas trasladadas al cine. En este caso se elige a sí mismo para escribir el guión y filmar su propia obra, "Mi vieja dama".
Pero la producción de esta película, a pesar de ser distribuida por Sony, le va a corresponder a la BBC films y se va a filmar completamente en París.
Así que estamos ante un extraño híbrido cinematográfico-teatral de una obra estadounidense, pero filmada como una película europea, incluyendo diálogos en francés.
Israel Horovitz no se equivoca al hacer de su obra una película europea. Si bien en la trama hay mucho europeo, el desarrollo y la dramaturgia no dejan de ser estadounidenses. Al convertirla en una película europea, con tiempos, climas y actuaciones europeas, la película gana en calidez y humanidad.
Mathias Gold (excelente interpretación de Kevin Kline), es un cincuentón viejo y amargado, que llega a París para vender la casa que su padre le ha dejado en herencia. Lo que él desconoce es que la casa fue adquirida por un extraño término de contrato francés, un viager, por el cual la propiedad queda en poder del vendedor hasta que este muera y el comprador abona su compra pagando una renta mensual al vendedor.
La vendedora, es nada menos que la vieja dama del título de la película, Mathilde Girard (la inefable Maggie Smith), quien admite tener 90 años, cuando en realidad ya cuenta 92 en sus espaldas.
Esta situación desespera a Mathias, quien contaba con la venta de la casa para rehacer sus finanzas y que ha gastado todo lo que le quedaba en pagarse el viaje a París.
Mathilde, compadeciéndose de Mathias lo invita a quedarse en la casa por un tiempo. Cuando su hija Chloé (Kristin Scott Thomas, excelente como es lo habitual), lo descubre a la mañana siguiente, inmediatamente piensa en echarlo.
Lo que Mathias desconoce aún, es que Mathilde fue la amante de su padre durante muchísimos años y que, probablemente la compra de la casa en esas condiciones, a la muerte del marido de Mathilde, tuviera otros motivos y no los meramente comerciales.
Los hilos del drama están echados. Chloé fue muda testigo del adulterio de su madre, al que su padre Girard consintió de algún modo.
Por el lado de Mathias, su madre tuvo cinco intentos de suicidio, hasta que el último le dio resultado, se disparó en la boca delante de su hijo.
Pero Mathilde aún insiste en que la relación que tuvo con el padre de Mathias fue lo más hermoso que le pudo haber pasado.
El espectador va a ser inducido con buenas y malas artes a inmiscuirse en el alma de estos tres personajes y, si bien, el final es previsible, mientras se consuma el drama, va a convertirse inevitablemente en cómplice del director, a no ser que deje de ver el film.
Una muy ingeniosa película, comedia pequeña en envergadura, ya dijimos que fue realizada al estilo europeo, pero con tres actuaciones de primera calidad.
Trailer
En pequeños papeles aparecen Dominique Pinon (Auguste Lefevre, un agente inmobiliario) y Noemie Lvovsky (Dra. Florence Horowitz), para adornar la película.
Siete puntos sobre diez para esta inteligente película de Israel Horovitz.
Pero la producción de esta película, a pesar de ser distribuida por Sony, le va a corresponder a la BBC films y se va a filmar completamente en París.
Así que estamos ante un extraño híbrido cinematográfico-teatral de una obra estadounidense, pero filmada como una película europea, incluyendo diálogos en francés.
Israel Horovitz no se equivoca al hacer de su obra una película europea. Si bien en la trama hay mucho europeo, el desarrollo y la dramaturgia no dejan de ser estadounidenses. Al convertirla en una película europea, con tiempos, climas y actuaciones europeas, la película gana en calidez y humanidad.
Mathias Gold (excelente interpretación de Kevin Kline), es un cincuentón viejo y amargado, que llega a París para vender la casa que su padre le ha dejado en herencia. Lo que él desconoce es que la casa fue adquirida por un extraño término de contrato francés, un viager, por el cual la propiedad queda en poder del vendedor hasta que este muera y el comprador abona su compra pagando una renta mensual al vendedor.
