Hay muchos films documentales. Nos cuentan sobre culturas, animales, geografías. Y biografías.
Cuando el sujeto del que se ocupa la biografía es un creador cinematográfico es como que la película se vuelve doblemente película. Un film sobre filmes, que son las obras artísticas de las que se desprende el alma del realizador evocado.
Pero cuando además, el film documental, consigue atrapar la emoción de la creación, el film se vuelve una obra de arte en sí mismo.
Es lo que sucede con el film de Ron Mann sobre la vida y obra de Robert Altman.
Contándonos sobre sus comienzos, desde que deja la marina para radicarse en California junto a sus padres. Cuando viaja a Nueva York en busca de un futuro para sus ganas de poner en práctica las ideas y sentimientos que lo movilizan. Cuando es descubierto por Alfred Hitchcock quien le ofrece dirigir algunos episodios de su programa de televisión y desde allí se vuelve un exitoso director de series para la televisión, "Bonanza", "Combate", "Ruta 66" y muchas más.
Cuando harto del mundo repetitivo de la televisión decide incursionar en el cine, con golpes, fracasos y aciertos.
La historia contada está dividida en capítulos cuyo epígrafe está presentado por uno de sus colaboradores dando una definición del término "Altmanesque".
En casi todos los epígrafes hay una idea base que sintetiza el mundo de Robert Altman, hecho de creatividad e innovación. Como dice Lyle Lovett en su parte, "Altmanesque significa contador de cuentos, el maestro en contar cuentos".
A través de una sucesión de hechos que ilustran la personalidad libre y fuera de los standards en el cine, Ron Mann va desgranando la historia de sus films. De los que el propio Robert Altman dice que estaba muy orgulloso. Cuando había hecho una docena de películas se jactaba de que cada una de éllas tuviera su propia originalidad, pero que sin embargo en los últimos años se dio cuenta que en realidad cada película constituye solo un capítulo de su novela.
Para los que amamos su colosal obra fílmica es un placer conocer la personalidad que había detrás de esos films y de que fuera tan original y libre como lo eran sus películas.
Si al final nos queda la congoja de haberlo perdido para siempre, también nos queda la magia de sus casi 40 películas que nunca nos vamos a cansar de ver.
Trailer en inglés con subtítulos en alemán.
Como dice el mismo Robert Altman, "yo hacía guantes y los productores querían zapatos".
No fue precisamente el niño mimado de Hollywood y nunca recibió un premio Oscar, salvo el dedicado a su trayectoria artística.
Los premios los obtuvo del Festival de Cannes, por "Mash" y por "Las reglas del juego", algo que habla muy bien de su patrimonio artístico.
Ocho puntos sobre diez para este emocionante documental sobre Robert Altman.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
domingo, 23 de agosto de 2015
Altman (Ron Mann, 2014) 🌟🌟🌟
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martes, 18 de agosto de 2015
Infancia clandestina (Benjamín Avila, 2011) 🌟🌟🌟
"Infancia clandestina" es una historia basada en hechos reales sucedidos no hace muchos años en Argentina. Es más, el director y autor también del guión, Benjamín Avila, reconoce que está basada en su historia personal.
La vida clandestina de la familia de Juan (Ernesto en la clandestinidad) perseguida por su militancia política. Lo que la sangrienta dictadura militar tachó como terroristas ante el resto de la sociedad.
Su regreso a la Argentina desde el exilio por vías separadas. Juan (un incomparable y emotivo Teo Gutiérrez Moreno) y su hermanita bebé como hijos de otra pareja que llegan desde Brasil.
Los dejan en una esquina y allí los recoge el tío Beto (Ernesto Alterio) en su camioneta de reparto de "maní con chocolate". El los va a llevar hasta la casa donde están viviendo Horacio el padre, (Daniel en la clandestinidad) (César Troncoso) y la madre Cristina (Charo en la clandestinidad) (Natalia Oreiro).
La historia desarrolla los hechos y vivencias de Juan desde ese momento hasta el final inevitable, golpeando a la puerta de la casa de su abuela Amelia (la incomparable Cristina Banegas).
Va a pasar a través de su ingreso en la escuela, la aceptación de sus compañeros y su primer amor representado por María (Violeta Palukas).
Hay una hermosa escena filmada durante un campamento, en que Ernesto y María terminan dentro de un auto abandonado. Ernesto le ofrece maní con chocolate y María contesta que no le gusta, con lo cual toda la escena armada por el buen tío Beto sobre cómo conquistar a una mujer, se derrumba como un castillo de naipes.
La visita también clandestina de la abuela Amelia, en la cuál les pregunta que porqué regresaron al país justo en ese momento, plena represión de la dictadura militar, poniendo en riesgo no solamente a éllos mismos sino a sus nietos.
La escena es tremenda, cuando la abuela le pregunta a Cristina si es que quiere que también sus hijos sean terroristas y Cristina (una emocionante Natalia Oreiro, reclamada en la vida real como hija de desaparecidos), contesta "y porqué no militantes".
La abuela confiesa a Horacio que en realidad lo que élla tiene es mucho miedo y Horacio le dice que todos tienen miedo.
Como dice la actriz Cristina Banegas en una entrevista, "todos teníamos miedo, por nosotros, por nuestras familias y nuestros amigos y vecinos".
