Israel Horovitz es un dramaturgo estadounidense, autor de más de 50 obras teatrales, muchas de éllas trasladadas al cine. En este caso se elige a sí mismo para escribir el guión y filmar su propia obra, "Mi vieja dama".
Pero la producción de esta película, a pesar de ser distribuida por Sony, le va a corresponder a la BBC films y se va a filmar completamente en París.
Así que estamos ante un extraño híbrido cinematográfico-teatral de una obra estadounidense, pero filmada como una película europea, incluyendo diálogos en francés.
Israel Horovitz no se equivoca al hacer de su obra una película europea. Si bien en la trama hay mucho europeo, el desarrollo y la dramaturgia no dejan de ser estadounidenses. Al convertirla en una película europea, con tiempos, climas y actuaciones europeas, la película gana en calidez y humanidad.
Mathias Gold (excelente interpretación de Kevin Kline), es un cincuentón viejo y amargado, que llega a París para vender la casa que su padre le ha dejado en herencia. Lo que él desconoce es que la casa fue adquirida por un extraño término de contrato francés, un viager, por el cual la propiedad queda en poder del vendedor hasta que este muera y el comprador abona su compra pagando una renta mensual al vendedor.
La vendedora, es nada menos que la vieja dama del título de la película, Mathilde Girard (la inefable Maggie Smith), quien admite tener 90 años, cuando en realidad ya cuenta 92 en sus espaldas.
Esta situación desespera a Mathias, quien contaba con la venta de la casa para rehacer sus finanzas y que ha gastado todo lo que le quedaba en pagarse el viaje a París.
Mathilde, compadeciéndose de Mathias lo invita a quedarse en la casa por un tiempo. Cuando su hija Chloé (Kristin Scott Thomas, excelente como es lo habitual), lo descubre a la mañana siguiente, inmediatamente piensa en echarlo.
Lo que Mathias desconoce aún, es que Mathilde fue la amante de su padre durante muchísimos años y que, probablemente la compra de la casa en esas condiciones, a la muerte del marido de Mathilde, tuviera otros motivos y no los meramente comerciales.
Los hilos del drama están echados. Chloé fue muda testigo del adulterio de su madre, al que su padre Girard consintió de algún modo.
Por el lado de Mathias, su madre tuvo cinco intentos de suicidio, hasta que el último le dio resultado, se disparó en la boca delante de su hijo.
Pero Mathilde aún insiste en que la relación que tuvo con el padre de Mathias fue lo más hermoso que le pudo haber pasado.
El espectador va a ser inducido con buenas y malas artes a inmiscuirse en el alma de estos tres personajes y, si bien, el final es previsible, mientras se consuma el drama, va a convertirse inevitablemente en cómplice del director, a no ser que deje de ver el film.
Una muy ingeniosa película, comedia pequeña en envergadura, ya dijimos que fue realizada al estilo europeo, pero con tres actuaciones de primera calidad.
Trailer
En pequeños papeles aparecen Dominique Pinon (Auguste Lefevre, un agente inmobiliario) y Noemie Lvovsky (Dra. Florence Horowitz), para adornar la película.
Siete puntos sobre diez para esta inteligente película de Israel Horovitz.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
martes, 2 de febrero de 2016
lunes, 1 de febrero de 2016
Mis hijos (Dancing arabs) (Eran Riklis, 2014) 🌟🌟🌟🌟🌟
Los distribuidores de películas son muy poco creativos a la hora de elegir el título con que un film será presentado. Así es como "Dancing arabs" (Árabes bailando) se ha transformado en "Mis hijos". Dejemos de lado el no-sentido del cambio de título y sigamos adelante.
Dirigido por Eran Riklis, quien nos descubrió un aspecto desconocido de la mentalidad rascista de los israelíes con su película "Los limoneros", reincide con el tema, esta vez a través de la novela "Dancing arabs" de Sayed Kashua, quien también es el autor del guión. Escritor y periodista árabe israelí que escribe y publica en hebreo. Estudió sociología y filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén y trabaja como columnista para el Haaretz.
En el argumento se describe la historia de Eyad (Razi Gabareen de chico y Tawfeek Barhorn de adulto), un muchacho palestino de la ciudad de Tira, en Israel. Por su gran capacidad intelectual, Eyad es aceptado en un prestigioso instituto israelí en Jerusalén, así que debe dejar a su familia, su padre Salah (Ali Suliman), quien a pesar de haber estudiado en la universidad es recolector de fruta como consecuencia por haber actuado en manifestaciones políticas, su madre Fahima (Laetitia Eido) quien lo quiere con locura, sus hermanos y su querida abuela Aisha (Marlene Bajali) quien le hace prometer que el día que muera sea envuelta con una mortaja traída de La Meca.
Así es. Como los árabes son ciudadanos de segunda clase en Israel. Un ejemplo, buscando trabajo en restaurantes de Jerusalén no lo aceptan como mozo por ser árabe, solo como lavaplatos.