La vendedora, es nada menos que la vieja dama del título de la película, Mathilde Girard (la inefable Maggie Smith), quien admite tener 90 años, cuando en realidad ya cuenta 92 en sus espaldas.
Esta situación desespera a Mathias, quien contaba con la venta de la casa para rehacer sus finanzas y que ha gastado todo lo que le quedaba en pagarse el viaje a París.
Mathilde, compadeciéndose de Mathias lo invita a quedarse en la casa por un tiempo. Cuando su hija Chloé (Kristin Scott Thomas, excelente como es lo habitual), lo descubre a la mañana siguiente, inmediatamente piensa en echarlo.
Lo que Mathias desconoce aún, es que Mathilde fue la amante de su padre durante muchísimos años y que, probablemente la compra de la casa en esas condiciones, a la muerte del marido de Mathilde, tuviera otros motivos y no los meramente comerciales.
Los hilos del drama están echados. Chloé fue muda testigo del adulterio de su madre, al que su padre Girard consintió de algún modo.
Por el lado de Mathias, su madre tuvo cinco intentos de suicidio, hasta que el último le dio resultado, se disparó en la boca delante de su hijo.
Pero Mathilde aún insiste en que la relación que tuvo con el padre de Mathias fue lo más hermoso que le pudo haber pasado.
El espectador va a ser inducido con buenas y malas artes a inmiscuirse en el alma de estos tres personajes y, si bien, el final es previsible, mientras se consuma el drama, va a convertirse inevitablemente en cómplice del director, a no ser que deje de ver el film.
Una muy ingeniosa película, comedia pequeña en envergadura, ya dijimos que fue realizada al estilo europeo, pero con tres actuaciones de primera calidad.
Trailer
En pequeños papeles aparecen Dominique Pinon (Auguste Lefevre, un agente inmobiliario) y Noemie Lvovsky (Dra. Florence Horowitz), para adornar la película.
Siete puntos sobre diez para esta inteligente película de Israel Horovitz.
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lunes, 1 de febrero de 2016
Mis hijos (Dancing arabs) (Eran Riklis, 2014) 🌟🌟🌟🌟🌟
Los distribuidores de películas son muy poco creativos a la hora de elegir el título con que un film será presentado. Así es como "Dancing arabs" (Árabes bailando) se ha transformado en "Mis hijos". Dejemos de lado el no-sentido del cambio de título y sigamos adelante.
Dirigido por Eran Riklis, quien nos descubrió un aspecto desconocido de la mentalidad rascista de los israelíes con su película "Los limoneros", reincide con el tema, esta vez a través de la novela "Dancing arabs" de Sayed Kashua, quien también es el autor del guión. Escritor y periodista árabe israelí que escribe y publica en hebreo. Estudió sociología y filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén y trabaja como columnista para el Haaretz.
En el argumento se describe la historia de Eyad (Razi Gabareen de chico y Tawfeek Barhorn de adulto), un muchacho palestino de la ciudad de Tira, en Israel. Por su gran capacidad intelectual, Eyad es aceptado en un prestigioso instituto israelí en Jerusalén, así que debe dejar a su familia, su padre Salah (Ali Suliman), quien a pesar de haber estudiado en la universidad es recolector de fruta como consecuencia por haber actuado en manifestaciones políticas, su madre Fahima (Laetitia Eido) quien lo quiere con locura, sus hermanos y su querida abuela Aisha (Marlene Bajali) quien le hace prometer que el día que muera sea envuelta con una mortaja traída de La Meca.
Así es. Como los árabes son ciudadanos de segunda clase en Israel. Un ejemplo, buscando trabajo en restaurantes de Jerusalén no lo aceptan como mozo por ser árabe, solo como lavaplatos.