Esa es la realidad última que confiesa el director con su película, dedicada a su madre desaparecida durante la dictadura militar.
Pero en el fondo de los hechos y a pesar de la congoja obvia que despierta en el espectador, la película es una película de amor. Un abrazo para todos los seres vivos que han padecido y aún padecen persecuciones, torturas y muerte a causa de sus ideas.
Infancia Clandestina camino al Oscar (1ra. parte).
Infancia Clandestina camino al Oscar (2da parte)
Infancia Clandestina camino al Oscar (3ra. parte)
Infancia Clandestina camino al Oscar (4ta. parte)
Además de las excelentes actuaciones, la películas es un prodigio de narrativa sin caer en los golpes bajos. Ocho puntos sobre diez para este excelente film.
La vida clandestina de la familia de Juan (Ernesto en la clandestinidad) perseguida por su militancia política. Lo que la sangrienta dictadura militar tachó como terroristas ante el resto de la sociedad.
Su regreso a la Argentina desde el exilio por vías separadas. Juan (un incomparable y emotivo Teo Gutiérrez Moreno) y su hermanita bebé como hijos de otra pareja que llegan desde Brasil.
Los dejan en una esquina y allí los recoge el tío Beto (Ernesto Alterio) en su camioneta de reparto de "maní con chocolate". El los va a llevar hasta la casa donde están viviendo Horacio el padre, (Daniel en la clandestinidad) (César Troncoso) y la madre Cristina (Charo en la clandestinidad) (Natalia Oreiro).
La historia desarrolla los hechos y vivencias de Juan desde ese momento hasta el final inevitable, golpeando a la puerta de la casa de su abuela Amelia (la incomparable Cristina Banegas).
Va a pasar a través de su ingreso en la escuela, la aceptación de sus compañeros y su primer amor representado por María (Violeta Palukas).
Hay una hermosa escena filmada durante un campamento, en que Ernesto y María terminan dentro de un auto abandonado. Ernesto le ofrece maní con chocolate y María contesta que no le gusta, con lo cual toda la escena armada por el buen tío Beto sobre cómo conquistar a una mujer, se derrumba como un castillo de naipes.
La visita también clandestina de la abuela Amelia, en la cuál les pregunta que porqué regresaron al país justo en ese momento, plena represión de la dictadura militar, poniendo en riesgo no solamente a éllos mismos sino a sus nietos.
La escena es tremenda, cuando la abuela le pregunta a Cristina si es que quiere que también sus hijos sean terroristas y Cristina (una emocionante Natalia Oreiro, reclamada en la vida real como hija de desaparecidos), contesta "y porqué no militantes".
La abuela confiesa a Horacio que en realidad lo que élla tiene es mucho miedo y Horacio le dice que todos tienen miedo.
Como dice la actriz Cristina Banegas en una entrevista, "todos teníamos miedo, por nosotros, por nuestras familias y nuestros amigos y vecinos".
Esa es la realidad última que confiesa el director con su película, dedicada a su madre desaparecida durante la dictadura militar.
Pero en el fondo de los hechos y a pesar de la congoja obvia que despierta en el espectador, la película es una película de amor. Un abrazo para todos los seres vivos que han padecido y aún padecen persecuciones, torturas y muerte a causa de sus ideas.
Infancia Clandestina camino al Oscar (1ra. parte).
Infancia Clandestina camino al Oscar (2da parte)
Infancia Clandestina camino al Oscar (3ra. parte)
Infancia Clandestina camino al Oscar (4ta. parte)
Además de las excelentes actuaciones, la películas es un prodigio de narrativa sin caer en los golpes bajos. Ocho puntos sobre diez para este excelente film.
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domingo, 16 de agosto de 2015
Sagan (Diane Kurys, 2008) 🌟🌟🌟🌟
Hacer una película sobre la vida de Françoise Sagan es más que tentador para un realizador.
En base al guión escrito por Claire Lemarechal, Martine Moricone y la misma directora Diane Kurys, vamos a espiar en los entretelones de la escandalosa vida de esta gran escritora francesa.
Sylvie Testud tiene a su cargo personificar a la caprichosa, brillante y auto-destructiva Françoise Sagan y lo hace maravillosamente.
Vamos a asistir al alumbramiento de su primer novela, cuando aún se llamaba Françoise Quoirez, pero que en virtud de un comentario de reproche por parte de su madre, cambió a Sagan. Es que "Bonjour tristesse", fue un escándalo, no solamente en Francia sino en el mundo entero.
De buenas a primeras, Françoise se vio metida en una vida pública y en notas bizarras en las tapas de las revistas. De allí en más, liberada a sus propios deseos y emociones, dejó que la vida la llevara donde quisiera. Rodeada de amigos, aduladores según su hermano Jacques (Guillaume Galienne), dilapidó cuanto dinero obtuvo.
Por una única vez, en que había ganado en el casino ocho millones de francos, los invirtió en comprar una casa en Normandía que se convertiría en su refugio y castillo de protección.
Después de un accidente automovilístico, que si bien no le costó la vida, le acarreó meses de rehabilitación y, lo más grave según la opinión de la propia Françoise, la adicción a las drogas, porque la medicaron con morfina. Esa adicción de la que no se iba a despegar nunca más.
Dos matrimonios fallidos, del último le quedó un hijo, por el que nunca sintió nada y al que mantuvo alejado de su vida en todo lo posible.