Naturalmente, aunque su desempeño en el colegio es bueno, es foco de agresiones y burlas de parte de sus compañeros israelíes. Sin embargo, por participar de un trabajo comunitario, conoce a Yonatan (Michael Moshonov) y a su madre Edna (Yael Abecassis). Yonatan sufre de una distrofia muscular progresiva que le va impidiendo moverse. A pesar de ser árabe, Eyad es bien aceptado por Yonatan, con quien comparte gustos musicales y al que introduce en el mundo de la música rock árabe. Y se hacen grandes amigos.
También conoce a Naomi (Daniel Kitsis), una inteligente compañera del instituto, de quien se enamora perdidamente. También Naomi está enamorada de Eyad, pero una vez le cuenta que le preguntó a su madre qué pensaría si le dijera que está enamorada de un árabe. La madre le contestó que "preferiría que me dijeras que eres lesbiana, drogadicta o incluso que tienes cáncer, pero nunca me digas que sales con un árabe".
El argumento se mueve en direcciones inesperadas y casi siempre mostrando la terrible segregación que hay en el pueblo israelí hacia los palestinos. Esto no convierte a la película en un panfleto de derechos humanos ni tampoco en un caos emocional, pero inevitablemente el espectador sensible va a ir acumulando la carga de cada uno de estos sinsentidos.
Es más, el conflicto representado en la película es válido para cualquier minoría segregada en sociedades con inclinaciones abiertamente rascistas, como lamentablemente cada vez más hay en nuestro pobre mundo.
Todos los aspectos técnicos, la música, la fotografía y las actuaciones son excelentes. El espectador no va a quedar defraudado por esta película.
Trailer
Indudablemente "Dancing arabs" merece los 10 puntos de mi calificación y espero que también a los espectadores les guste tanto como a mí.
Dirigido por Eran Riklis, quien nos descubrió un aspecto desconocido de la mentalidad rascista de los israelíes con su película "Los limoneros", reincide con el tema, esta vez a través de la novela "Dancing arabs" de Sayed Kashua, quien también es el autor del guión. Escritor y periodista árabe israelí que escribe y publica en hebreo. Estudió sociología y filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén y trabaja como columnista para el Haaretz.
En el argumento se describe la historia de Eyad (Razi Gabareen de chico y Tawfeek Barhorn de adulto), un muchacho palestino de la ciudad de Tira, en Israel. Por su gran capacidad intelectual, Eyad es aceptado en un prestigioso instituto israelí en Jerusalén, así que debe dejar a su familia, su padre Salah (Ali Suliman), quien a pesar de haber estudiado en la universidad es recolector de fruta como consecuencia por haber actuado en manifestaciones políticas, su madre Fahima (Laetitia Eido) quien lo quiere con locura, sus hermanos y su querida abuela Aisha (Marlene Bajali) quien le hace prometer que el día que muera sea envuelta con una mortaja traída de La Meca.
Así es. Como los árabes son ciudadanos de segunda clase en Israel. Un ejemplo, buscando trabajo en restaurantes de Jerusalén no lo aceptan como mozo por ser árabe, solo como lavaplatos.
Naturalmente, aunque su desempeño en el colegio es bueno, es foco de agresiones y burlas de parte de sus compañeros israelíes. Sin embargo, por participar de un trabajo comunitario, conoce a Yonatan (Michael Moshonov) y a su madre Edna (Yael Abecassis). Yonatan sufre de una distrofia muscular progresiva que le va impidiendo moverse. A pesar de ser árabe, Eyad es bien aceptado por Yonatan, con quien comparte gustos musicales y al que introduce en el mundo de la música rock árabe. Y se hacen grandes amigos.
También conoce a Naomi (Daniel Kitsis), una inteligente compañera del instituto, de quien se enamora perdidamente. También Naomi está enamorada de Eyad, pero una vez le cuenta que le preguntó a su madre qué pensaría si le dijera que está enamorada de un árabe. La madre le contestó que "preferiría que me dijeras que eres lesbiana, drogadicta o incluso que tienes cáncer, pero nunca me digas que sales con un árabe".
El argumento se mueve en direcciones inesperadas y casi siempre mostrando la terrible segregación que hay en el pueblo israelí hacia los palestinos. Esto no convierte a la película en un panfleto de derechos humanos ni tampoco en un caos emocional, pero inevitablemente el espectador sensible va a ir acumulando la carga de cada uno de estos sinsentidos.
Es más, el conflicto representado en la película es válido para cualquier minoría segregada en sociedades con inclinaciones abiertamente rascistas, como lamentablemente cada vez más hay en nuestro pobre mundo.
Todos los aspectos técnicos, la música, la fotografía y las actuaciones son excelentes. El espectador no va a quedar defraudado por esta película.
Trailer
Indudablemente "Dancing arabs" merece los 10 puntos de mi calificación y espero que también a los espectadores les guste tanto como a mí.