Naturalmente, aunque su desempeño en el colegio es bueno, es foco de agresiones y burlas de parte de sus compañeros israelíes. Sin embargo, por participar de un trabajo comunitario, conoce a Yonatan (Michael Moshonov) y a su madre Edna (Yael Abecassis). Yonatan sufre de una distrofia muscular progresiva que le va impidiendo moverse. A pesar de ser árabe, Eyad es bien aceptado por Yonatan, con quien comparte gustos musicales y al que introduce en el mundo de la música rock árabe. Y se hacen grandes amigos.
También conoce a Naomi (Daniel Kitsis), una inteligente compañera del instituto, de quien se enamora perdidamente. También Naomi está enamorada de Eyad, pero una vez le cuenta que le preguntó a su madre qué pensaría si le dijera que está enamorada de un árabe. La madre le contestó que "preferiría que me dijeras que eres lesbiana, drogadicta o incluso que tienes cáncer, pero nunca me digas que sales con un árabe".
El argumento se mueve en direcciones inesperadas y casi siempre mostrando la terrible segregación que hay en el pueblo israelí hacia los palestinos. Esto no convierte a la película en un panfleto de derechos humanos ni tampoco en un caos emocional, pero inevitablemente el espectador sensible va a ir acumulando la carga de cada uno de estos sinsentidos.
Es más, el conflicto representado en la película es válido para cualquier minoría segregada en sociedades con inclinaciones abiertamente rascistas, como lamentablemente cada vez más hay en nuestro pobre mundo.
Todos los aspectos técnicos, la música, la fotografía y las actuaciones son excelentes. El espectador no va a quedar defraudado por esta película.
Trailer
Indudablemente "Dancing arabs" merece los 10 puntos de mi calificación y espero que también a los espectadores les guste tanto como a mí.
Dirigido por Eran Riklis, quien nos descubrió un aspecto desconocido de la mentalidad rascista de los israelíes con su película "Los limoneros", reincide con el tema, esta vez a través de la novela "Dancing arabs" de Sayed Kashua, quien también es el autor del guión. Escritor y periodista árabe israelí que escribe y publica en hebreo. Estudió sociología y filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén y trabaja como columnista para el Haaretz.
En el argumento se describe la historia de Eyad (Razi Gabareen de chico y Tawfeek Barhorn de adulto), un muchacho palestino de la ciudad de Tira, en Israel. Por su gran capacidad intelectual, Eyad es aceptado en un prestigioso instituto israelí en Jerusalén, así que debe dejar a su familia, su padre Salah (Ali Suliman), quien a pesar de haber estudiado en la universidad es recolector de fruta como consecuencia por haber actuado en manifestaciones políticas, su madre Fahima (Laetitia Eido) quien lo quiere con locura, sus hermanos y su querida abuela Aisha (Marlene Bajali) quien le hace prometer que el día que muera sea envuelta con una mortaja traída de La Meca.
Así es. Como los árabes son ciudadanos de segunda clase en Israel. Un ejemplo, buscando trabajo en restaurantes de Jerusalén no lo aceptan como mozo por ser árabe, solo como lavaplatos.
Naturalmente, aunque su desempeño en el colegio es bueno, es foco de agresiones y burlas de parte de sus compañeros israelíes. Sin embargo, por participar de un trabajo comunitario, conoce a Yonatan (Michael Moshonov) y a su madre Edna (Yael Abecassis). Yonatan sufre de una distrofia muscular progresiva que le va impidiendo moverse. A pesar de ser árabe, Eyad es bien aceptado por Yonatan, con quien comparte gustos musicales y al que introduce en el mundo de la música rock árabe. Y se hacen grandes amigos.
También conoce a Naomi (Daniel Kitsis), una inteligente compañera del instituto, de quien se enamora perdidamente. También Naomi está enamorada de Eyad, pero una vez le cuenta que le preguntó a su madre qué pensaría si le dijera que está enamorada de un árabe. La madre le contestó que "preferiría que me dijeras que eres lesbiana, drogadicta o incluso que tienes cáncer, pero nunca me digas que sales con un árabe".