Dos parejas lesbianas, Paola, la que dio el nombre a su hijo (Dennis Paolo) y de la que se separó al casarse con el norte-americano Bob Westhoff (William Miller) y la que fuera probablemente su gran compañía, Peggy Roche (Jeanne Balibar) y a la que perdió víctima del cáncer.
Es una vida llena de vaivenes y dolor, dolor al que sobrevivió a fuerza de drogas.
La película no emociona, pero es tierna y dulce, como las reflexiones de la escritora que llena los momentos de soledad del personaje.
Hasta su propio epitafio, que dejó como legado a la humanidad:
"Françoise Sagan hizo su aparición en 1954, con una novela corta, "Bonjour tristesse", que fue un escándalo mundial. Su desaparición después de una vida y obra tan agradables como imperfectas, sólo fue un escándalo para ella misma. Françoise Sagan".
Hay que mencionar la magnífica banda sonora de Armand Amar. Es la síntesis perfecta del espíritu melancólico y dulce que impregna la película.
El espectador va a resultar sorprendido por los detalles particulares de esta vida tan apasionante como romántica y va a disfrutar tanto de la película como de la lectura de sus novelas.
Trailer (en francés)
Nueve puntos sobre diez para esta fantástica versión de Diane Kurys.
En base al guión escrito por Claire Lemarechal, Martine Moricone y la misma directora Diane Kurys, vamos a espiar en los entretelones de la escandalosa vida de esta gran escritora francesa.
Sylvie Testud tiene a su cargo personificar a la caprichosa, brillante y auto-destructiva Françoise Sagan y lo hace maravillosamente.
Vamos a asistir al alumbramiento de su primer novela, cuando aún se llamaba Françoise Quoirez, pero que en virtud de un comentario de reproche por parte de su madre, cambió a Sagan. Es que "Bonjour tristesse", fue un escándalo, no solamente en Francia sino en el mundo entero.
De buenas a primeras, Françoise se vio metida en una vida pública y en notas bizarras en las tapas de las revistas. De allí en más, liberada a sus propios deseos y emociones, dejó que la vida la llevara donde quisiera. Rodeada de amigos, aduladores según su hermano Jacques (Guillaume Galienne), dilapidó cuanto dinero obtuvo.
Por una única vez, en que había ganado en el casino ocho millones de francos, los invirtió en comprar una casa en Normandía que se convertiría en su refugio y castillo de protección.
Después de un accidente automovilístico, que si bien no le costó la vida, le acarreó meses de rehabilitación y, lo más grave según la opinión de la propia Françoise, la adicción a las drogas, porque la medicaron con morfina. Esa adicción de la que no se iba a despegar nunca más.
Dos matrimonios fallidos, del último le quedó un hijo, por el que nunca sintió nada y al que mantuvo alejado de su vida en todo lo posible.
Dos parejas lesbianas, Paola, la que dio el nombre a su hijo (Dennis Paolo) y de la que se separó al casarse con el norte-americano Bob Westhoff (William Miller) y la que fuera probablemente su gran compañía, Peggy Roche (Jeanne Balibar) y a la que perdió víctima del cáncer.
Es una vida llena de vaivenes y dolor, dolor al que sobrevivió a fuerza de drogas.
La película no emociona, pero es tierna y dulce, como las reflexiones de la escritora que llena los momentos de soledad del personaje.
Hasta su propio epitafio, que dejó como legado a la humanidad:
"Françoise Sagan hizo su aparición en 1954, con una novela corta, "Bonjour tristesse", que fue un escándalo mundial. Su desaparición después de una vida y obra tan agradables como imperfectas, sólo fue un escándalo para ella misma. Françoise Sagan".
Hay que mencionar la magnífica banda sonora de Armand Amar. Es la síntesis perfecta del espíritu melancólico y dulce que impregna la película.
El espectador va a resultar sorprendido por los detalles particulares de esta vida tan apasionante como romántica y va a disfrutar tanto de la película como de la lectura de sus novelas.
Trailer (en francés)
Nueve puntos sobre diez para esta fantástica versión de Diane Kurys.
lunes, 10 de agosto de 2015
El veredicto (Sidney Lumet, 1982) 🌟🌟🌟
Basado en una novela de Barry Reed, David Mamet escribe un prodigioso e intachable guión para esta película que dirigió el gran Sidney Lumet.
A grandes rasgos el argumento: Paul Newman personifica a Frank Galvin, un abogado fracasado y casi a punto del suicidio por alcohol, que toma un caso que le envía su mentor y profesor, Mickey Morrissey (Jack Warden).
Es un caso fácil de mala praxis por el que puede obtener un interesante pago, ya que la paciente Deborah Ann Kaye ha quedado cuadripléjica y sin signos vitales luego de un parto en una clínica de la iglesia católica de Boston, el St. Catherine Hospital.
En efecto, el abogado del hospital le ofrece un pago por 210.000 dólares a cambio de retirar la demanda, ya que afectaría a dos médicos de prestigio y renombre y a una institución como el St. Catherine Hospital. Frank Galvin comenta, qué curioso que la cifra sea exactamente divisible por tres (sus clientes son la hermana Sally y su marido Kevin Doneghy) y termina rechazando el arreglo.
De allí en más se pone en movimiento el bureau de abogados de Ed Concannon (James Mason), un prestigioso y exitoso abogado que dirigirá las operaciones de su equipo para que la demanda fracase.