Etiquetas:
2014,
Ali Suliman,
Daniel Kitsis,
Drama,
Eran Riklis,
Israel,
Laetitia Eido,
Marlene Bajali,
Michael Moshonov,
Tawfeek Barhorn,
Yael Abecassis
domingo, 24 de enero de 2016
El precio de un hombre (La loi du marché -la ley del mercado-) (Stephane Brizé, 2015) 🌟🌟🌟🌟
Es siempre grato descubrir una obra que rompe con los cánones establecidos para tender nuevos canales de comunicación.
Es lo que hace Stephane Brizé en "La ley del mercado".
Usando un lenguaje cinematográfico que se basa en planos medios, extensos, extensísimos, donde lo que se habla ocupa todo en la pantalla, Brizé logra comprometer al espectador en una historia que mueve muchos temores inconscientes (o no tanto) en quienes habitamos el espacio de las empresas y corporaciones que así como nos dan trabajo, y un modo de subsistencia, así también nos lo quitan por el más pequeño detalle.
Thierry (Vincent Lindon en una actuación que le valió la Palma de Oro del festival de Cannes), hace ya un tiempo que está desempleado. La oficina del centro estatal de empleo lo acaba de mandar a un entrenamiento inútil para su curriculum laboral, operador de grúas, herramientas que nunca ha utilizado ni utilizará. Thierry le reprocha al consejero porqué lo envían a cursos inútiles, ya que él y 13 más de sus compañeros nunca habían trabajado con esas grúas y por lo tanto no obtendrán empleo a través de ese entrenamiento, por el que además se le paga a los que dictan el curso.
En otra escena el diálogo es con la empleada de cuentas del banco, quien le sugiere que vendan el departamento y con eso puedan hacer algo de dinero. Thierry trata de convencerla de lo inútil que sería vender esa propiedad que tanto les ha costado conseguir y de la que solo quedan por pagar 5 años. La consultora de cuentas le señala lo precario de su situación al no poseer un seguro de vida.
Vemos a Thierry en su casa, comiendo con su mujer (Karine de Mirbeck) y su hijo discapacitado y también en la escuela, donde el profesor señala que ese año su hijo ha sufrido un retroceso y a pesar que el chico se justifica por el stress y la existencia de una prueba sorpresa que bajó su promedio, el profesor señala que será muy difícil que consiga la admisión en la carrera que pretende estudiar. Recordemos que el chico (Matthieu Schaller) tiene un grado bastante alto de discapacidad
No voy a seguir contando la trama, sólo quiero señalar como los temas tratados van haciendo mella en el terror inconsciente que esta sociedad capitalista, descalificadora y competitiva, en la que vivimos nos va marcando, lo que nos lleva inexorablemente hacia un estado de violencia continuo.
Pero el gran suceso es el modo en que la película está contada. Con diálogos que no son cinematográficos sino copiados del tiempo real y con una duración y contenidos acorde.
Esto ocasiona que los terribles hechos que se desprenden de situaciones más o menos comunes, se deslicen como estiletes hasta nuestro espíritu y lo dejen completamente ensangrentado, a sangre fría.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para "La ley del mercado" de Stephane Brizé.
Es lo que hace Stephane Brizé en "La ley del mercado".
Usando un lenguaje cinematográfico que se basa en planos medios, extensos, extensísimos, donde lo que se habla ocupa todo en la pantalla, Brizé logra comprometer al espectador en una historia que mueve muchos temores inconscientes (o no tanto) en quienes habitamos el espacio de las empresas y corporaciones que así como nos dan trabajo, y un modo de subsistencia, así también nos lo quitan por el más pequeño detalle.
Thierry (Vincent Lindon en una actuación que le valió la Palma de Oro del festival de Cannes), hace ya un tiempo que está desempleado. La oficina del centro estatal de empleo lo acaba de mandar a un entrenamiento inútil para su curriculum laboral, operador de grúas, herramientas que nunca ha utilizado ni utilizará. Thierry le reprocha al consejero porqué lo envían a cursos inútiles, ya que él y 13 más de sus compañeros nunca habían trabajado con esas grúas y por lo tanto no obtendrán empleo a través de ese entrenamiento, por el que además se le paga a los que dictan el curso.
En otra escena el diálogo es con la empleada de cuentas del banco, quien le sugiere que vendan el departamento y con eso puedan hacer algo de dinero. Thierry trata de convencerla de lo inútil que sería vender esa propiedad que tanto les ha costado conseguir y de la que solo quedan por pagar 5 años. La consultora de cuentas le señala lo precario de su situación al no poseer un seguro de vida.
Vemos a Thierry en su casa, comiendo con su mujer (Karine de Mirbeck) y su hijo discapacitado y también en la escuela, donde el profesor señala que ese año su hijo ha sufrido un retroceso y a pesar que el chico se justifica por el stress y la existencia de una prueba sorpresa que bajó su promedio, el profesor señala que será muy difícil que consiga la admisión en la carrera que pretende estudiar. Recordemos que el chico (Matthieu Schaller) tiene un grado bastante alto de discapacidad
No voy a seguir contando la trama, sólo quiero señalar como los temas tratados van haciendo mella en el terror inconsciente que esta sociedad capitalista, descalificadora y competitiva, en la que vivimos nos va marcando, lo que nos lleva inexorablemente hacia un estado de violencia continuo.