El argumento se mueve en direcciones inesperadas y casi siempre mostrando la terrible segregación que hay en el pueblo israelí hacia los palestinos. Esto no convierte a la película en un panfleto de derechos humanos ni tampoco en un caos emocional, pero inevitablemente el espectador sensible va a ir acumulando la carga de cada uno de estos sinsentidos.
Es más, el conflicto representado en la película es válido para cualquier minoría segregada en sociedades con inclinaciones abiertamente rascistas, como lamentablemente cada vez más hay en nuestro pobre mundo.
Todos los aspectos técnicos, la música, la fotografía y las actuaciones son excelentes. El espectador no va a quedar defraudado por esta película.
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Indudablemente "Dancing arabs" merece los 10 puntos de mi calificación y espero que también a los espectadores les guste tanto como a mí.
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domingo, 24 de enero de 2016
El precio de un hombre (La loi du marché -la ley del mercado-) (Stephane Brizé, 2015) 🌟🌟🌟🌟
Es siempre grato descubrir una obra que rompe con los cánones establecidos para tender nuevos canales de comunicación.
Es lo que hace Stephane Brizé en "La ley del mercado".
Usando un lenguaje cinematográfico que se basa en planos medios, extensos, extensísimos, donde lo que se habla ocupa todo en la pantalla, Brizé logra comprometer al espectador en una historia que mueve muchos temores inconscientes (o no tanto) en quienes habitamos el espacio de las empresas y corporaciones que así como nos dan trabajo, y un modo de subsistencia, así también nos lo quitan por el más pequeño detalle.
Thierry (Vincent Lindon en una actuación que le valió la Palma de Oro del festival de Cannes), hace ya un tiempo que está desempleado. La oficina del centro estatal de empleo lo acaba de mandar a un entrenamiento inútil para su curriculum laboral, operador de grúas, herramientas que nunca ha utilizado ni utilizará. Thierry le reprocha al consejero porqué lo envían a cursos inútiles, ya que él y 13 más de sus compañeros nunca habían trabajado con esas grúas y por lo tanto no obtendrán empleo a través de ese entrenamiento, por el que además se le paga a los que dictan el curso.
En otra escena el diálogo es con la empleada de cuentas del banco, quien le sugiere que vendan el departamento y con eso puedan hacer algo de dinero. Thierry trata de convencerla de lo inútil que sería vender esa propiedad que tanto les ha costado conseguir y de la que solo quedan por pagar 5 años. La consultora de cuentas le señala lo precario de su situación al no poseer un seguro de vida.
Vemos a Thierry en su casa, comiendo con su mujer (Karine de Mirbeck) y su hijo discapacitado y también en la escuela, donde el profesor señala que ese año su hijo ha sufrido un retroceso y a pesar que el chico se justifica por el stress y la existencia de una prueba sorpresa que bajó su promedio, el profesor señala que será muy difícil que consiga la admisión en la carrera que pretende estudiar. Recordemos que el chico (Matthieu Schaller) tiene un grado bastante alto de discapacidad
No voy a seguir contando la trama, sólo quiero señalar como los temas tratados van haciendo mella en el terror inconsciente que esta sociedad capitalista, descalificadora y competitiva, en la que vivimos nos va marcando, lo que nos lleva inexorablemente hacia un estado de violencia continuo.
Pero el gran suceso es el modo en que la película está contada. Con diálogos que no son cinematográficos sino copiados del tiempo real y con una duración y contenidos acorde.
Esto ocasiona que los terribles hechos que se desprenden de situaciones más o menos comunes, se deslicen como estiletes hasta nuestro espíritu y lo dejen completamente ensangrentado, a sangre fría.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para "La ley del mercado" de Stephane Brizé.
Es lo que hace Stephane Brizé en "La ley del mercado".
Usando un lenguaje cinematográfico que se basa en planos medios, extensos, extensísimos, donde lo que se habla ocupa todo en la pantalla, Brizé logra comprometer al espectador en una historia que mueve muchos temores inconscientes (o no tanto) en quienes habitamos el espacio de las empresas y corporaciones que así como nos dan trabajo, y un modo de subsistencia, así también nos lo quitan por el más pequeño detalle.