Un personaje que aparece casi de las sombras y que acompañará a Galvin, es el de Laura Fischer (una genial Charlotte Rampling). Laura será el respaldo que el débil Galvin necesita para hacerse cargo del caso. Pero habrá sorpresas con Laura.
También lo habrá con el equipo médico implicado en el parto de Deborah, de los cuales está acusado por negligencia el doctor Towler, anestesista, pero en el que son todos testigos. Todos salvo una enfermera, Maureen Rooney (Julie Bovasso) que se niega a testificar por la acusación. Pero alguien que no estuvo en la sala de operación, será clave para desentrañar la verdad, Kaitlin Costello, personificada por Lindsay Crouse, cuya actuación es realmente memorable.
Todas las trampas y los vericuetos de delitos permitidos a la justicia están mostrados por los costados de la película. Hasta el soborno del juez Hoyle (Milo O'Shea), sobornado obviamente por el poder económico del obispado. Toda la ropa sucia de la justicia queda al descubierto en la película, pero siempre algo veladamente al espectador y a los integrantes del jurado.
Sin embargo, la verdad es imparable. No se puede negar. El obispo Brophy (Edward Binns) contesta a las alabanzas que el abogado del obispado hace de la actuación de Concannon con una pregunta, pero ¿usted cree que la testigo dijo la verdad?.
Esta es la justificación de toda la película y Sidney Lumet se las arregla para conducir a todos los intérpretes de la película hacia ese callejón sin salida que es la verdad y con éllos, a los espectadores. Si bien la película es de 1982, es tan lúcida y vigente hoy como lo fue en el siglo pasado.
La actuación de Paul Newman es fuera de serie. Los vaivenes de debilidad y fuerza con que dota a su personaje son inestimables para el éxito de la película.
Desde que en 1957 Sidney Lumet entregó su primer obra maestra "Doce hombres en pugna", hasta esta "El veredicto" o "Veredicto final" o "Será justicia", como la quieran llamar, ha hecho una larga carrera en la cual perfeccionó con cada película su estilo frío y eficaz que termina atrapando al espectador como un animal en la trampa.
Alegato del juicio
"Si queremos tener fé en la justicia, sólo tenemos que creer en nosotros mismos"
Ocho puntos sobre diez para esta terrible película de Sidney Lumet. Terrible por las consecuencias que puede tener sobre nuestras mentes,
A grandes rasgos el argumento: Paul Newman personifica a Frank Galvin, un abogado fracasado y casi a punto del suicidio por alcohol, que toma un caso que le envía su mentor y profesor, Mickey Morrissey (Jack Warden).
Es un caso fácil de mala praxis por el que puede obtener un interesante pago, ya que la paciente Deborah Ann Kaye ha quedado cuadripléjica y sin signos vitales luego de un parto en una clínica de la iglesia católica de Boston, el St. Catherine Hospital.
En efecto, el abogado del hospital le ofrece un pago por 210.000 dólares a cambio de retirar la demanda, ya que afectaría a dos médicos de prestigio y renombre y a una institución como el St. Catherine Hospital. Frank Galvin comenta, qué curioso que la cifra sea exactamente divisible por tres (sus clientes son la hermana Sally y su marido Kevin Doneghy) y termina rechazando el arreglo.
De allí en más se pone en movimiento el bureau de abogados de Ed Concannon (James Mason), un prestigioso y exitoso abogado que dirigirá las operaciones de su equipo para que la demanda fracase.
Un personaje que aparece casi de las sombras y que acompañará a Galvin, es el de Laura Fischer (una genial Charlotte Rampling). Laura será el respaldo que el débil Galvin necesita para hacerse cargo del caso. Pero habrá sorpresas con Laura.
También lo habrá con el equipo médico implicado en el parto de Deborah, de los cuales está acusado por negligencia el doctor Towler, anestesista, pero en el que son todos testigos. Todos salvo una enfermera, Maureen Rooney (Julie Bovasso) que se niega a testificar por la acusación. Pero alguien que no estuvo en la sala de operación, será clave para desentrañar la verdad, Kaitlin Costello, personificada por Lindsay Crouse, cuya actuación es realmente memorable.
Todas las trampas y los vericuetos de delitos permitidos a la justicia están mostrados por los costados de la película. Hasta el soborno del juez Hoyle (Milo O'Shea), sobornado obviamente por el poder económico del obispado. Toda la ropa sucia de la justicia queda al descubierto en la película, pero siempre algo veladamente al espectador y a los integrantes del jurado.
Sin embargo, la verdad es imparable. No se puede negar. El obispo Brophy (Edward Binns) contesta a las alabanzas que el abogado del obispado hace de la actuación de Concannon con una pregunta, pero ¿usted cree que la testigo dijo la verdad?.
Esta es la justificación de toda la película y Sidney Lumet se las arregla para conducir a todos los intérpretes de la película hacia ese callejón sin salida que es la verdad y con éllos, a los espectadores. Si bien la película es de 1982, es tan lúcida y vigente hoy como lo fue en el siglo pasado.
La actuación de Paul Newman es fuera de serie. Los vaivenes de debilidad y fuerza con que dota a su personaje son inestimables para el éxito de la película.