Pero el gran suceso es el modo en que la película está contada. Con diálogos que no son cinematográficos sino copiados del tiempo real y con una duración y contenidos acorde.
Esto ocasiona que los terribles hechos que se desprenden de situaciones más o menos comunes, se deslicen como estiletes hasta nuestro espíritu y lo dejen completamente ensangrentado, a sangre fría.
Trailer
Nueve puntos sobre diez para "La ley del mercado" de Stephane Brizé.
sábado, 16 de enero de 2016
Elsa y Fred (Michael Radford, 2014) 🌟🌟
Michael Radford realizó en 1994 "El cartero" una hermosa y poética película donde exaltaba el triunfo de la belleza sobre todas las cosas, incluso la muerte, ya que fue la última actuación de Massimo Troisi. Murió 12 horas después que la cámara dejara de rodar.
Veinte años más tarde, Michael Radford decide hacer una remake de una exitosa comedia argentino-española, también llamada "Elsa y Fred".
Dirigida por Marcos Carnevale se basó en un guión escrito por Marcela Guerty, Lily Ann Martin y el mismo Marcos Carnevale y fue protagonizada por la uruguaya China Zorrilla y el español Manuel Alexandre.
Utilizando como base el guión de esta película, entre Anna Pavignano y el director Michael Radford re-escriben toda la historia cambiando el lugar donde se desarrolla de Madrid a Nueva Orleans, los nombres de los hijos y poco más.
A quien haya visto la película del 2005 le será muy difícil no entrar en comparaciones, pero he de confesar que la nueva versión sale indemne de casi todas éllas, salvo de una.
Fred (Christopher Plummer) es un anciano que acaba de quedar viudo y se muda a un nuevo departamento donde es instalado y manejado por su hija (Marcia Gay Harden). En el departamento de al lado vive una mujer mayor llamada Elsa (Shirley MacLaine) quien instantáneamente se interesa en la vida de Fred. No soporta verlo todo el día dormitando en la cama.
Una noche Fred golpea la puerta del departamento de Elsa, necesita ayuda, se ha roto un caño de la grifería de la cocina y se está inundando su departamento. Elsa acude en su ayuda y sensatamente procede a cerrar la llave de paso. Desde entonces se desovillará la historia de sus relaciones. Todo lo que Elsa cuenta de su vida parece novelístico e inventado, pero Fred lo cree. Como que uno de sus hijos ha quedado viudo con cinco hijos y que la menor, Lily, está discapacitada y no puede pagar por su tratamiento, por lo que la abuela la ayuda.
A medida que va avanzando la película Elsa le cuenta más cosas. Que es viuda, pero que su marido la engañó hasta el final. Que Picasso pintó su retrato. Y sobre todas las cosas, que quisiera ir a Roma, para repetir la escena donde Anita Ekberg. a quien Elsa jura que se pareció de joven. se mete en la fontana de Trevi y lo llama a Marcello Mastroianni para que entre a su lado. Escena de "La dolce vita" de Federico Fellini.
Pero lo que Elsa no le cuenta es que está en sus últimos meses de vida, ya que sus riñones no resisten más la diálisis.
El resto de la historia que la descubra el posible espectador.
La música de la película fue escrita para esta versión por el argentino Luis Bacalov, quien también compuso la magnífica banda de sonido de "El cartero" y es todo un acierto.
Un último comentario. Como en la primera versión mucho del éxito de la película se debe a la magia con que los actores encarnan a los míticos Elsa y Fred. Christopher Plummer sale victorioso de la prueba, ya que su Fred es distinto y original. Pero, no sucede lo mismo con Elsa. Si bien Shirley MacLaine maneja a la perfección la actuación y sus mohines son muy simpáticos, le falta la desfachatez que caracterizaba a China Zorrilla y para un personaje como el de Elsa es una condición sine equa non.
Escena película 2005
Trailer doblado al español
Siete puntos sobre diez para Michael Radford y su versión de "Elsa y Fred".
Veinte años más tarde, Michael Radford decide hacer una remake de una exitosa comedia argentino-española, también llamada "Elsa y Fred".
Dirigida por Marcos Carnevale se basó en un guión escrito por Marcela Guerty, Lily Ann Martin y el mismo Marcos Carnevale y fue protagonizada por la uruguaya China Zorrilla y el español Manuel Alexandre.
Utilizando como base el guión de esta película, entre Anna Pavignano y el director Michael Radford re-escriben toda la historia cambiando el lugar donde se desarrolla de Madrid a Nueva Orleans, los nombres de los hijos y poco más.
A quien haya visto la película del 2005 le será muy difícil no entrar en comparaciones, pero he de confesar que la nueva versión sale indemne de casi todas éllas, salvo de una.