Thierry (Vincent Lindon en una actuación que le valió la Palma de Oro del festival de Cannes), hace ya un tiempo que está desempleado. La oficina del centro estatal de empleo lo acaba de mandar a un entrenamiento inútil para su curriculum laboral, operador de grúas, herramientas que nunca ha utilizado ni utilizará. Thierry le reprocha al consejero porqué lo envían a cursos inútiles, ya que él y 13 más de sus compañeros nunca habían trabajado con esas grúas y por lo tanto no obtendrán empleo a través de ese entrenamiento, por el que además se le paga a los que dictan el curso.
En otra escena el diálogo es con la empleada de cuentas del banco, quien le sugiere que vendan el departamento y con eso puedan hacer algo de dinero. Thierry trata de convencerla de lo inútil que sería vender esa propiedad que tanto les ha costado conseguir y de la que solo quedan por pagar 5 años. La consultora de cuentas le señala lo precario de su situación al no poseer un seguro de vida.
Vemos a Thierry en su casa, comiendo con su mujer (Karine de Mirbeck) y su hijo discapacitado y también en la escuela, donde el profesor señala que ese año su hijo ha sufrido un retroceso y a pesar que el chico se justifica por el stress y la existencia de una prueba sorpresa que bajó su promedio, el profesor señala que será muy difícil que consiga la admisión en la carrera que pretende estudiar. Recordemos que el chico (Matthieu Schaller) tiene un grado bastante alto de discapacidad
No voy a seguir contando la trama, sólo quiero señalar como los temas tratados van haciendo mella en el terror inconsciente que esta sociedad capitalista, descalificadora y competitiva, en la que vivimos nos va marcando, lo que nos lleva inexorablemente hacia un estado de violencia continuo.
Pero el gran suceso es el modo en que la película está contada. Con diálogos que no son cinematográficos sino copiados del tiempo real y con una duración y contenidos acorde.
Esto ocasiona que los terribles hechos que se desprenden de situaciones más o menos comunes, se deslicen como estiletes hasta nuestro espíritu y lo dejen completamente ensangrentado, a sangre fría.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para "La ley del mercado" de Stephane Brizé.
sábado, 16 de enero de 2016
Elsa y Fred (Michael Radford, 2014) 🌟🌟
Michael Radford realizó en 1994 "El cartero" una hermosa y poética película donde exaltaba el triunfo de la belleza sobre todas las cosas, incluso la muerte, ya que fue la última actuación de Massimo Troisi. Murió 12 horas después que la cámara dejara de rodar.
Veinte años más tarde, Michael Radford decide hacer una remake de una exitosa comedia argentino-española, también llamada "Elsa y Fred".
Dirigida por Marcos Carnevale se basó en un guión escrito por Marcela Guerty, Lily Ann Martin y el mismo Marcos Carnevale y fue protagonizada por la uruguaya China Zorrilla y el español Manuel Alexandre.
Utilizando como base el guión de esta película, entre Anna Pavignano y el director Michael Radford re-escriben toda la historia cambiando el lugar donde se desarrolla de Madrid a Nueva Orleans, los nombres de los hijos y poco más.
A quien haya visto la película del 2005 le será muy difícil no entrar en comparaciones, pero he de confesar que la nueva versión sale indemne de casi todas éllas, salvo de una.
Fred (Christopher Plummer) es un anciano que acaba de quedar viudo y se muda a un nuevo departamento donde es instalado y manejado por su hija (Marcia Gay Harden). En el departamento de al lado vive una mujer mayor llamada Elsa (Shirley MacLaine) quien instantáneamente se interesa en la vida de Fred. No soporta verlo todo el día dormitando en la cama.