Desde que en 1957 Sidney Lumet entregó su primer obra maestra "Doce hombres en pugna", hasta esta "El veredicto" o "Veredicto final" o "Será justicia", como la quieran llamar, ha hecho una larga carrera en la cual perfeccionó con cada película su estilo frío y eficaz que termina atrapando al espectador como un animal en la trampa.
Alegato del juicio
"Si queremos tener fé en la justicia, sólo tenemos que creer en nosotros mismos"
Ocho puntos sobre diez para esta terrible película de Sidney Lumet. Terrible por las consecuencias que puede tener sobre nuestras mentes,
miércoles, 29 de julio de 2015
Algún día comprenderás (Plus tard) (Amos Gitai, 2008) 🌟🌟🌟
Victor (Hippolite Girardot) está obsesionado por develar la historia de sus abuelos maternos. Sabe que finalmente murieron ambos en Auschwitz, pero no conoce los detalles de cómo llegaron al campo de concentración. Nadie jamás en su familia los mencionó.
Su madre, Rivka (Jeanne Moreau), vive aparentemente feliz entre sus objetos elegidos, sus pinturas y dedicando todos sus esfuerzos a disfrutar de su vejez. Entre sus objetos elegidos no figura, aparentemente, recordar a sus padres, a quienes no tuvo siquiera el consuelo de enterrar.
Amos Gitai, director cinematográfico israelí, adapta la novela autobiográfica de Jerome Clement y consigue trasladar al espectador al mundo emocional de las consecuencias del holocausto, donde los grandes golpes están matizados por detalles dulces y cálidos. Antes de la recreación de la brutal detención de sus abuelos, hay una hermosa escena en la que ambos bailan un vals en la habitación del hotel en la que viven.
Es una película que seduce por la suma de detalles más que por la historia en sí misma.
Jeanne Moreau consigue a través de sus gestos, que el personaje de Rivka despliegue todos los matices de seducción y belleza que la actriz posee. Las escenas filmadas en su departamento, donde el ojo de la cámara pasa a través de las puertas y paredes a los ambientes sensiblemente iluminados de las habitaciones, son simplemente brillantes.
En el rol de la esposa de Victor, Françoise, deslumbra Emmanuelle Devos, a quien viéramos no hace mucho encarnando a Violette Leduc. La ambigüedad con que gesticula es alucinante. Pasa de la sonrisa más amplia a un gesto de preocupación que es como si el rostro se nublara. Y también la lucidez de sus parlamentos es asombrosa.
La hermana de Víctor, Tania (Dominique Blanc) también posee propiedades ambivalentes. Si la cámara enfoca su frente y sus ojos, es una muchacha joven, si en cambio, toma todo el rostro, los años pesan en un personaje que es al menos 6 años mayor que Víctor. Tania fue confiada a la hermana de su padre, católica como toda la familia del padre y así pudo escapar del destino de ser hija de una madre judía. Rivka tampoco conoció el campo de concentración, gracias a una carta que su marido enviara al comisario de París durante el gobierno de Vichy, donde aclaraba que hasta la tercera generación sus antepasados eran arios y que su esposa sí era judía, pese a lo cual su hija Tania había sido bautizada.
Particular magia tienen las escenas donde Victor es convocado por el organismo que, a partir del gobierno de Chirac, está encargado de evaluar las pérdidas de los ciudadanos franceses judíos que fueran enviados a los campos de concentración y estimar las posibles compensaciones. Las dos mujeres encargadas de explicar los detalles a Victor son simplemente fenomenales. Cuando aparece la lista de objetos de valor, manuscrita por su abuelo, que dejara en depósito antes de ingresar al campo de concentración, Víctor huye totalmente destruído.
Es una película fuertemente emotiva sin ser lacrimógena. Hace que el espectador sienta lo que pudieron haber vivido los personajes de la historia sin necesidad de ilustrar escenas de muerte o del campo de concentración.
Quizás las escenas más duras están al principio, cuando Víctor, recorriendo las paredes del monumento en memoria de las víctimas judías, encuentra los nombres de sus abuelos.
La música de Louis Sclavis es densamente seductora, como todo en esta película. La fotografía de Caroline Champetier es formidable.
Trailer
Ocho puntos sobre diez para "Algún día comprenderás" y el espectador que esté avisado que va a terminar de ver la película con el corazón estrujado.
Su madre, Rivka (Jeanne Moreau), vive aparentemente feliz entre sus objetos elegidos, sus pinturas y dedicando todos sus esfuerzos a disfrutar de su vejez. Entre sus objetos elegidos no figura, aparentemente, recordar a sus padres, a quienes no tuvo siquiera el consuelo de enterrar.
Amos Gitai, director cinematográfico israelí, adapta la novela autobiográfica de Jerome Clement y consigue trasladar al espectador al mundo emocional de las consecuencias del holocausto, donde los grandes golpes están matizados por detalles dulces y cálidos. Antes de la recreación de la brutal detención de sus abuelos, hay una hermosa escena en la que ambos bailan un vals en la habitación del hotel en la que viven.
Es una película que seduce por la suma de detalles más que por la historia en sí misma.
Jeanne Moreau consigue a través de sus gestos, que el personaje de Rivka despliegue todos los matices de seducción y belleza que la actriz posee. Las escenas filmadas en su departamento, donde el ojo de la cámara pasa a través de las puertas y paredes a los ambientes sensiblemente iluminados de las habitaciones, son simplemente brillantes.