Fred (Christopher Plummer) es un anciano que acaba de quedar viudo y se muda a un nuevo departamento donde es instalado y manejado por su hija (Marcia Gay Harden). En el departamento de al lado vive una mujer mayor llamada Elsa (Shirley MacLaine) quien instantáneamente se interesa en la vida de Fred. No soporta verlo todo el día dormitando en la cama.
Una noche Fred golpea la puerta del departamento de Elsa, necesita ayuda, se ha roto un caño de la grifería de la cocina y se está inundando su departamento. Elsa acude en su ayuda y sensatamente procede a cerrar la llave de paso. Desde entonces se desovillará la historia de sus relaciones. Todo lo que Elsa cuenta de su vida parece novelístico e inventado, pero Fred lo cree. Como que uno de sus hijos ha quedado viudo con cinco hijos y que la menor, Lily, está discapacitada y no puede pagar por su tratamiento, por lo que la abuela la ayuda.
A medida que va avanzando la película Elsa le cuenta más cosas. Que es viuda, pero que su marido la engañó hasta el final. Que Picasso pintó su retrato. Y sobre todas las cosas, que quisiera ir a Roma, para repetir la escena donde Anita Ekberg. a quien Elsa jura que se pareció de joven. se mete en la fontana de Trevi y lo llama a Marcello Mastroianni para que entre a su lado. Escena de "La dolce vita" de Federico Fellini.
Pero lo que Elsa no le cuenta es que está en sus últimos meses de vida, ya que sus riñones no resisten más la diálisis.
El resto de la historia que la descubra el posible espectador.
La música de la película fue escrita para esta versión por el argentino Luis Bacalov, quien también compuso la magnífica banda de sonido de "El cartero" y es todo un acierto.
Un último comentario. Como en la primera versión mucho del éxito de la película se debe a la magia con que los actores encarnan a los míticos Elsa y Fred. Christopher Plummer sale victorioso de la prueba, ya que su Fred es distinto y original. Pero, no sucede lo mismo con Elsa. Si bien Shirley MacLaine maneja a la perfección la actuación y sus mohines son muy simpáticos, le falta la desfachatez que caracterizaba a China Zorrilla y para un personaje como el de Elsa es una condición sine equa non.
Escena película 2005
Trailer doblado al español
Siete puntos sobre diez para Michael Radford y su versión de "Elsa y Fred".
domingo, 3 de enero de 2016
La leyenda del pianista en el océano ( Giuseppe Tornatore, 1998) 🌟🌟🌟🌟
Utilizando el monólogo teatral "Novecento" de Alessandro Baricco, Giuseppe Tornatore escribe un guión, un poco estirado, que da a lugar a una película de 2 horas y 50 minutos de duración.
Es la historia de Danny Boodman T.D. Lemon Mil Novecientos, quien fuera encontrado abandonado sobre el piano de la primera clase del trasatlántico Virginia en un moisés improvisado con un cajón de T.D.Lemon. El que lo encontró fue el marinero negro Danny Boodman (Bill Nunn), quien lo crió y protegió hasta que un accidente cobró su vida en el barco.
Falta explicar porqué lo de Mil Novecientos en el nombre. Es porque Danny lo encontró el primer mes del primer año del siglo XX y da cierto prestigio tener un número en el nombre.
Novecientos crece y vive en el barco, sin bajar nunca a tierra. Al principio porque las autoridades portuarias pudieran reclamar los documentos del chico y hasta podría haber una denuncia de un bebé perdido. Y luego porque él no quiere desprenderse del barco.
Una noche todo el barco se despierta estupefacto. Una música suena en el comedor de la primera clase. Van los pasajeros y tripulación en peregrinación y se encuentran a Novecientos brindando un espectáculo de interpretación al piano. Nadie sabrá nunca cuándo fue que el niño aprendió a tocar el instrumento ni de donde encontró tanta belleza en su música.
Novecientos va a formar parte desde entonces del espectáculo musical del crucero.
Todo esto se lo cuenta Max Tooney (Pruitt Taylor Vince) a un comerciante del puerto (Peter Vaughan) al que le ha vendido su trompeta.
Y así, entre anécdotas y recuerdos se va desarrollando esta melancólica historia de Novecientos (Tim Roth), un visionario sabio y profundo a la vez que un músico de primera calidad.
Tanto que envidiando su fama, Jelly Roll Morton (Clarence Williams) va a retar a Novecientos a un duelo de pianistas. Novecientos que no entiende de competencia, no desconfía del desafío y se presta ingenuamente a hacer su parte.
Con una magnífica fotografía de Lajos Koltai y la banda sonora compuesta por el gran Ennio Morricone, esta película de Tornatore se constituye en la apoteosis de la poesía con que realizó Cinema Paradiso. Es extraño que no haya tenido muchísima más difusión.
La actuación de Tim Roth es espectacular. Su rostro aniñado demuestra toda la paz y la serenidad con que Novecientos vive su vida de pequeño alcance.