Una noche Fred golpea la puerta del departamento de Elsa, necesita ayuda, se ha roto un caño de la grifería de la cocina y se está inundando su departamento. Elsa acude en su ayuda y sensatamente procede a cerrar la llave de paso. Desde entonces se desovillará la historia de sus relaciones. Todo lo que Elsa cuenta de su vida parece novelístico e inventado, pero Fred lo cree. Como que uno de sus hijos ha quedado viudo con cinco hijos y que la menor, Lily, está discapacitada y no puede pagar por su tratamiento, por lo que la abuela la ayuda.
A medida que va avanzando la película Elsa le cuenta más cosas. Que es viuda, pero que su marido la engañó hasta el final. Que Picasso pintó su retrato. Y sobre todas las cosas, que quisiera ir a Roma, para repetir la escena donde Anita Ekberg. a quien Elsa jura que se pareció de joven. se mete en la fontana de Trevi y lo llama a Marcello Mastroianni para que entre a su lado. Escena de "La dolce vita" de Federico Fellini.
Pero lo que Elsa no le cuenta es que está en sus últimos meses de vida, ya que sus riñones no resisten más la diálisis.
El resto de la historia que la descubra el posible espectador.
La música de la película fue escrita para esta versión por el argentino Luis Bacalov, quien también compuso la magnífica banda de sonido de "El cartero" y es todo un acierto.
Un último comentario. Como en la primera versión mucho del éxito de la película se debe a la magia con que los actores encarnan a los míticos Elsa y Fred. Christopher Plummer sale victorioso de la prueba, ya que su Fred es distinto y original. Pero, no sucede lo mismo con Elsa. Si bien Shirley MacLaine maneja a la perfección la actuación y sus mohines son muy simpáticos, le falta la desfachatez que caracterizaba a China Zorrilla y para un personaje como el de Elsa es una condición sine equa non.
Escena película 2005
Trailer doblado al español
Siete puntos sobre diez para Michael Radford y su versión de "Elsa y Fred".
Veinte años más tarde, Michael Radford decide hacer una remake de una exitosa comedia argentino-española, también llamada "Elsa y Fred".
Dirigida por Marcos Carnevale se basó en un guión escrito por Marcela Guerty, Lily Ann Martin y el mismo Marcos Carnevale y fue protagonizada por la uruguaya China Zorrilla y el español Manuel Alexandre.
Utilizando como base el guión de esta película, entre Anna Pavignano y el director Michael Radford re-escriben toda la historia cambiando el lugar donde se desarrolla de Madrid a Nueva Orleans, los nombres de los hijos y poco más.
A quien haya visto la película del 2005 le será muy difícil no entrar en comparaciones, pero he de confesar que la nueva versión sale indemne de casi todas éllas, salvo de una.
Fred (Christopher Plummer) es un anciano que acaba de quedar viudo y se muda a un nuevo departamento donde es instalado y manejado por su hija (Marcia Gay Harden). En el departamento de al lado vive una mujer mayor llamada Elsa (Shirley MacLaine) quien instantáneamente se interesa en la vida de Fred. No soporta verlo todo el día dormitando en la cama.
Una noche Fred golpea la puerta del departamento de Elsa, necesita ayuda, se ha roto un caño de la grifería de la cocina y se está inundando su departamento. Elsa acude en su ayuda y sensatamente procede a cerrar la llave de paso. Desde entonces se desovillará la historia de sus relaciones. Todo lo que Elsa cuenta de su vida parece novelístico e inventado, pero Fred lo cree. Como que uno de sus hijos ha quedado viudo con cinco hijos y que la menor, Lily, está discapacitada y no puede pagar por su tratamiento, por lo que la abuela la ayuda.
A medida que va avanzando la película Elsa le cuenta más cosas. Que es viuda, pero que su marido la engañó hasta el final. Que Picasso pintó su retrato. Y sobre todas las cosas, que quisiera ir a Roma, para repetir la escena donde Anita Ekberg. a quien Elsa jura que se pareció de joven. se mete en la fontana de Trevi y lo llama a Marcello Mastroianni para que entre a su lado. Escena de "La dolce vita" de Federico Fellini.