En el rol de la esposa de Victor, Françoise, deslumbra Emmanuelle Devos, a quien viéramos no hace mucho encarnando a Violette Leduc. La ambigüedad con que gesticula es alucinante. Pasa de la sonrisa más amplia a un gesto de preocupación que es como si el rostro se nublara. Y también la lucidez de sus parlamentos es asombrosa.
La hermana de Víctor, Tania (Dominique Blanc) también posee propiedades ambivalentes. Si la cámara enfoca su frente y sus ojos, es una muchacha joven, si en cambio, toma todo el rostro, los años pesan en un personaje que es al menos 6 años mayor que Víctor. Tania fue confiada a la hermana de su padre, católica como toda la familia del padre y así pudo escapar del destino de ser hija de una madre judía. Rivka tampoco conoció el campo de concentración, gracias a una carta que su marido enviara al comisario de París durante el gobierno de Vichy, donde aclaraba que hasta la tercera generación sus antepasados eran arios y que su esposa sí era judía, pese a lo cual su hija Tania había sido bautizada.
Particular magia tienen las escenas donde Victor es convocado por el organismo que, a partir del gobierno de Chirac, está encargado de evaluar las pérdidas de los ciudadanos franceses judíos que fueran enviados a los campos de concentración y estimar las posibles compensaciones. Las dos mujeres encargadas de explicar los detalles a Victor son simplemente fenomenales. Cuando aparece la lista de objetos de valor, manuscrita por su abuelo, que dejara en depósito antes de ingresar al campo de concentración, Víctor huye totalmente destruído.
Es una película fuertemente emotiva sin ser lacrimógena. Hace que el espectador sienta lo que pudieron haber vivido los personajes de la historia sin necesidad de ilustrar escenas de muerte o del campo de concentración.
Quizás las escenas más duras están al principio, cuando Víctor, recorriendo las paredes del monumento en memoria de las víctimas judías, encuentra los nombres de sus abuelos.
La música de Louis Sclavis es densamente seductora, como todo en esta película. La fotografía de Caroline Champetier es formidable.
Trailer
Ocho puntos sobre diez para "Algún día comprenderás" y el espectador que esté avisado que va a terminar de ver la película con el corazón estrujado.
jueves, 23 de julio de 2015
Libera, amor mío (Mauro Bolognini, 1975) 🌟🌟🌟
Libera (Claudia Cardinale) es el personaje romántico por antonomasia.
Hija de un anarquista confinado por el regimen fascista en el exilio, Libera hace su propia lucha contra el régimen, causando los mil y un problemas a su marido Matteo (Bruno Cirino), de profesión sastre y a sus hijos Carlo y Anna.
En un salón bailable le canta sus verdades nada menos que al comisario político Testa (Philippe Leroy) y este promete vengarse de por vida.
Visitando a su padre (Adolfo Celi) en el exilio conoce a otro desterrado, Sandro Poggi (Bekim Fehmiu) y cuando este escapa del confinamiento y acude a verla, no duda en esconderlo y ayudarlo a conseguir un pasaporte con el cual pueda escapar de la Italia fascista.
Testa buscando a Poggi, allana la casa de Libera y Matteo y la policía revisa todos los ambientes, incluso la bohardilla donde está escondido Poggi, pero no lo encuentran. Finalmente por el contacto que confeccionó el pasaporte la detienen a Libera, es juzgada y condenada a cinco años de exilio. Y allí marcha Libera, feliz al exilio en la isla que compartirá con su padre.
Cuando faltan pocos meses para su liberación, cae el gobierno de Mussolini y como la isla está en la zona de guerra, los presos son enviados a sus ciudades con arresto domiciliario. Testa le advierte a Libera que va a estar detrás de sus pasos. No hace falta mucho, porque en un cine, viendo las noticias tendenciosas, a Libera se le escapan las críticas en voz más que alta y es nuevamente detenida. Esta vez Testa va más allá, clausura la sastrería de Matteo y los pone a ambos bajo arresto domiciliario.
Finalmente los alemanes toman los territorios ocupados aún por los fascistas y comienzan los asesinatos en masa. Libera debe huir porque su vida corre peligro. Matteo va con Anna a la casa de su hermana y Carlo se escapa con los partisanos.
Libera trabaja para los partisanos, les consigue armas y todo lo que necesitan. Finalmente los alemanes la arrestan y después de una sesión de torturas, la dejan encarcelada.
Cuando los americanos liberan Bolonia, los partisanos liberan a los prisioneros y allí vuelve Libera con su familia.
Un día decide reclamar al comisariato porque aún no le han asignado vivienda a su familia y cuando va a ver al comisario, con quién se encuentra detrás del escritorio, con Testa. Indignada va al comité a quejarse con las autoridades, quienes le dicen que Testa en los últimos tiempos colaboró con éllos y que no pueden juzgar al 50% de los italianos por sus actividades fascistas. Libera dice, entonces he hecho el papel de estúpida durante los últimos 20 años.
Fuerte alegato político, donde se muestran los vejamientos que cometieron los fascistas contra sus compatriotas y la crueldad con que los alemanes mataron a civiles a diestra y siniestra durante los últimos tiempos antes de la rendición.
