Volver a ver "Los Unos y los Otros" es, casi, una experiencia religiosa.
A través de los años de la historia de la cinematografía, miles de realizadores han perseguido el objetivo de conseguir el espectáculo total. Los estadounidenses principalmente, han adobado sus películas con technicolor y pantalla gigante, cinemascope y cinerama, 3D y 360 grados. No lo han conseguido.
Es Claude Lelouch, en esta película de casi 3 horas de duración quien nos lleva al éxtasis del espectáculo total. Desde "Un hombre y una mujer" ese fue su objetivo, pero es en "Los Unos y los Otros" donde lo va a lograr sin lugar a dudas.
En estas tres horas de película, los personajes se devoran las escenas con muy pocos diálogos. La mayoría de las veces la imagen es tan elocuente que transmite por sí sola lo que está sucediendo. Y es por ese motivo que uno de los principales factores de éxito es que no hay cuestiones filosóficas que se discutan en el film, solo la vida y la guerra que arrasa a los seres humanos como si se tratara de los jinetes del apocalipsis.
Desde el vamos Lelouch plantea: "Solo hay dos o tres historias, en las vidas de los seres humanos y se repiten tan cruelmente, como si nunca hubieran sucedido. Willa Cather."
Para llevar adelante las historias de sus personajes en diferentes generaciones y diversas geografías, Lelouch reunió uno de los elencos más brillantes de todas las épocas. No voy a mencionarlos a todos, pero imposible olvidarse de la sensibilidad de Nicole Garcia, de la vitalidad de Geraldine Chaplin, de la sensatez de Daniel Olbrychski. De la emotividad convertida en arte en movimiento de Jorge Donn, que quedó inmortalizado para la eternidad. De Robert Hossein, de James Caan, de Rita Poelvoorde, de Macha Meril, de Evelyne Bouix.
Y de los grandes colaboradores de Claude Lelouch a la hora de concretar su maravilloso espectáculo, Michel Legrand y Francis Lai, autores de la hermosísima música que decora toda la película como un ingrediente más de satisfacción. Y, por supuesto, del señor Maurice Ravel, sin el que la película no hubiera sido posible. Tampoco olvidemos a Maurice Bejart, autor de la impresionante coreografía del "Bolero".
Y por si todo esto fuera poco, las historias son terriblemente emotivas. Imposible pasar por éllas sin que la tristeza y la melancolía no se apoderen de nuestros corazones.
Como dice uno de los personajes, el director de orquesta alemán Karl Kremer en la piel de Daniel Olbrychski, "Parecemos más felices que los jovenes de hoy porque nosotros conocimos la guerra y, comparado con la guerra, todo lo demás es bueno".
Una de las más hermosas escenas del cine, un poco el punto cumbre de la historia de Anne Meyer, quien abandonó a su bebé en las vías del tren cuando los llevaban rumbo al campo de concentración, es cuando su hijo adulto la encuentra en un asilo, perdida la memoria y perdida su esperanza. Nadie podrá ser el mismo después de haber visto esta escena, donde no hay una sola palabra, solo la cámara y nuestros corazones que completan los diálogos en silencio.
Robert encuentra a su madre y gran final.
Diez puntos para "Los Unos y los Otros", como ya dije, el más completo espectáculo en la historia de la cinematografía.
Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio
Mostrando entradas con la etiqueta 1981. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1981. Mostrar todas las entradas
domingo, 23 de junio de 2013
sábado, 26 de enero de 2013
El misterio de Oberwald (Michelangelo Antonioni, 1981)
Ponerme a hablar de Michelangelo Antonioni es una osadía desmesurada de mi parte.
Durante mucho tiempo su cine fue enigmático para mí, cuando no aburrido, hasta que con los años recibí el don de poder apreciar la magia de sus imagenes, y de percibir su cine tan cargado de emociones estéticas. Antonioni lo resuelve todo con imágenes. La trama está continuamente mostrando el devenir del ser humano en un tiempo que se va construyendo toma por toma y hasta hace parecer que el futuro de la película es desconocido para el director. Esto lo podemos apreciar en películas como "La noche", "El eclipse" y sobre todo en "La aventura".
Pero en "El misterio de Oberwald" Antonioni cambia de orientación.
Por de pronto el guión está basado en una obra de teatro, la conocidísima "El águila de dos cabezas" de Jean Cocteau, donde el dramaturgo crea un universo de fines de siglo XIX casi austro-húngaro, casi bávaro. La política se teje con los sentimientos y los avatares de los personajes están como en las tragedias griegas en manos del último que haya hecho un movimiento.
¿Qué tiene que ver ésto con el universo casi post-moderno de Antonioni?, acertaste, no tiene nada que ver.
Antonioni hace una puesta en escena magistral de "El águila de dos cabezas" con una bellísima pelirroja Monica Vitti en el papel de una reina madura de sentimientos, muy distinto de las jovenes dilettantes que acostumbra personificar para Antonioni y sale absolutamente airosa del desafío. Franco Braciaroli es su romántico anarquista y lo personifica con absoluta naturalidad. Todo el resto del elenco es excelente.
Pero, ¿cuál es la magia de "El misterio de Oberwald"?, no es ni Monica Vitti ni "El aguila de dos cabezas". La magia radica en la utilización del color y de la temperatura y textura del color.
Como si fuera un pintor pintando su lienzo, Antonioni se desborda en el teñido de las imagenes. Una escena absolutamente roja se vuelve verde por la luz que entra al abrir una ventana. Las imagenes parecen escapadas de cuadros impresionistas con colores absolutamente mágicos y texturas increíbles. Esto durante toda la película. Y además, Antonioni consigue que estos efectos no distraigan sino que complementen al drama. Como si fuera la música, nunca como en esta película el uso del color en niveles que escapan a lo humano, se vuelve de una intensidad tal que uno quisiera que esas escenas donde el color va rotando de verdes sobre saturados a colores patinados, de mágicas acuarelas a pesados púrpuras, no terminaran jamás.
Nunca en mi vida he visto una película de tan elevado nivel estético.
Sin embargo no se recuerda a Antonioni por "El misterio de Oberwald". Es interesante que el único premio que logró fue a los efectos especiales. Creo que con esta realización su arte se fue definitivamente más allá de lo que los críticos o los espectadores podían entender. Y, como también me sucedió, había que esperar 30 años para poder empezar a deleitarse con esta obra de arte.
No tengo cara para calificarla, pero si tuviera que hacerlo, tendría que asignarle más de 20 puntos sobre 10 por exceder en tal magnitud mis expectativas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