Una vez se enamora de una chica pasajera, (Melanie Thierry) y por una oración que élla dice de su padre, se da cuenta que se trata de la hija de un pasajero (Gabriele Lavia) que años atrás lo acompañó en una de sus interpretaciones solitarias usando un pequeño acordeón. Pero aún así, Novecientos no va a dejar el barco que ha sido su moisés y su cuna durante toda su vida.
De una belleza inusual y con un lenguaje poético donde asoma el alma de Tornatore, la película se convierte en un vehículo para la reflexión y la introspección del espectador, ya que sus sentimientos van a ser removidos, no conmovidos, pero sí desordenados.
Tema de amor
Otra cosa que el espectador va a notar es que la molestia por la lentitud con que se desarrollan los hechos va a cambiar en una dulce sensación de bienestar cuando sus sentidos se impregnen de las imágenes, los sonidos y la historia tan melancólica de este ser inexistente para la historia que se vuelve en tema principal de nuestras ideas y emociones.
Nueve puntos sin dudar para "La leyenda del pianista en el océano" (dicho Novecento).
Es la historia de Danny Boodman T.D. Lemon Mil Novecientos, quien fuera encontrado abandonado sobre el piano de la primera clase del trasatlántico Virginia en un moisés improvisado con un cajón de T.D.Lemon. El que lo encontró fue el marinero negro Danny Boodman (Bill Nunn), quien lo crió y protegió hasta que un accidente cobró su vida en el barco.
Falta explicar porqué lo de Mil Novecientos en el nombre. Es porque Danny lo encontró el primer mes del primer año del siglo XX y da cierto prestigio tener un número en el nombre.
Novecientos crece y vive en el barco, sin bajar nunca a tierra. Al principio porque las autoridades portuarias pudieran reclamar los documentos del chico y hasta podría haber una denuncia de un bebé perdido. Y luego porque él no quiere desprenderse del barco.
Una noche todo el barco se despierta estupefacto. Una música suena en el comedor de la primera clase. Van los pasajeros y tripulación en peregrinación y se encuentran a Novecientos brindando un espectáculo de interpretación al piano. Nadie sabrá nunca cuándo fue que el niño aprendió a tocar el instrumento ni de donde encontró tanta belleza en su música.
Novecientos va a formar parte desde entonces del espectáculo musical del crucero.
Todo esto se lo cuenta Max Tooney (Pruitt Taylor Vince) a un comerciante del puerto (Peter Vaughan) al que le ha vendido su trompeta.
Y así, entre anécdotas y recuerdos se va desarrollando esta melancólica historia de Novecientos (Tim Roth), un visionario sabio y profundo a la vez que un músico de primera calidad.
Tanto que envidiando su fama, Jelly Roll Morton (Clarence Williams) va a retar a Novecientos a un duelo de pianistas. Novecientos que no entiende de competencia, no desconfía del desafío y se presta ingenuamente a hacer su parte.
Con una magnífica fotografía de Lajos Koltai y la banda sonora compuesta por el gran Ennio Morricone, esta película de Tornatore se constituye en la apoteosis de la poesía con que realizó Cinema Paradiso. Es extraño que no haya tenido muchísima más difusión.
La actuación de Tim Roth es espectacular. Su rostro aniñado demuestra toda la paz y la serenidad con que Novecientos vive su vida de pequeño alcance.
Una vez se enamora de una chica pasajera, (Melanie Thierry) y por una oración que élla dice de su padre, se da cuenta que se trata de la hija de un pasajero (Gabriele Lavia) que años atrás lo acompañó en una de sus interpretaciones solitarias usando un pequeño acordeón. Pero aún así, Novecientos no va a dejar el barco que ha sido su moisés y su cuna durante toda su vida.
De una belleza inusual y con un lenguaje poético donde asoma el alma de Tornatore, la película se convierte en un vehículo para la reflexión y la introspección del espectador, ya que sus sentimientos van a ser removidos, no conmovidos, pero sí desordenados.
Tema de amor
Otra cosa que el espectador va a notar es que la molestia por la lentitud con que se desarrollan los hechos va a cambiar en una dulce sensación de bienestar cuando sus sentidos se impregnen de las imágenes, los sonidos y la historia tan melancólica de este ser inexistente para la historia que se vuelve en tema principal de nuestras ideas y emociones.
Nueve puntos sin dudar para "La leyenda del pianista en el océano" (dicho Novecento).
Etiquetas:
1998,
Bill Nunn,
Clarence Williams,
Drama romántico,
Gabriele Lavia,
Giuseppe Tornatore,
Italia,
Melanie Thierry,
Peter Vaughan,
Pruitt Taylor Vince,
Tim Roth
viernes, 1 de enero de 2016
El casamiento de Raquel (Rachel getting married) (Jonathan Demme, 2008) 🌟🌟🌟🌟
Sobre un guión de Jenny Lumet (hija del director Sydney Lumet y nieta de la cantante Lena Horne), este curioso director construye una de las películas más deslumbrantes de los últimos tiempos.