Mauro Bolognini describe 20 años de historia italiana con la mayor moderación. "Libera" dista mucho de ser un panfleto político, pero deja bien a las claras la pobreza del género humano para defender a sus semejantes.
Libera es una idealista fanática, pura e inocente, que aún cree en la justicia de las instituciones humanas.
Mauro Bolognini escribe el guión de la historia de Luciano Vincenzoni, en colaboración con Nicola Badalucco y le extrae toda la riqueza que la narración puede dar. Claudia Cardinale es una Libera más que creíble y transmite con su fuerte personalidad toda la fortaleza e idealismo que el personaje requiere.
El resto del elenco es también excelente y la música de Ennio Morricone pinta a la perfección el dramatismo de las escenas.
Escena (títulos en inglés)
El espectador comprometido con la realidad va a sufrir un poco y va a quedar un tanto vapuleado por esta romántica historia. Pero vale la pena verla.
Ocho puntos sobre diez para la obra de Mauro Bolognini.
Hija de un anarquista confinado por el regimen fascista en el exilio, Libera hace su propia lucha contra el régimen, causando los mil y un problemas a su marido Matteo (Bruno Cirino), de profesión sastre y a sus hijos Carlo y Anna.
En un salón bailable le canta sus verdades nada menos que al comisario político Testa (Philippe Leroy) y este promete vengarse de por vida.
Visitando a su padre (Adolfo Celi) en el exilio conoce a otro desterrado, Sandro Poggi (Bekim Fehmiu) y cuando este escapa del confinamiento y acude a verla, no duda en esconderlo y ayudarlo a conseguir un pasaporte con el cual pueda escapar de la Italia fascista.
Testa buscando a Poggi, allana la casa de Libera y Matteo y la policía revisa todos los ambientes, incluso la bohardilla donde está escondido Poggi, pero no lo encuentran. Finalmente por el contacto que confeccionó el pasaporte la detienen a Libera, es juzgada y condenada a cinco años de exilio. Y allí marcha Libera, feliz al exilio en la isla que compartirá con su padre.
Cuando faltan pocos meses para su liberación, cae el gobierno de Mussolini y como la isla está en la zona de guerra, los presos son enviados a sus ciudades con arresto domiciliario. Testa le advierte a Libera que va a estar detrás de sus pasos. No hace falta mucho, porque en un cine, viendo las noticias tendenciosas, a Libera se le escapan las críticas en voz más que alta y es nuevamente detenida. Esta vez Testa va más allá, clausura la sastrería de Matteo y los pone a ambos bajo arresto domiciliario.
Finalmente los alemanes toman los territorios ocupados aún por los fascistas y comienzan los asesinatos en masa. Libera debe huir porque su vida corre peligro. Matteo va con Anna a la casa de su hermana y Carlo se escapa con los partisanos.
Libera trabaja para los partisanos, les consigue armas y todo lo que necesitan. Finalmente los alemanes la arrestan y después de una sesión de torturas, la dejan encarcelada.
Cuando los americanos liberan Bolonia, los partisanos liberan a los prisioneros y allí vuelve Libera con su familia.
Un día decide reclamar al comisariato porque aún no le han asignado vivienda a su familia y cuando va a ver al comisario, con quién se encuentra detrás del escritorio, con Testa. Indignada va al comité a quejarse con las autoridades, quienes le dicen que Testa en los últimos tiempos colaboró con éllos y que no pueden juzgar al 50% de los italianos por sus actividades fascistas. Libera dice, entonces he hecho el papel de estúpida durante los últimos 20 años.
Fuerte alegato político, donde se muestran los vejamientos que cometieron los fascistas contra sus compatriotas y la crueldad con que los alemanes mataron a civiles a diestra y siniestra durante los últimos tiempos antes de la rendición.
Mauro Bolognini describe 20 años de historia italiana con la mayor moderación. "Libera" dista mucho de ser un panfleto político, pero deja bien a las claras la pobreza del género humano para defender a sus semejantes.
Libera es una idealista fanática, pura e inocente, que aún cree en la justicia de las instituciones humanas.
Mauro Bolognini escribe el guión de la historia de Luciano Vincenzoni, en colaboración con Nicola Badalucco y le extrae toda la riqueza que la narración puede dar. Claudia Cardinale es una Libera más que creíble y transmite con su fuerte personalidad toda la fortaleza e idealismo que el personaje requiere.
El resto del elenco es también excelente y la música de Ennio Morricone pinta a la perfección el dramatismo de las escenas.
Escena (títulos en inglés)
El espectador comprometido con la realidad va a sufrir un poco y va a quedar un tanto vapuleado por esta romántica historia. Pero vale la pena verla.
Ocho puntos sobre diez para la obra de Mauro Bolognini.
miércoles, 22 de julio de 2015
Siempre Alice (Richard Glatzer & Wash Westmoreland, 2014) 🌟🌟🌟
Hablar de "Siempre Alice" es hablar de Julianne Moore, que es la cara visible de Alice.
Sin embargo más deberíamos hablar de los directores, Glatzer y Westmoreland, quienes fueron pareja hasta la muerte de Richard Glatzer, que sucumbió a los efectos de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica, enfermedad neurológica paralizante), en marzo del 2015.
Juntos escribieron el guión de "Siempre Alice" adaptando una novela de la neuróloga y novelista Lisa Genova y juntos lo llevaron al film.
