Bienvenido a mi mundo

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gracias por la imagen a Germán Banchio

viernes, 19 de septiembre de 2014

Roma (Adolfo Aristarain, 2004)

El magnífico guión en el que se basa esta inolvidable película, fue hecho en cooperación entre Adolfo Aristarain y Miguel Camus.
La cooperación hispana-argentina va mucho más allá de la co-producción. Es una historia que comienza (o termina) en España, pero comienza en Argentina.
Joaquín (José Sacristán), un escritor de alrededor de 60 años, contrata a un ayudante, Manuel, (Juan Diego Botto) para pasar en limpio las páginas de la novela que está escribiendo.
La novela es una autobiografía, él dice que no, que está mucho más novelada de lo que fue su vida en realidad, pero entre las páginas de la novela van naciendo las escenas de la película.
Y quien primero aparece, tímidamente, casi como un personaje secundario, es la madre de Joaquín, Roma es el nombre de la madre, una excelente actuación de Susú Pecoraro. Pero es el padre de Joaco (Gustavo Garzón) quien se lleva toda la atención en el comienzo de sus memorias.
Pero el padre muere muy pronto, cuando Joaquín ni siquiera ha terminado la escuela primaria que cursa, como todo chico de clase media, en un colegio inglés, para aprender el idioma que le permitirá manejarse en la vida.
Ese es uno de los primeros guiños del guión de Aristarain, porque sabemos que Joaquín terminará sus días siendo un conocido escritor en lengua castellana.
Roma que es profesora de teoría, solfeo y piano, se arreglará como pueda para terminar de pagar el colegio privado al que va Joaco.
Allí se suspende la acción, porque el escritor no quiere escribir nada de su adolescencia, como terminantemente le dice a Manuel. Le cuenta que abandonó el colegio secundario en cuarto año y no consiguió un sólo trabajo decente. Daba clases de inglés y hacía traducciones, pero nada más.
La historia continúa buceando en los jugosos años 60 de la Argentina, cuando los jóvenes pensaban que podían cambiar el mundo, hasta que el mundo irrumpe violentamente en las universidades y colegios en forma de policías.
Y Roma, convencida de que su hijo va a destacar en algo, le compra un pasaje para que viaje a España y lo deja ir.
La historia prosigue. Pero en toda la película, el personaje de Joaco-Joaquín, Joaquín anciano, es un anti-héroe, que siempre vaciló y nunca llevó adelante gran cosa, salvo sus novelas. El cuenta a Manuel que ha tenido dos matrimonios fracasados y dos hijas a las que ni siquiera conoce.
La realización de esta película muestra a un director consumado, que sabe lo que quiere y cómo lo quiere mostrar. No hay ninguna escena que pueda sobrar, ni material de relleno. Pero por sobre todas las cosas, la película destila humanidad, de veras, sin apelar al drama exacerbado, ni prestar la cámara a la crueldad. La historia argentina de violencia es un trasfondo en la historia de Joaquín, pero que sin embargo no modifica al personaje, ni a su devenir.
El espectador atento, va a disfrutar serenamente de esta película, no porque suceda gran cosa, sino, simplemente, por la vida que se cuela a través de todas las escenas.
¿Para qué sirven los ríos?
Nueve puntos sobre diez para "Roma" de Aristarain.

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