En la década de los noventa, Demme dirigió dos películas interesantes, "El silencio de los inocentes" y "Filadelfia" y luego de eso prácticamente nada.
"El casamiento de Raquel" asombra por los inquietos movimientos de cámara y los planos sorprendentes. Como toda la historia gira alrededor del casamiento de Raquel, tomando como ejemplo a Robert Altman ("Una boda"), Demme se explaya en las tomas "caseras" pero siempre sorprendentes, de las familias de los contrayentes construídas sobre escenas armadas al paso de la cámara, por decirlo de algún modo.
Comienza la película con Kim (Anne Hathaway) dejando la clínica donde está internada para hacer rehabilitación para ir a pasar una semana con su familia. Hay una pequeña escena no explicada donde la enfermera Rose le rehuye dar información sobre su número telefónico y le aclara, ya sabés que estuve a punto de perder el trabajo.
Paul (Bill Irwin) es quien ha venido a buscar a Kim, junto con Carol (Anna Deavere Smith), que no es la madre de Kim, sino la segunda esposa de Paul.
Ya en la casa, que recorre pacientemente acompañada por la cámara, encuentra que hay un montón de gente. Su hermana Raquel (excepcional performance de Rosemarie DeWitt), su dama de honor Emma (Anisa George), el novio Sidney (Tunde Adebimpe) y su mejor amigo, quien será padrino de la boda, Kieran (Mather Zickel).
Con estos personajes continuamente en danza, la vida para Kim no será nada fácil, quien, al pasar de la clínica de rehabilitación a la vida con su familia, revivirá malos momentos y expondrá sus peores sentimientos y manejos. Especialmente cuando su hermana Raquel siente que está tratando de robarle el protagonismo que le corresponde.
La aparición de la distante madre de ambas (Debra Winger), tampoco hará las cosas más sencillas para Kim.
La casa está también llena de músicos, ya que Sidney es también músico, esto le da motivo al director para decorar las escenas con sonidos exóticos y asombrosos (la electrónica marcha nupcial de Wagner).
El espectador va siendo seducido por la historia que cuenta el film y aunque conoce el desenlace desde el principio, la boda se realizará y Kim volverá a la clínica, se ve invadido por la realidad del momento presente y del pasado cuando retorna a cobrarse las deudas.
Una película realmente asombrosa y digna de ser vista con el mayor interés.
Trailer
La hermosa canción de Neil Young "Unknown legend" es interpretada en la ceremonia por el novio, como presente a Raquel.
Unknown legend
Nueve puntos sobre diez para esta asombrosa película de Jonathan Demme, que bienvenido sea al mundo del cine.
En la década de los noventa, Demme dirigió dos películas interesantes, "El silencio de los inocentes" y "Filadelfia" y luego de eso prácticamente nada.
"El casamiento de Raquel" asombra por los inquietos movimientos de cámara y los planos sorprendentes. Como toda la historia gira alrededor del casamiento de Raquel, tomando como ejemplo a Robert Altman ("Una boda"), Demme se explaya en las tomas "caseras" pero siempre sorprendentes, de las familias de los contrayentes construídas sobre escenas armadas al paso de la cámara, por decirlo de algún modo.
Comienza la película con Kim (Anne Hathaway) dejando la clínica donde está internada para hacer rehabilitación para ir a pasar una semana con su familia. Hay una pequeña escena no explicada donde la enfermera Rose le rehuye dar información sobre su número telefónico y le aclara, ya sabés que estuve a punto de perder el trabajo.
Paul (Bill Irwin) es quien ha venido a buscar a Kim, junto con Carol (Anna Deavere Smith), que no es la madre de Kim, sino la segunda esposa de Paul.
Ya en la casa, que recorre pacientemente acompañada por la cámara, encuentra que hay un montón de gente. Su hermana Raquel (excepcional performance de Rosemarie DeWitt), su dama de honor Emma (Anisa George), el novio Sidney (Tunde Adebimpe) y su mejor amigo, quien será padrino de la boda, Kieran (Mather Zickel).
Con estos personajes continuamente en danza, la vida para Kim no será nada fácil, quien, al pasar de la clínica de rehabilitación a la vida con su familia, revivirá malos momentos y expondrá sus peores sentimientos y manejos. Especialmente cuando su hermana Raquel siente que está tratando de robarle el protagonismo que le corresponde.
La aparición de la distante madre de ambas (Debra Winger), tampoco hará las cosas más sencillas para Kim.
La casa está también llena de músicos, ya que Sidney es también músico, esto le da motivo al director para decorar las escenas con sonidos exóticos y asombrosos (la electrónica marcha nupcial de Wagner).
El espectador va siendo seducido por la historia que cuenta el film y aunque conoce el desenlace desde el principio, la boda se realizará y Kim volverá a la clínica, se ve invadido por la realidad del momento presente y del pasado cuando retorna a cobrarse las deudas.
Una película realmente asombrosa y digna de ser vista con el mayor interés.
Trailer
La hermosa canción de Neil Young "Unknown legend" es interpretada en la ceremonia por el novio, como presente a Raquel.