Pero lo que Elsa no le cuenta es que está en sus últimos meses de vida, ya que sus riñones no resisten más la diálisis.
El resto de la historia que la descubra el posible espectador.
La música de la película fue escrita para esta versión por el argentino Luis Bacalov, quien también compuso la magnífica banda de sonido de "El cartero" y es todo un acierto.
Un último comentario. Como en la primera versión mucho del éxito de la película se debe a la magia con que los actores encarnan a los míticos Elsa y Fred. Christopher Plummer sale victorioso de la prueba, ya que su Fred es distinto y original. Pero, no sucede lo mismo con Elsa. Si bien Shirley MacLaine maneja a la perfección la actuación y sus mohines son muy simpáticos, le falta la desfachatez que caracterizaba a China Zorrilla y para un personaje como el de Elsa es una condición sine equa non.
Escena película 2005
Trailer doblado al español
Siete puntos sobre diez para Michael Radford y su versión de "Elsa y Fred".
domingo, 3 de enero de 2016
La leyenda del pianista en el océano ( Giuseppe Tornatore, 1998) 🌟🌟🌟🌟
Utilizando el monólogo teatral "Novecento" de Alessandro Baricco, Giuseppe Tornatore escribe un guión, un poco estirado, que da a lugar a una película de 2 horas y 50 minutos de duración.
Es la historia de Danny Boodman T.D. Lemon Mil Novecientos, quien fuera encontrado abandonado sobre el piano de la primera clase del trasatlántico Virginia en un moisés improvisado con un cajón de T.D.Lemon. El que lo encontró fue el marinero negro Danny Boodman (Bill Nunn), quien lo crió y protegió hasta que un accidente cobró su vida en el barco.
Falta explicar porqué lo de Mil Novecientos en el nombre. Es porque Danny lo encontró el primer mes del primer año del siglo XX y da cierto prestigio tener un número en el nombre.
Novecientos crece y vive en el barco, sin bajar nunca a tierra. Al principio porque las autoridades portuarias pudieran reclamar los documentos del chico y hasta podría haber una denuncia de un bebé perdido. Y luego porque él no quiere desprenderse del barco.
Una noche todo el barco se despierta estupefacto. Una música suena en el comedor de la primera clase. Van los pasajeros y tripulación en peregrinación y se encuentran a Novecientos brindando un espectáculo de interpretación al piano. Nadie sabrá nunca cuándo fue que el niño aprendió a tocar el instrumento ni de donde encontró tanta belleza en su música.
Novecientos va a formar parte desde entonces del espectáculo musical del crucero.
Todo esto se lo cuenta Max Tooney (Pruitt Taylor Vince) a un comerciante del puerto (Peter Vaughan) al que le ha vendido su trompeta.
Y así, entre anécdotas y recuerdos se va desarrollando esta melancólica historia de Novecientos (Tim Roth), un visionario sabio y profundo a la vez que un músico de primera calidad.
Tanto que envidiando su fama, Jelly Roll Morton (Clarence Williams) va a retar a Novecientos a un duelo de pianistas. Novecientos que no entiende de competencia, no desconfía del desafío y se presta ingenuamente a hacer su parte.
Con una magnífica fotografía de Lajos Koltai y la banda sonora compuesta por el gran Ennio Morricone, esta película de Tornatore se constituye en la apoteosis de la poesía con que realizó Cinema Paradiso. Es extraño que no haya tenido muchísima más difusión.
La actuación de Tim Roth es espectacular. Su rostro aniñado demuestra toda la paz y la serenidad con que Novecientos vive su vida de pequeño alcance.
Una vez se enamora de una chica pasajera, (Melanie Thierry) y por una oración que élla dice de su padre, se da cuenta que se trata de la hija de un pasajero (Gabriele Lavia) que años atrás lo acompañó en una de sus interpretaciones solitarias usando un pequeño acordeón. Pero aún así, Novecientos no va a dejar el barco que ha sido su moisés y su cuna durante toda su vida.