Juntos debieron haber visto recibir a la extraordinaria protagonista Julianne Moore el premio Oscar a la mejor actuación femenina del 2014.
Para quien no lo ha escuchado aún, el argumento de "Siempre Alice" describe la evolución y declive del Alzheimer en una joven profesora de lingüística de la Universidad de Columbia.
Como es un tema tan movilizante para nosotros, seres humanos que aún rechazamos la enfermedad y la muerte como si de castigos se tratara, es muy difícil llevar este tema a una película sin rozar los bordes de lo lacrimógeno y teatral.
Sin embargo los directores salen indemnes de la experiencia. Nada hay de fácil ni lacrimógeno en el film y si el personaje emociona, es por la brillante actuación de Julianne Moore.
Junto a élla, en una aún más difícil personificación, se luce Alec Baldwin, como el amante esposo de Alice. No es un personaje fácil de sacar adelante, no tiene parlamentos importantes, no dice verdades ni mentiras, no es dueño de las grandes frases, pero su actuación es perfecta.
Y he dejado para el final a la más que brillante Kristen Stewart. Evolucionando a pasos agigantados de ser la protagonista de la saga para adolescentes "Crepúsculo", Stewart asume un más que difícil rol en la película, al ser la contracara de Alice, su hija rebelde e idealista Lydia. Esta joven actriz, a sus 24 años tiene en su haber dos personajes importantísimos: uno como contrafigura de nada menos que Juliette Binoche en "Las nubes de Sils Maria" y el segundo como Lydia, secundando la mejor actuación de la carrera de Julianne Moore en "Siempre Alice".
Como vemos, esta película está llena de emoción por dónde uno quiera buscar. Desde los autores y directores, hasta los actores. Esta fue la quinta vez que Julianne Moore era nominada para los premios Oscar sin haberlo conseguido anteriormente ("Boogie nights" de Paul Thomas Anderson, "El fin de un asunto amoroso" sobre la novela de Graham Greene de Neil Jordan, "Las horas" de Stephen Daldry, y "Lejos del paraíso" de Todd Haynes). Ya en el festival de Cannes 2014 había ganado la Palma de Oro por su actuación en "Mapa de las estrellas" de David Cronenberg.
Es una película imperdible. Debe ser vista, aunque más no sea para que los enfermos de Alzheimer sean visualizados. Nadie coloca moños en su nombre, pero es una enfermedad tan dolorosa o más que el mismo cáncer.
Clip
Ocho puntos sobre diez para esta excelente película.
Sin embargo más deberíamos hablar de los directores, Glatzer y Westmoreland, quienes fueron pareja hasta la muerte de Richard Glatzer, que sucumbió a los efectos de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica, enfermedad neurológica paralizante), en marzo del 2015.
Juntos escribieron el guión de "Siempre Alice" adaptando una novela de la neuróloga y novelista Lisa Genova y juntos lo llevaron al film.
Juntos debieron haber visto recibir a la extraordinaria protagonista Julianne Moore el premio Oscar a la mejor actuación femenina del 2014.
Para quien no lo ha escuchado aún, el argumento de "Siempre Alice" describe la evolución y declive del Alzheimer en una joven profesora de lingüística de la Universidad de Columbia.
Como es un tema tan movilizante para nosotros, seres humanos que aún rechazamos la enfermedad y la muerte como si de castigos se tratara, es muy difícil llevar este tema a una película sin rozar los bordes de lo lacrimógeno y teatral.
Sin embargo los directores salen indemnes de la experiencia. Nada hay de fácil ni lacrimógeno en el film y si el personaje emociona, es por la brillante actuación de Julianne Moore.
Junto a élla, en una aún más difícil personificación, se luce Alec Baldwin, como el amante esposo de Alice. No es un personaje fácil de sacar adelante, no tiene parlamentos importantes, no dice verdades ni mentiras, no es dueño de las grandes frases, pero su actuación es perfecta.
Y he dejado para el final a la más que brillante Kristen Stewart. Evolucionando a pasos agigantados de ser la protagonista de la saga para adolescentes "Crepúsculo", Stewart asume un más que difícil rol en la película, al ser la contracara de Alice, su hija rebelde e idealista Lydia. Esta joven actriz, a sus 24 años tiene en su haber dos personajes importantísimos: uno como contrafigura de nada menos que Juliette Binoche en "Las nubes de Sils Maria" y el segundo como Lydia, secundando la mejor actuación de la carrera de Julianne Moore en "Siempre Alice".
Como vemos, esta película está llena de emoción por dónde uno quiera buscar. Desde los autores y directores, hasta los actores. Esta fue la quinta vez que Julianne Moore era nominada para los premios Oscar sin haberlo conseguido anteriormente ("Boogie nights" de Paul Thomas Anderson, "El fin de un asunto amoroso" sobre la novela de Graham Greene de Neil Jordan, "Las horas" de Stephen Daldry, y "Lejos del paraíso" de Todd Haynes). Ya en el festival de Cannes 2014 había ganado la Palma de Oro por su actuación en "Mapa de las estrellas" de David Cronenberg.
Es una película imperdible. Debe ser vista, aunque más no sea para que los enfermos de Alzheimer sean visualizados. Nadie coloca moños en su nombre, pero es una enfermedad tan dolorosa o más que el mismo cáncer.
Clip
Ocho puntos sobre diez para esta excelente película.
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