Unknown legend
Nueve puntos sobre diez para esta asombrosa película de Jonathan Demme, que bienvenido sea al mundo del cine.
Etiquetas:
2008,
Anisa George,
Anna Deawere Smith,
Anne Hathaway,
Bill Irwin,
Comedia dramática,
Debra Winger,
Jonathan Demme,
Mather Zickel,
Rosemarie DeWitt,
Tunde Adebimpe,
USA
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Angeles en América (Mike Nichols, 2003) 🌟🌟🌟🌟
Entre la realidad y la ficción hay una enorme zona
gris donde habitualmente los seres humanos nos debatimos en medio de nuestras
aflicciones. Hay veces en que la realidad pareciera querer superar abiertamente
a la ficción y nos sacude por la cabeza hechos que parecieran arrancados de una
mente febril. Insanos, nebulosos, ridículos, imposibles de ser tomados en
serio.
Y otras veces la ficción se torna tan real que nos
sentimos inundados de sentimientos en los que no terminamos de confiar por
creer que no son hechos verdaderos sino inventos de nuestra mente.
Pero es precisamente en esta zona gris donde el ser
humano encuentra la razón fundamental de su existencia. Crea una ficción de sí
mismo e intenta por todos los medios llevarla a la realidad. Este es el nudo dramático
de casi todas nuestras aflicciones.
Será por ese motivo que la mayoría de las
manifestaciones culturales encuentran a esta zona gris como el lugar natural donde
poder desarrollarse y expresarse.
Los que se mueven en televisión hacen trampa. Quieren
hacernos creer que están fuera de duda (de esta zona gris) a toda costa y consiguen engañar a muchos espectadores crédulos.
Pero a veces la televisión se manifiesta
abiertamente cinematográfica y entonces utiliza toda la gama de recursos
estéticos, técnicos y emotivos que el cine ha tomado como propios para la materia prima
de su arte.
Mike Nichols es un realizador cinematográfico de
primer orden. Lo ha demostrado más de una vez con excelentes adaptaciones. "El
Graduado", "Trampa 22", "Quién le teme a Virginia Wolf", son solo algunas de sus
contribuciones al cine.
Pero para "Ángeles en América" utiliza la televisión en
forma de miniserie, organizada en 6 capítulos. Y para nuestro asombro, elige
moverse dentro de la zona gris. En todo momento la supuesta realidad se ve
invadida por maravillas que a veces hasta parecen invasiones de otra dimensión
en la vida cotidiana. Y lo maneja de un modo maravilloso.
Creo que el principal encanto de Ángeles en América
radica en la manera en que las alucinaciones de los personajes encajan
completamente con la realidad y en que la realidad se vuelve absolutamente
desconfiable de manera tal que son mucho más certeras las afirmaciones oníricas
de los personajes que los hechos que se desarrollan.
Mike Nichols usa y abusa de estos elementos a través
de toda la miniserie y logra desconcertarnos para que no sepamos muy bien a qué
atenernos.
De todos modos, la realidad a la que apela como
materia prima de su construcción es absolutamente localista. Los problemas que afligen
a los protagonistas no siempre tienen posibilidad de conseguir algún tipo de
identificación por parte del espectador, a no ser que pertenezca a una minoría
incluso dentro de Nueva York.
Hay que resaltar las excelentes interpretaciones de
los actores, todos ellos en gran medida contribuyen al objeto de la obra. Sin
Meryl Streep (Hannah Pitt, Ethel Rosemberg y el Rabino) sus personajes serían otra cosa absolutamente distinta. Al Pacino compone un Roy Cohn que será inolvidable para todo aquel que vea la historia. Emma Thompson (Enfermera Emily, mujer vagabunda y el Angel) nos deja otra más de sus inolvidables interpretaciones. No hay que olvidarse del maravilloso personaje interpretado por Mary Louise Parker, mucho de lo mencionado en esta crónica hace referencia a su personaje. Jeffrey Wright hace de su personaje (Belize) algo absolutamente inolvidable y lo mismo ocurre con Justin Kirk.
Lamentablemente la obra se cierra en 1990, entonces
lo que pretendía ser un mensaje de optimismo hacia este universo poblado de
ángeles y seres humanos se vuelve un mensaje agrio y negro. Dios ha abandonado
el universo y estamos en manos de esquizofrénicos fascistas.
Hay una advertencia en uno de los capítulos donde se promete
para el año 2000 un Estados Unidos manejado a gusto y piacere por los
republicanos. La advertencia ha ido más lejos en la realidad. El mundo entero
ha pasado a ser la oficina donde desarrollan sus negocios a su propia
conveniencia y sin la más mínima vergüenza.
De todos modos, en vista de la posterior malograda
Closer, esta miniserie devuelve a Mike Nichols a un lugar de estima dentro de
los cineastas norteamericanos.
Nueve puntos sobre diez para esta magnífica realización de Mike Nichols. No olvidemos la excelente banda de sonido de Thomas Newman.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