De una belleza inusual y con un lenguaje poético donde asoma el alma de Tornatore, la película se convierte en un vehículo para la reflexión y la introspección del espectador, ya que sus sentimientos van a ser removidos, no conmovidos, pero sí desordenados.
Tema de amor
Otra cosa que el espectador va a notar es que la molestia por la lentitud con que se desarrollan los hechos va a cambiar en una dulce sensación de bienestar cuando sus sentidos se impregnen de las imágenes, los sonidos y la historia tan melancólica de este ser inexistente para la historia que se vuelve en tema principal de nuestras ideas y emociones.
Nueve puntos sin dudar para "La leyenda del pianista en el océano" (dicho Novecento).
Es la historia de Danny Boodman T.D. Lemon Mil Novecientos, quien fuera encontrado abandonado sobre el piano de la primera clase del trasatlántico Virginia en un moisés improvisado con un cajón de T.D.Lemon. El que lo encontró fue el marinero negro Danny Boodman (Bill Nunn), quien lo crió y protegió hasta que un accidente cobró su vida en el barco.
Falta explicar porqué lo de Mil Novecientos en el nombre. Es porque Danny lo encontró el primer mes del primer año del siglo XX y da cierto prestigio tener un número en el nombre.
Novecientos crece y vive en el barco, sin bajar nunca a tierra. Al principio porque las autoridades portuarias pudieran reclamar los documentos del chico y hasta podría haber una denuncia de un bebé perdido. Y luego porque él no quiere desprenderse del barco.
Una noche todo el barco se despierta estupefacto. Una música suena en el comedor de la primera clase. Van los pasajeros y tripulación en peregrinación y se encuentran a Novecientos brindando un espectáculo de interpretación al piano. Nadie sabrá nunca cuándo fue que el niño aprendió a tocar el instrumento ni de donde encontró tanta belleza en su música.
Novecientos va a formar parte desde entonces del espectáculo musical del crucero.
Todo esto se lo cuenta Max Tooney (Pruitt Taylor Vince) a un comerciante del puerto (Peter Vaughan) al que le ha vendido su trompeta.
Y así, entre anécdotas y recuerdos se va desarrollando esta melancólica historia de Novecientos (Tim Roth), un visionario sabio y profundo a la vez que un músico de primera calidad.
Tanto que envidiando su fama, Jelly Roll Morton (Clarence Williams) va a retar a Novecientos a un duelo de pianistas. Novecientos que no entiende de competencia, no desconfía del desafío y se presta ingenuamente a hacer su parte.
Con una magnífica fotografía de Lajos Koltai y la banda sonora compuesta por el gran Ennio Morricone, esta película de Tornatore se constituye en la apoteosis de la poesía con que realizó Cinema Paradiso. Es extraño que no haya tenido muchísima más difusión.
La actuación de Tim Roth es espectacular. Su rostro aniñado demuestra toda la paz y la serenidad con que Novecientos vive su vida de pequeño alcance.
Una vez se enamora de una chica pasajera, (Melanie Thierry) y por una oración que élla dice de su padre, se da cuenta que se trata de la hija de un pasajero (Gabriele Lavia) que años atrás lo acompañó en una de sus interpretaciones solitarias usando un pequeño acordeón. Pero aún así, Novecientos no va a dejar el barco que ha sido su moisés y su cuna durante toda su vida.
De una belleza inusual y con un lenguaje poético donde asoma el alma de Tornatore, la película se convierte en un vehículo para la reflexión y la introspección del espectador, ya que sus sentimientos van a ser removidos, no conmovidos, pero sí desordenados.
Tema de amor
Otra cosa que el espectador va a notar es que la molestia por la lentitud con que se desarrollan los hechos va a cambiar en una dulce sensación de bienestar cuando sus sentidos se impregnen de las imágenes, los sonidos y la historia tan melancólica de este ser inexistente para la historia que se vuelve en tema principal de nuestras ideas y emociones.
Nueve puntos sin dudar para "La leyenda del pianista en el océano" (dicho Novecento).
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