Bienvenido a mi mundo

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gracias por la imagen a Germán Banchio

viernes, 7 de noviembre de 2014

La mirada del hijo o Madre e hijo (Pozitia Copilului) (Calin Peter Netzer, 2013)

El cine rumano se ha convertido en los últimos diez años el que películas de más alta calidad humanista produce. Evidentemente toda una generación de realizadores han tenido la oportunidad de poder expresarse libremente sin tener que contar historias de dictadura ni de la guerra ni de la pobreza como clichés.
Esta película es un caso típico de autopsia de las relaciones humanas.
¿Es una madre quien debe solucionar todos los problemas de sus hijos?, ¿qué papel les queda en sus vidas a los hijos?, ¿hasta qué edad deben los hijos seguir escuchando a sus padres?.
Por encima de la anécdota formal de un accidente de tránsito que causa la muerte de un chico de 14 años, la película gira alrededor de que Cornelia Keneres (una brillante interpretación de Luminita Gheorghiu), ha perdido contacto con su único hijo Barbu (Bogdan Dumitrache) y encuentra la ocasión de volver a recuperar su influencia sobre él por el accidente en el que Barbu ha atropellado a un chico, causándole la muerte.
Dónde empieza y termina el amor maternal y dónde la manipulación de una persona sobre otra.
En diálogos brillantes, Cornelia expone su dramática situación ante su cuñada Olga Cerchez (Natasa Raab), quien más tarde tendrá la lucidez suficiente para llevarla a la comisaría donde está detenido Barbu.
También los diálogos con su marido Rasa (Florin Zamfirescu), quien frente al desborde emocional de su mujer intenta traer la lógica y la cordura a la situación.
Y finalmente, la charla con su aborrecida nuera Carmen (Ilinca Goia), de la que sabemos por su charla con Olga que "ni siquiera mueve un dedo para levantar su plato de la mesa", donde le propone un pacto de cooperación y se entera de los problemas íntimos de la pareja.
La visita a la casa de los padres del chico muerto, donde apela a su veta dramática para intentar convencerlos que no lleven a juicio a su hijo.
Pero por sobre todas las cosas, a pesar del guión melodramático, la película no cae en ningún momento en el melodrama. No hay escenas que inviten a la angustia, ni al llanto, ni siquiera a la emoción.
La vivisección de los personajes es cordial, pero seca de humor o emotividades.
La entrevista con un testigo del accidente para intentar que cambie su declaración, es una obra maestra de manipulación política, certera y fallida al mismo tiempo.
Las casi dos horas de duración pasan inadvertidas por el gentil uso que el director hace de las cámaras y de los ambientes. La fotografía es impecable y también el uso de canciones populares para ilustrar momentos de escasa tensión.
 Trailer
El Oso de Oro del festival de Berlín 2013 le fue otorgado al director con toda justicia. Yo no tengo premios que otorgar, pero si mi calificación significa algo para el espectador, se lleva los diez puntos sobre diez con toda justicia.

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